“NO SOPORTAN NUESTRA FAMA”
Quién no recuerda aquél tropi hit que, allá por 1998, puso a cantar a casi todo sobre el corazón roto de un amor homosexual trash? El nombre del grupo era (es) los Sultanes, y el tema en cuestión era (es) Decile que lo quiero, pero se hizo más que famoso por su primer verso: “Estoy saliendo con un chabón”. Sin embargo, para cuando “la pegaron” no eran nuevos en las arenas del pop tropical. Luego de dedicarse durante años al rock, llegó un momento en que tuvieron un click. Según lo explica la mitad del cerebro de los Sultanes, el tecladista Marcelo “Fantasma” López (la otra es el cantante, Jorge “el Topo” Kazmer), “nos hartamos de toda esa imagen del rock, que en un momento llega a ser una carga: todos serios, mirándose con caras de malos… Llegó un día en que nos dimos cuenta de que nos aburríamos en la sala de ensayo, y nosotros lo que queríamos era divertirnos así que, primero en joda y luego más en serio, nos fuimos metiendo en esto”. Las cosas se fueron poniendo más y más serias (aunque en este caso tal vez sería más apropiada la expresión “profesional”), y en el 92 debutaron con Los Sultanes del amor, al que siguió la edición en el 95 de Habilitámelo. En el 98 llegaría Zona roja, y con él la fama de la mano de Tinelli y el amor “prohibido”. Esa fama los llevó a recorrer Latinoamérica y la plazas más hispanizadas de los Estados Unidos. Luego vendrían Son o se hacen (1999) y Vuelta y vuelta (2001). Al terminar su contrato, cambiaron de sello y ahora sale Sultanes.com.
Tras el éxito que han tenido en el exterior, ¿les provoca algún resentimiento la falta de reconocimiento local?
Kazmer: En general, no, pero tengo que reconocer que a veces me caliento. Lo que pasa es que en este país hay muchos que no soportan nuestra fama, no se bancan el hecho de que a otro le vaya bien. Si hasta al mismo Rodrigo lo quisieron voltear cuando le empezó a ir bien…
López: Es increíble, pero aunque hace más diez años que estamos tocando, todavía tenemos que pagar derecho de piso.
Ustedes se hicieron famosos con un tema sobre un amor homosexual, ¿los llaman para tocar en boliches gay?
Kazmer: (Se ríe) Y sí, claro. De hecho, en Miami nos contrataron para tocar en una fiesta gay enorme, y éramos como “el” número de la noche.
Por venir del rock pero tocar cumbia, ¿se sienten un poco afuera de las dos movidas?
López: Siempre va a haber gente mala que habla, pero en general no nos preocupa.
Kazmer: Lo que pasa es que nosotros sabemos bien a qué nos dedicamos: lo nuestro es la música de joda. Nada de baladas, nada de rock. En los casamientos, en los cumpleaños, cuando nos ponen a nosotros es cuando realmente empieza la fiesta. Ese es el lugar que ocupamos.
Estas sinceras declaraciones se comprueban empíricamente a la hora del “carnaval carioca” de cualquier casamiento: lo que hacen los Sultanes es, con seguridad, “música de joda”.
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