Oasis sanjuanino
San Juan es una provincia que reúne algunas particularidades en su suelo. Además de tener tendencia sísmica y guardar la memoria del triásico, apenas tiene el 3% de su superficie como suelo apto para la producción, que casi siempre es de vid. De modo que si un lugar se llama Valle Fértil, nada menos que en San Juan, merece la atención.
San Agustín del Valle Fértil es, para los que visitan Ischigualasto provenientes del suroeste, una escala tan obligada como grata. Por eso trata de posicionarse como un lugar turístico que no sea de paso efímero. Y tiene atributos como para que su pretensión se concrete, además de una infraestructura incipiente y un microclima acogedor.
Un despertar de cara a los cerros de manos de cardones y pies de helechos supone el lugar exacto para el recobre de energía. Los “new age” acaso supongan que está relacionado con la presencia abundante del cuarzo en la zona. Nosotros diremos apenas que hemos descansado en forma.
Valle Fértil, como la mayoría de las localidades que se precian de turísticas, también tiene su oficina de informes. Será cuestión de preguntar… dice una empleada que “aquí se puede ir hasta el dique y después de caminar un poco por la montaña ver las pinturas esas…”
Las “pinturas esas” son petroglifos, legado de las culturas aborígenes precolombinas que datan desde antes de la era cristiana. De modo que también el lugar propone tutearse con el pasado de huarpes o capayanes, primitivos habitantes que dieron duras batallas a los conquistadores.
Ya repuestos, habrá que dejar el camping La Posta y seguir, con la idea de que San Agustín del Valle Fértil es merecedor de una atención mayor, aún cuando su cercanía con el Valle de la Luna, un poco lo beneficia –porque obliga a hacer una parada allí- un poco lo perjudica, porque las paradas son siempre breves.
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