"NUNCA INTERFIRIÓ EN MI TRABAJO"
“Era un hombre muy capaz, muy serio. Nunca interfirió en mis tareas. Me decía ‘Yo no quiero saber qué está investigando, cuando tenga resultados, avíseme, por si la prensa me consulta'”.
“Había veces – cuenta Perazzo – que llegaba y no saludaba a nadie, era muy reservado. Yo lo veía en situaciones muy puntuales, para reuniones o para informarle sobre alguna investigación. Me alentó a invertir en capacitación del personal de cómputos. ‘Si puede invertir en cómputos, hágalo, yo la apoyo’, me dijo. En otra oportunidad nos enseño la importancia que tenían las encuestas que la Dirección (de Asuntos Internos) realiza cada sesis meses para conocer qué piensa la sociedad de la Policía. Alvarez modificó algunas cosas del cuestionario, alentó al personal de cómputos para que se capacite”.
“Recuerdo una vez, vinieron a la subsecretaria docentes de una escuela de la ciudad que tenía graves problemas con la inseguridad. Alvarez los recibió y les enseño cómo debían comportarse en situaciones extremas de inseguridad. Era así. Podía ser muy cordial y a la vez cerrado”. dice Perazzo.
Del mismo modo, la jefa de Asuntos Internos recordó que en una oportunidad lo vió casi al borde del llanto cuando observó el resultado de un operativo que había dejado como saldo un policía muerto.
“Creo que no era tan duro como los periodistas lo veian. Una vez entró a mi despacho y me dijo ‘le traigo un regalo’. Yo creía que me traía un problemón. Efectivamente era un presente. El libro Elogio de la Locura, de Erasmo. ¡Qué actualidad tiene!!. Le digo más, es un libro que tengo en la cartera, lo llevo a todas partes”, dijo la entrevistada.
“Nunca más lo ví, después que renunció. Me dijeron que estaba en Buenos Aires. La última vez que lo ví fue cuando vino a despedirse del personal de la subsecretaria de Seguridad”.
Fue en diciembre del año pasado.
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