NUEVA YORK, AL BORDE DE UNA MASIVA HUELGA DE TRANSPORTES
Los neoyorquinos cuentan las horas y temen lo peor. Es que “la Gran Manzana” podría padecer hoy su primera huelga de subterráneo y autobuses en más de 25 años, un paro que detendría un sistema empleado por unas siete millones de personas al día. Anoche, al cierre de esta edición, las negociaciones continuaban aunque pocos confiaban en el éxito de las tratativas.
Los más pesimistas presagiaban momentos de pesadilla, con ciclistas circulando entre interminables embotellamientos de tránsito; multitud de viajeros cruzando el puente de Brooklyn con zapatos deportivos bajo un clima helado; turistas varados durante los días más importantes de la temporada navideña, y teatros de Broadway medio vacíos.
Anoche, la Autoridad Metropolitana de Transporte (MTA) continuaba enfrascada en negociaciones con el Sindicato de Trabajadores del Transporte, con el fin de elaborar un nuevo contrato para más de 33.000 integrantes, ante el inminente vencimiento del anterior. En declaraciones a The New York Times, el máximo representante de la MTA, Gary Dellaverson, se mostró descontento ayer mientras el presidente de la compañía, Peter Kalikow, reclamó recurrir a “un árbitro imparcial”.
“No estamos en buen lugar”, dijo Dellaverson, “debería haber más progresos, no puedo aparecer aquí y decir que me siento cómodo con el punto en que se encuentran las negociaciones”. Los trabajadores quieren que su salario aumente un 8% cada año en los próximos 24 meses esgrimiendo el superávit de US$ 1.000 millones que presenta la compañía, mientras que ésta ofrece una mejora de 5% en 27 meses. Y tras los atentados en el sistema de tránsito de Madrid y Londres, también desean recibir más entrenamiento contra ataques terroristas.
El alcalde Michael Bloomberg advirtió que una huelga sería devastadora. La actividad en las tiendas de la Quinta Avenida y tiendas departamentales como Macy’s y Bloomingdale’s —destinos importantes para los que visitan la ciudad— se vería interrumpida, ante la imposibilidad de los empleados para acudir a su trabajo. Por la misma razón, un paro también interferiría con acuerdos multimillonarios en la capital financiera de la nación.
Ante la eventualidad de una huelga, la ciudad ya ha anunciado un plan que podría verse afectado por el mal tiempo, con nieve, lluvia y temperaturas en torno a los 0 grados centígrados previstas para hoy. Para evitar un colapso circulatorio en Manhattan, sólo los coches con cuatro o más ocupantes serán autorizados a ingresar en un cierto perímetro de la isla entre las cinco y las 11 de la mañana. Durante las horas pico, todos los carriles de los puentes de Williamsburg y Manhattan y varios túneles de la ciudad serán para salir de Manhattan. Asimismo, los taxis tendrán permitido recoger a más de un pasajero si van en la misma dirección.
“La ciudad está preparada para el peor escenario”, manifestó el alcal de. El jefe de la Policía de la ciudad, Raymond Kelly, dijo ayer que se revocarán todos los permisos. Además de US$ 10 millones en extras policiales, la ciudad calcula que el paro podría costar otros US$ 12 millones diarios por impuestos no recaudados, más US$ 400 millones en negocios perdidos sólo el primer día teniendo en cuenta que los comercios están en plena temporada navideña.
La última vez que Nueva York vivió una huelga de transportes fue en 1980. El paro duró 11 días, costó a los sectores privado y público de la ciudad alrededor de US$ 1.000 millones y llevó Ed Koch, alcalde en aquel momento, a comparar el caos creado con el que vivió Londres durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.
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