Nos los representantes
Lo dicen al costado de Los Andes. Lo cuentan por Zapala. Se jactan en Chos Malal. La Constitución neuquina, que data de 1958, es un ejemplo entre sus análogas de otras provincias, donde se contemplan derechos que hoy se ven avasallados por el gobierno de un alumno avanzado de la escuela menemista: Jorge Sobisch.
La Constitución de la provincia de Neuquén comenzó a nacer cuando esta parte del mapa apenas era un territorio nacional. Para escribirla fueron convocados representantes de todos los pueblos y entre ellos había docentes, pedagogos, dirigentes gremiales, todos probos y con una visión de vanguardia capaz de pensar en un futuro donde se contemplara cuestiones a saber.
El 30% del presupuesto dedicado a la salud, una escuela en zonas rurales donde al menos hubiera 15 chicos alrededor, la prohibición de vender los recursos naturales, el otorgamiento de la tierra por “arraigo”, aún ante la carencia de títulos y un sinfín de medidas que hubieran despertado la envidia de los más encendidos progresistas.
Sólo que pocos de esos artículos se cumplen hoy en día y por eso, para legitimar lo que la ley prohíbe, el gobernador, que luce abrazado con Macri en todos los afiches de las principales ciudades, quiere modificar 258 de los 313 artículos de la Carta Magna provincial. Por eso en Neuquén se habla más de las elecciones a constitucionales que de las nacionales. Y se sufre más, claro.
Aquí, el 53% de los habitantes vive debajo de la línea de la pobreza. Justo aquí, donde se he empeñado la explotación del petróleo por 27 años (se cree que en el mundo entero sólo hay petróleo por 36 años). Aquí, ingresa por la venta de crudo una cifra cercana a los 70 dólares, mucho más que los 9 dólares que ingresaban en el ’95, pero sin embargo la miseria creció enormemente.
Aquí, donde el presupuesto supera al de la provincia de Mendoza, siendo que vive un tercio de los habitantes que tiene la vecina, los planes sociales son la paga más común, el desempleo un tema cotidiano y la seguridad una cuestión de agenda para los aliados de Menem que de movimientistas y populares tienen poco y, de neuquinos, apenas los dólares que se llevan afuera.
Es Neuquén una de las provincias más dotadas de la Argentina. Su sangre es de petróleo, sus lágrimas de nieve y su físico de exuberante belleza. Pero la naturaleza –sabia- sabe compensar. Tanto le ha dado a los neuquinos que, para que no se le enojen las otras provincias, menos beneficiadas, le ha dado a Sobisch y su vallet. Ley de las compensaciones que le llaman.
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