NUTRIDA CONCURRENCIA AL ACTO POR EL TERCER ANIVERSARIO DE LA INUNDACIÓN
Ayer por la tarde, minutos antes de las 19 comenzó en la Plaza 25 de Mayo el acto que recordó el tercer aniversario de la peor tragedia que sufrió la ciudad de Santa Fe en toda su historia.
Con una masiva concurrencia se dio inicio al acto en memoria del 29 de abril de 2003, día en que las aguas del río Salado ingresaban a la ciudad, tapando un tercio de la misma. Dejando 23 muertos según las cifras oficiales y más de 130 según un minucioso informe elaborado por la Casa de Derechos Humanos.
Organizaciones intermedias, partidos políticos y diversas instituciones se dieron cita en la Plaza 25 de Mayo. La convocatoria tuvo una contundente respuesta, se desarrolló con tranquilidad y no se registraron incidentes de ningún tipo.
Entre las primeras personas en llegar a la plaza- alrededor de las 17 horas- ya se podía sentir en el ambiente una sensación de malestar y decepción, relacionado con el fallo del Juez Patrizi, conocido en los últimos días, en el que el magistrado aseguró que “no existen elementos suficientes” para ni procesar a Carlos Alberto Reutemann, el máximo responsable político a nivel provincial en aquel momento.
De todos modos, se mantiene vivo el reclamo por las 23 muertes oficiales o reconocidas por el estado y por los más de 130 fallecidos, que sufrieron consecuencias colaterales de la inundación y que los llevaron a la muerte.
“Hay una sensación de impunidad en favor de las capas altas del poder provincial”, aseguraron los primeros manifestantes.
Entre algunos puntos que se leyeron en el documento único que elaboraron las instituciones puede mencionarse: “El haber salido a la calle nos permitió recuperar nuestra identidad, nuestra dignidad, nuestra mismidad como personas”.
Además, el escrito mencionó uno por uno a los legisladores oficialistas que apoyaron la ley que sirvió para enmarcar los pagos de las indeminaciones a los inundados.
“El Ente de la Reconstrucción: monstruo perverso, tramposo y burocrático donde abundan los ejemplos de los reciclados (en referencia a los funcionarios que allí desempeñaron funciones)”, fue la descripción que se hizo de la dependencia gubernamental.
En cuanto al Poder Judicial, los inundados -mediante el documento- sostuvieron que “es la gran Familia, la ‘cosa nostra’ santafesina, donde también se recicla, se pagan favores, se compran lealtades ypor sobre todo, se emplean familiares y amigos de los poderosos (…) ¿qué podemos esperar de esta Corte que no sea impunidad?”.
“En estos tres años, los inundados, gente de barrios del oeste, en lugar de poder dedicarnos a reparar las tremendas heridas que nos produjo la catástrofe, hemos tenido que ser ingenieros, arquitectos, abogados y psicólogos”.
LA SENSACIÓN DE LOS INUNDADOS
La heridas continúan abiertas y sin curar. Los santafesinos que fueron víctimas de la furia del Salado en abril de 2003 siguen sin respuestas.
Mientras en las sedes judiciales se certifica la impunidad de los verdaderos responsables, los inundados piden a gritos “juicio y castigo a los culpables, reparación integral y confiscación de todos sus bienes”. Pero no hay peor sordo que el que no quiere oír.
En la ciudad de Santa Fe el 29 de abril de 2003, las aguas del Salado alcanzaron a mas de 25 barrios, 25 mil familias, una población aproximada de 130 mil personas, 23 víctimas fatales al momento del avance de las aguas –reconocidas oficialmente- mas de 130 muertes post inundación informadas por las organizaciones intermedias.
A tres años de la mayor tragedia urbana de la capital santafesina, un documento elaborado por la Carpa Negra de la Dignidad, denuncia que las principales carencias que quedan al descubierto son:
*la falta de atención psicológica a los familiares de las víctimas y un gran número de habitantes que sufren trastornos post inundación. El ejecutivo provincial destinó 25 psicólogos en los distintos centros asistenciales de los barrios inundados, pero las tareas –obviamente- no resultan suficientes. Los damnificados no buscan ayuda psicológica, sólo buscan refugiarse en el ámbito familiar. Surge también la necesidad de la intervención de psicopedagogos en las instituciones escolares para la atención de adolescentes y niños con traumas;
*la necesidad en los barrios de saneamiento ambiental, lo cual está directamente relacionado con la Salud de la Población. Las aguas al pasar por cementerios, industrias de metales, cloacas, pozos negros, basurales, y sumando combustibles, y otros a su paso, contaminaron enormemente el suelo, y todo el entorno. Además, merece especial atención la acumulación de basura constante, debido a la reparación de bienes muebles e inmuebles.
