NUEVE POLICÍAS A JUICIO: PAGABAN PARA CONSEGUIR MÁS DETENIDOS
Capitalistas de juego, policías y falsos quinieleros. El triángulo hacía que el “negocio” funcionara a la perfección. ¿Cuál era ese negocio?: Para no detener a los verdaderos responsables del juego clandestino, la Policía de La Matanza mandaba presa a personas “inocentes” que aceptaban cargar con la culpa y pasar unos días presos, a cambio de unos 100 pesos por arresto. Ese dinero salía de los bolsillos de un verdadero capitalista con el objetivo de que la Policía no lo persiguiera y él tuviera una “zona liberada” para levantar apuestas. El pago se hacía en las mismas comisarías, según confesó uno de los implicados.
Por este delito, un fiscal de La Matanza elevó a juicio oral la causa en la que están procesados nueve policías bonaerenses (un comisario y ocho suboficiales), dos hombres —cuñados entre si— que simulaban ser los falsos quinieleros; la hija de uno de ellos y un capitalista.
Los policías pertenecen a las comisarías de Villa Luzuriaga y Don Bosco. Cuatro pasaron a disponibilidad: los otros están en actividad, pero fueron trasladados a otras dependencias de las conocidas como “de castigo”.
La maniobra comenzó a ser in vestigada hace un par de años por Sergio Gago, un juez contravencional de La Matanza. El “negocio” funcionó como algo cotidiano desde 1999 hasta bien entrado 2002. Al fiscal le llamó la atención que siempre una misma persona cayera presa por manejar el juego clandestino en este distrito superpoblado, al oeste del Gran Buenos Aires. Hasta que un día llamó a declarar a uno de esos implicados quien le confesó que varias veces había cobrado $ 100 para hacerse pasar por un detenido. Como era una contravención, el hombre pasaba entre dos y cinco días preso y luego lo liberaban. En la jerga, al falso detenido, lo llaman “Palo Blanco”.
Como la contravención había pasado las fronteras y se convirtió en delito (incumplimiento de los deberes de funcionario y falso testimonio, entre otros), el fiscal de La Matanza, Mario Daniel Massa, fue quien siguió la investigación, desde marzo de 2004 hasta setiembre de este año.
Llamados anónimos a la fiscalía explicando el mecanismo y una infinidad de seguimientos de las comunicaciones (sobre todo desde las dos comisarías a las casas de los simuladores) le permitieron durante meses reunir las pruebas y acusar a cada sospechoso en, al menos, 30 hechos.
En el expediente, al que tuvo acceso Clarín, Massa descubrió además que uno de los “Palo Blanco”, un hombre dedicado a la construcción, logró con el tiempo hasta perfeccionar su negocio. En realidad, descubrió que podía ser beneficiado por la ley de juego, que autorizaba a un arresto domiciliario en caso de tener más de 60 años. Entonces presentó un DNI falso en el que se hacía pasar por un hombre de más edad —cuando en realidad tenía muchas menos— y así las últimas veces, en vez de ir preso, cumplía la supuesta pena en su casa. Incluso fue él, el que le ofreció ganar dinero —según la declaración de una sobrina— a su cuñado para simular el arresto.
Además, esas falsas detenciones le permitían a los policías fabricar sumarios de contravenciones y “cumplir” con las buenas estadísticas de persecución a los líderes del juego clandestino. Esos números se pasan periódicamente a la Jefatura.
“Por la magnitud de los delitos”, el fiscal había pedido la detención de los procesados pero el juez de Garantías, Raúl Alí, se lo negó: Por eso los procesados llegarán al juicio oral en libertad. Uno de los pocos que habló ante el fiscal fue el comisario. Su abogado, Hugo López Carribero, dijo a Clarín que el comisario “es inocente y declaró que estaba totalmente ajeno a toda esa maniobra que supuestamente se hacía dentro de su comisaría”.
Según el abogado, el comisario se defendió: “Tengo más de 20 años de carrera en la Policía; no voy a tirar por la borda todo este trabajo por un tema de juego clandestino”. Por ahora, ese comisario sigue en funciones en otra comisaria aunque ya no ocupa el mismo cargo que tenía.
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