NUEVO TESTIMONIO DEL TERROR
Por orden del juez federal Omar Digerónimo se realizó ayer una nueva inspección judicial en el marco de los juicios por la verdad histórica en dos casaquintas de Funes que habrían funcionado como centros clandestinos de detención durante la última dictadura militar. Como resultado de la medida, uno de los cinco testigos que participaron –en este caso una mujer–, reconoció de forma positiva el sitio denominado El Castillo o El Fortín. Se trata del mismo lugar que el canciller Rafael Bielsa identificó en diciembre pasado como la casa en la que estuvo privado de su libertad y donde fue torturado para la misma época, entre mayo y junio de 1977. En tanto, las otras víctimas de la represión ilegal no identificaron este centro ni tampoco la finca denominada La Española –en donde se cree que funcionó otro “chupadero”– pero por los detalles que brindaron a la Justicia no se descarta la posibilidad –ya expresada en su momento por los organismos de derechos humanos– de que hayan existido otros centros de detención en la zona.
El Castillo o El Fortín se encuentra en el camino de tierra a Ibarlucea, a unos 2 kilómetros del centro de Funes y cerca de la cabecera de pista del aeropuerto de Fisherton. Allí, una mujer reconoció ayer que estuvo detenida para la misma época que el canciller Bielsa.
Este centro de detención y tortura no figuraba en las causas judiciales y recién se descubrió en noviembre pasado, a través de la denuncia realizada por el Equipo Jurídico de Derechos Humanos. Así, se sumó a la tristemente célebre Quinta de Funes, ubicada en diagonal Santa Fe y ruta 9.
En tanto, otro de los posibles centros de detención llamado La Española, una casa quinta con un chalet de dos plantas ubicada en plena zona residencial, también fue visitado por los testigos “pero el resultado fue negativo”, indicaron desde los organismos de derechos humanos, aunque destacaron que esto no significa que no haya funcionado allí otro de los “chupaderos”.
Uno de los testigos, Carlos Novillo, supone que “debe haber sido otra casa de similares características y dentro de la misma zona de Funes”.
La recolección de testimonios en la causa judicial por la verdad histórica incluyó hasta ahora las narraciones del ex diputado de la Juventud Peronista Jaime Dri, el único sobreviviente de la Quinta –tras un largo periplo logró escapar al Paraguay– y el reconocimiento de El Castillo por parte de Bielsa. En tanto, los organismos de derechos humanos creen que estas medidas judiciales promueven que surjan nuevos testimonios de personas “que por miedo, tristeza o dolor hasta ahora no se habían animado a declarar”.
“Lo que hicieron fue con la saña propia del genocidio nazi”
El 28 de febrero de 1977 Carlos Novillo fue secuestrado en un operativo de fuerzas de seguridad, en el pasaje Nelson casi Avellaneda, junto a sus dos hermanos, uno de los cuales se encuentra desaparecido. Después de muchos años de silencio y tristeza se decidió a testimoniar. “Lo hice por la memoria de mi hermano Jorge y de mis padres, que murieron de dolor”, dijo el hombre.
“Después de muchos años decidí con mi otro hermano testimoniar por la memoria de Jorge, que era un militante social y que si hubiera incurrido en algún delito tendría que haber sido juzgado; no lo que hicieron con ese ensañamiento propio del genocidio nazi”, reflexionó.
“A partir de la muerte de mi madre todo quedó en el aire, pero yo quedé con un shock traumático. Desde el año pasado empecé a canalizarlo con la gente de los organismos de derechos humanos, con terapia incluida. Y aunque tengo mucho dolor, siento que estoy reivindicando la historia de una familia que despedazaron y de una generación que se interesaba por el semejante y luchaba contra la pobreza y por la dignidad”, dijo Carlos.
“Fue por la tarde, alrededor de las dos, cuando le ayudábamos a hacer la mudanza a Jorge Horacio, que por ese entonces militaba en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y tenía 24 años. Habíamos venido desde Venado Tuerto, de donde somos oriundos, porque Jorge se iba ir a vivir a Venado”, relató .
“Nos llevaron en dos vehículos, en un operativo de fuerzas conjuntas de la policía y el Ejército. Nos vendaron los ojos y dijeron que nos iban a llevar chupados”.
“Al principio –contó Carlos– llevaban las sirenas encendidas y después las apagaron. Eran varios autos que tomaron por una ruta y luego, por un camino de tierra. Dieron varias vueltas, supongo que para despistarnos, pero pude advertir que pasamos una vía e ingresamos en un quinta y nos metieron en una casa. Allí había otra gente maniatada y en silencio”. El recuerdo estremecedor de Carlos continúa: “Había mucho movimiento y en una oportunidad nos abrieron una puerta para que escuchemos como torturaban a Jorge. Otra noche oímos otra tortura, creo que era un estudiante”.
“A alguien a quien llamaban comandante de acá, comandante de allá, le pregunté que iban a hacer con nosotros y me dijo: «Tus padres pueden estar contentos, de tres le vamos a devolver dos»”.
“Estuvimos ahí entre 13 y 15 días. Nos liberaron en un puente en construcción de Circunvalación. Mi padre murió al año de un infarto. Se cansaron de sacarle plata con datos falsos sobre el paradero de mi hermano, y mi madre siguió en la lucha durante nueve años, mandó cartas a (Eduardo) Massera, a (Jorge) Videla y al nuncio apostólico. Creo que murió de angustia y de dolor”, contó Novillo.
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