*el equipamiento y los recursos que e municipio destinó para cubrir tal necesidad, son escasos, ya sea contar con móviles recolectores, presupuesto para limpieza de zanjeos, desagües, y reservorios; también desmalezamiento, reparación de estancamientos de agua y control de roedores;
*los problemas de la atención integral a las familias que habitan en viviendas (módulos premoldeados) construidas por “ayuda mutua” de los damnificados y aportes económicos de ADDRA, espacio urbano conocido actualmente con el nombre de La Tablada, en el extremo noroeste de la ciudad. Estos problemas también se trasladan a las personas alojadas en los galpones de Vialidad (Peñaloza y Hernandarias), en los módulos evolutivos otorgados por la Cruz Roja Alemana en el barrio Loyola Norte (en las calles Hugo Wast, y Av. Santa Fe), Las Delicias (calles Gorriti y San Lorenzo), Altos del Valle (Callejón Roca y República de Siria);
*otro inconveniente a destacar es el comienzo de la relocalización de los barrios. La Tablada es la primera mala experiencia que se llevó a cabo. Esta población, de alrededor de 100 familias, ocupaba terrenos municipales despreciables hasta hace un tiempo y tenían labores de sustento como ladrillerías, cirujeo y cría de animales de consumo, siempre en condiciones muy precarias de asistencia en salud, educación y servicios. Fue el primer barrio por donde ingresó el río Salado, después de ello, algunos habitantes volvieron a sus viviendas y otros fueron alojados en carpas. Se le asignaron terrenos para el traslado de la totalidad del barrio, a muy pocas cuadras pero dentro del anillo defensivo a construir, en viviendas cuyos fondos para su construcción eran provenientes de la Asociación Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (AADRA) y la mano de obra de las familias afectadas.
Luego, estos terrenos, junto a los ocupados históricamente fueron declarados por el Concejo y Ejecutivo Municipales como área industrial de la ciudad, ocasionando frustración y ansiedades a personas que ya venían padeciendo diversas carencias. En este contexto, se debió volver a los reclamos para llegar a una nueva reubicación, sumando a ello el agravante de la pérdida de tierras para seguir con las labores de sustento;
*incesantes fueron las solicitudes y reuniones con autoridades para dar servicios e infraestructura al barrio, con las cuales hoy cuenta.
En cuanto a las necesidades y demandas de los nuevos barrios, conviene recordar que los habitantes estuvieron luego de la inundación varios meses en carpas y galpones por la destrucción de sus viviendas. El documento menciona lugar específico, número de disponibilidades en galpones y módulos, la atención y servicios que les asiste (deficientes y carenciales).
Barrio Loyola Norte: viviendas ubicadas en Hugo Wast y Santa Fe, son 84 módulos evolutivos de escasas dimensiones. El agua potable llegó hace muy poco tiempo, pero hasta ese entonces, para todos los habitantes había canillas públicas. No hay cloacas con pozos negros abiertos o derrumbados.
La distribución de la energía eléctrica es una de las demandas que no encuentra satisfecha aún, agravada esta situación por la falta de elementos de seguridad. El zanjeo también se hace necesario para las viviendas interiores del predio, por la acumulación de agua en precipitaciones pluviales.
Debe mencionarse también la acumulación de basura en las cunetas por la falta de regularidad en la recolección. En cuanto a la salud, escuelas, seguridad y transporte la situación fue mejorando.
Barrio Las Delicias: viviendas ubicadas en Gorriti y San Lorenzo. En los comienzos fueron 70 módulos evolutivos, cuatro canillas públicas para tener agua potable, pozos negros sin terminar, y algunas con bajada de energía con un solo cable (conectado ilegalmente, con la anuencia de la Empresa Provincial de Energía) a cada casa. En esta barriada no es regular la recolección de residuos, faltan contenedores donde acumular la basura. Además las calles se ponen intransitables los días de lluvia, debido a que no hay mejorado. En materia de educación y salud se manifiestan varias carencias, que se sumaron a las que ya existían en una numerosa barriada. Es irregular la cobertura del transporte y la seguridad es poca.
Barrio Altos del Valle: Viviendas ubicadas en Callejón Roca y república de Siria. Originalmente fueron 150 módulos evolutivos. La falta de agua potable se suple solamente con una canilla de tanque de aprovisión de agua de pozo. Con la llegada de agua potable al tanque tuvo observaciones de su color y sabor, con pozos negros sin terminar.
Barrio altos del valle: viviendas ubicadas en callejón roca y república de siria. originalmente fueron 150 módulos evolutivos. la falta de agua potable se suple solamente con una canilla de tanque de aprovisión de agua de pozo. Cuando se produjo la llegada del agua potable al tanque, se efectuaron observaciones de su color y sabor. Los pozos negros están sin terminar. La energía de cada casa llega por medio de un cable (ilegalmente conectado). La basura se deposita en un solo contenedor (lo cual hizo que se generaran basurales). En materia de salud, un solo móvil sanitario se destinó para la atención de los habitantes pero sólo durante el día, aunque sólo funcionó un tiempo. Las escuelas se encuentran muy distantes y las calles se encuentran sin mejorados y en mal estado.
El zanjeo es escaso para el escurrimiento de agua de lluvia. No hay transporte público y hay reclamos permanentes por la inseguridad.
Todo lo expuesto llevó a los ocupantes de los módulos a irse de la zona, abandonando, desarmando lo habitado.
Vale recordar y destacar el caso de muerte de un niño habitante del barrio, a raíz del hantavirus, ocurrida en octubre del 2005.
Galpones de Avenida Peñaloza: desde el comienzo fueron cuatro familias, 19 personas en cuatro habitaciones, improvisadas en los galpones abandonados de la Dirección de Vialidad Provincial. Últimamente se agregó otra familia – 6 personas más- (un total de 15 niños y 10 mayores).
Para semejante grupo se dispone de un baño químico, una canilla para la provisión de agua. Vale especial atención que la infraestructura precaria hace que el clima frío se sienta con más intensidad.
Por todo esto y demás, las organizaciones de inundados, los ciudadanos comprometidos, medios de comunicación social han reclamado a las autoridades municipales, provinciales y nacionales e internacionales, por toda la problemática de la inundación; que no ha tenido una atención urgente y soluciones definitivas, para evitar derivar en mayores consecuencias y además recuperar el bienestar de los damnificados.
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