NUNCA ES TRISTE LA VERDAD
Un trabajo realizado por un equipo de especialistas del Museo de la Memoria de Rosario revela la utilización del cementerio La Piedad, como lugar de sepultura de militantes políticos desaparecidos durante la última dictadura. El estudio analizó más de 700 tumbas, y es el primer avance serio en este sentido, llegando a demostrar con cifras el incremento de víctimas clasificadas como NN entre los años 76 y 78: sólo en estos tres años hubo 90 muertes violentas de personas desconocidas para el registro. También descorre el velo sobre algunos testimonios de quienes fueron los sepultureros. “El objetivo de este trabajo es poder tener establecido el recorrido de los detenidos, desde que fueron apresados hasta el sitio donde estuvieron enterrados. Esto, vale aclarar, sin tener la posibilidad de poder hallar sus restos, porque en estos casos fueron trasladados al osario. Lo que buscamos es certificar cuál ha sido su último destino, para poder ofrecer a las familias que así lo deseen poder concretar el ritual que tiene la muerte en nuestra cultura. Y le podremos dar a las familias que lo requieran estos datos, esta posibilidad de saber”, explicó Marcela Valdata antropóloga y directora de investigaciones del Museo de la Memoria.
El grupo está formado por voluntarios entre los que se cuentan Natalia Urquiza, Jorgelina Almeida, Laura Rodríguez Costello y Sandra Cachenot y trabajó en el relevamiento de todos los registros de NN del cementerio La Piedad. También se hizo un segundo relevamiento de todos los que están con nombre y apellido y cuya muerte es considerada violenta.
El estudio está concluido sólo en lo que tiene que ver con NN y tiene datos finales con períodos de ingresos muy altos. “Respecto de los resultados -dice Valdata- se visualiza un alto número de ingreso en 1975 con un promedio de edad de 50 años y que si bien no es un período analizado en profundidad en esta investigación, es factible reconocer el accionar de la Triple A como el preludio de la persecución y muerte que se profundizó con la dictadura”. En 1975 hubo 49 NN, 18 de los cuales tuvieron una muerte violenta y 31 alguna enfermedad. “Sin embargo, hemos encontrado casos que no se ajustan a la realidad con lo cual la cifra puede cambiar. Encontramos casos de asesinatos registrados como muertos por una enfermedad”. En tanto, el promedio de edad de los NN en el año 75 era de 50 años con lo cual la especulación acerca del perfil de los mismos parece descubrirse en la militancia sindical, tal como especula Valdata.
De igual manera el incremento en números de NN, el promedio de edad y las causales de muerte en el período 1976‑1978, marca el mayor accionar de las fuerzas, datos coincidentes con las fechas de desapariciones de personas que cuenta el museo.
En cuanto al año 1976 el promedio de edad baja drásticamnte a 30 años, y el número de NN de acuerdo a los registros de La Piedad es de 49, 31 de los cuales tuvieron una muerte violenta y 18 sufrieron alguna enfermedad.
En 1977 la edad promedio de los casos NN disminuyó aún más: es de 25 años, y el número de casos asciende: 65 personas no fueron identificadas al momento del deceso, 43 de ellas tuvieron una muerte violenta y 22 sufrieron enfermedades.
Finalmente, en el año del Mundial de fútbol 1978, hubo 29 casos de muertos NN 16 con muerte violenta y 13 enfermedad, mientras el promedio de edad era de 30 años.
Estos datos fueron entrecruzados con artículos periodísticos de la época que daban cuenta de “enfrentamientos” o “atentados”, con información de la Causa Feced. “Este entrecruzamiento de datos nos habilita a pensar en tumbas ciertas”, dice Valdata con la prudencia del caso ya que los familiares de quienes podrían haber estado allí enterrados aún no tienen la información del caso.
Esto es debido a que los solares 74 y 75 fueron reutilizados en estas tres décadas y estos restos fueron pasados al osario del mismo cementerio. “Cada solar tiene 360 tumbas, y hay tres solares que fueron los más significativos, el 58, el 74 y el 75 sobre los cuales hemos determinados aquellos que están por muerte violenta y por enfermedad.
Después entrecruzamos los datos para intentar dar con quienes podrían haber sido estos desaparecidos que tenemos en nuestras listas y que pudieron haber estado allí enterrados”.
La antropóloga reseña entonces una historia que se conoció por los mismos empleados del cementerio. “Nos dijeron que había un convenio con la facultad de Medicina por el cual los restos óseos podían pasar a ser utilizados por los estudiantes de la cátedra de Anatomía Patológica, pero no pudimos confirmar con el Digesto Municipal aún la existencia de este convenio entre el municipio y la facultad”.
La investigación sobre tumbas NN disparó la pesquisa hacia otro lado: la de aquellas personas que hacían la denuncia de muerte de estos NN. En su mayoría era personal del Servicio de Informaciones, ya que dejaban sentada en el documento la dirección, Santa Fe 1950. Esto era cumplimentar el primer paso legal. “También con estos datos podremos establecer un registro de los médicos intervinientes que firmaban los certificados de defunción”.
La importancia de estos datos reside en que abre la puertas para otra investigación donde poder establecer nombres de personas que aún no se tiene como involucrados en la represión.
Pero el proyecto tiene un fin claro que es lograr el armado de una carpeta personal de cada desaparecido‑asesinado que contenga su historia. Su recorrido por la vida ‑nacimiento, escolarización, vida social, militancia, desaparición y muerte‑ fotos, recuerdos personales o familiares, que le otorga un estatuto de presencia en la historia regional, intentando rearmar con ellas el tejido social aniquilado por la dictadura.
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