NUEVA CRISIS EN EL PT, MIENTRAS CAE LA POPULARIDAD DE LULA
Por primera vez desde su triunfo arrasador en las elecciones de 2002, una encuesta brasileña da cuenta de la derrota que podría sufrir Lula da Silva en 2006. Si el presidente decidiera ser nuevamente candidato, le puede costar una humillación. Otro político: el intendente paulista José Serra le ganaría ya en la primera vuelta, por una diferencia de 45 a 35 por ciento.
En medio de semejante desbarranco el titular del Partido de los Trabajadores, Tarso Genro, anunció ayer por la mañana que quería renunciar a la jefatura de la agrupación. Preanunció así una crisis sin precedentes en el partido oficialista que pone en tensión el tablero político y económico brasileño.
El índice de desaprobación es alarmante: 55%. Supera ampliamente al nivel de aprobación de 45%. Representa una caída de 10 puntos con relación a la encuesta realizada a principios de junio por Ibope. Esto tiene una única interpretación: los escándalos de sobornos y financiamiento ilegal de campaña ya hicieron su trabajo de erosión en la imagen presidencial que hasta junio último parecía ubicarse en el Olimpo.
Lula mostró que pierde a manos de la clase media brasileña: lo rechazan muy fuertemente en el sur del país, la región de mayor desarrollo nacional. Pero también cosecha mala fama entre las mujeres y entre las personas de mayor nivel educativo.
Sin embargo, hay un detalle que no se le escapa ni a propios ni a ajenos: si las elecciones fueran hoy, Lula gana todavía frente a otros adversarios que no son Serra.
Están entre esos candidatos perdidosos el actual gobernador del estado de San Pablo, Geraldo Alkmin, y el ex gobernador de Río de Janeiro Anthony Garotinho. El piné de estos hombres no le da aún para enterrar la popularidad de Lula da Silva.
La razón de Genro era clara para dudar sobre su continuidad al frente del partido: si no hay renovación completa de la organización partidaria, su presencia al frente del PT carece de sentido.
Pero el dirigente, que fue ministro de Educación de Lula hasta el 27 de julio último, prefirió atemperar su postura después de una reunión que mantuvo con el presidente: a la prensa le dijo que todavía no está seguro de dejar el barco.
Las vacilaciones de Tarso tienen dos vertientes. Una es su opinión de que Lula perdió pie para conseguir la reelección, tal como adelantó ayer Clarín. La otra es la guerra desatada dentro de la organización entre quienes pretenden mostrar una “cara nueva” y los de la vieja guardia que aspiran a mantener su control sobre la agrupación.
Esa batalla tiene dos contendientes: Genro y José Dirceu, el ex número uno del gobierno de Lula que hoy se ve reducido a su condición de simple diputado nacional, que además puede perder su mandato por causa del juicio político que le entabló el Congreso.
Para Genro, Dirceu, el ex “monje negro” del gobierno de Lula debe salir de la dirección partidaria ya que se lo identifica con un amplio esquema de corrupción destinado a comprar la fidelidad de parlamentarios aliados y a subvencionar las campañas electorales del PT.
Dirceu, a su vez, ve detrás de las amenazas de Genro una “operación abandono” comandada por este dirigente, pero con la mano del presidente Lula da Silva por detrás.
Dirceu no quiere ser “chivo expiatorio” de una situación en la que -según dice- no estuvo solo: el mecanismo de subvención para las campañas electorales de compañeros y amigos fueron aceptadas en forma general por todo el partido. Es por esa razón que no irá a dejar la conducción partidaria, a menos que lo echen.
Esto fue lo que dijo el ex hombre fuerte a dos importantes allegados a Lula da Silva: el asesor internacional del presidente, Marco Aurelio García, y el jefe del bloque oficialista en el Senador, Aloisio Mercadante. “Yo no soy el gran problema del PT, como pretenden pintar. No puedo aceptar eso”, repitió Dirceu una y otra vez.
Este fenómeno de “despedazamiento” dentro del Partido de los Trabajadores, como consecuencia de la gigantesca crisis política, solo puede tener dos consecuencias: una, la destrucción partidaria; otra, la derrota de Lula que arrastre a todo el proyecto político de la izquierda democrática en Brasil.
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