Nueva York le despejó el horizonte a Hillary y Trump deberá pelear
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Se encamina a ser la primera mujer en ser candidata a la presidencia. Al magnate le espera una dura convención.
Pocas veces se la vio con una sonrisa tan ancha en esta campaña. Pero, antenoche, después de su aplastante victoria en Nueva York, Hillary Clinton dejó ver toda su alegría y se mostró más confiada que nunca.
“La carrera por la candidatura demócrata está en la recta final y la victoria está a la vista”, festejó ante sus seguidores.
Nueva York despejó el horizonte. La primaria presidencial del Empire State, que este año, un año electoral atípico, tuvo una relevancia mucho más grande que en ocasiones anteriores, le dio un empujón decisivo a Hillary. Y le dio también un espaldarazo a Trump, aunque en ese caso la historia es otra: difícilmente el magnate inmobiliario logre llegar a la convención partidaria con los 1237 delegados que necesita para reclamar la nominación.
Hillary se encamina a ser la primera mujer en ser nominada para la presidencia en la historia de Estados Unidos; Trump, a la primera convención republicana abierta en décadas.
Los números no cierran para Bernie Sanders, el senador socialista de Vermont, que le dio vida a un movimiento progresista con su llamado a una “revolución política”. Sanders había llegado a Nueva York con la esperanza de arrebatarle el triunfo a Hillary en su hogar político, montado en una racha de victorias -ganó ocho de las últimas nueve citas- y un alza en las encuestas.
Pero Hillary logró construir una sólida coalición que apareció en Nueva York: ganó el voto femenino, el voto afroamericano y el voto latino, y se impuso en todos los niveles de ingresos, según las encuestas a boca de urna. Sanders sufrió por la poca presencia de independientes, por su falta de experiencia y por su baja elegibilidad en la elección general de noviembre.
“Sanders no tiene ningún camino para llegar a los delegados que necesita. Para ganar la nominación hay que ganar delegados, no construir movimientos sociales”, explicó a La Nacikón Hank Sheinkopf, un estratega demócrata de la ciudad.
Hillary tiene ahora 1446 delegados, contra 1200 de Sanders. Estiró su ventaja y, además, sumó más “superdelegados”: tiene 502, contra 38 del senador.
Además de la victoria política y matemática, Hillary logró una victoria estratégica: probó que puede ganar en todos lados. Se preocupó por remarcarlo en su discurso. Ha ganado en el sur, en las dos costas y en el centro del país. Ganó además estados clave, como Ohio, Florida, Virginia y Texas. Y todo indica que triunfará de nuevo en Pensilvania y California, los dos últimos estados grandes que quedan.
Para Hillary sólo parece ser una cuestión de tiempo.
Para Trump, el panorama es mucho más complejo.
El magnate inmobiliario aplicó una inusual estrategia en Nueva York: mantuvo un perfil bajo y se alejó lo más que pudo de la ciudad, a sabiendas de que el paladar neoyorquino no lo digiere con facilidad. Ganó, y ganó por una fuerte diferencia. Logró algo que no es menor: es el único candidato republicano capaz de llegar a los 1237 delegados necesarios para quedarse con la candidatura.
Pero un dato marca la dificultad para alcanzar esa meta: necesita ganar cerca del 63% de los delegados que quedan, una cifra mayor que la que necesita Bernie Sanders. Todo dicho.
Mala imagen
Ante este escenario, todo indica que la convención republicana elegirá al candidato del partido en más de una ronda de votación. Será una “convención abierta”, la primera desde 1976, en la cual chocaron Gerald Ford y Ronald Reagan.
Más allá del distinto escenario que encontrarán en sus respectivas convenciones partidarias, Hillary y Trump tienen un problema en común. Ambos son los dos políticos con peor imagen de la campaña, y en el escenario donde se enfrenten en la elección general de noviembre deberán hacer esfuerzos para unir a sus partidos.
Clinton perdió en Nueva York, otra vez, entre los votantes jóvenes, seducidos por el mensaje idealista y las propuestas más radicales de Sanders.
Trump aún no logra convencer al establishment republicano, espantado con la idea de que sea su candidato presidencial, con el riesgo de perder el Senado a manos de los demócratas, y con resignar también escaños en la Cámara de Representantes, que recuperaron en 2010.
Trump-Powell, ¿la fórmula?
El editor norteamericano Steve Forbes deslizó ayer la posibilidad de que el magnate inmobiliario Donald Trump pueda llegar a elegir a Colin Powell, general retirado y secretario de Estado durante la primera presidencia de George W. Bush, como candidato republicano a la vicepresidencia.
El perfil moderado de Powell podría ser un contrapeso para Trump, que desde que lanzó su campaña se ha caracterizado por comentarios dirigidos a inmigrantes o musulmanes que han generado un amplio rechazo en Estados Unidos. El militar retirado fue secretario de Estado entre 2001 y 2005 y en 1995 había buscado la candidatura presidencial republicana.
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