Obama ahora pone su mira en Siria
Analiza extender a ese país los bombardeos contra el EI.
En una curiosa vuelta del destino, un año después de haber desistido de atacar a las fuerzas del dictador Bashar al-Assad, la administración Obama evalúa pedir la autorización del Congreso para extender las operaciones militares contra los jihadistas de Estado Islámico (EI) de Irak a Siria, donde esta milicia es uno de los más poderosos enemigos del dictador.
Así lo reveló el diario The New York Times en su edición digital de ayer y recordó que un mandato de los legisladores sería comparable al concedido en contra de los talibanes en 2001 y al que autorizó la “caza” de Saddam Hussein en 2002.
El aval del Congreso “daría cobertura legal interna al uso potencial de la fuerza sin restricciones contra extremistas islámicos tanto en Irak como en Siria”, señaló el diario, generalmente bien informado sobre temas de la Casa Blanca.
Washington sigue con extrema preocupación la situación en Irak y en Siria, donde los milicianos de Estado Islámico continúan extendiendo su poder. Obama y sus asesores saben que, para derrotar a esos milicianos astutos y con cuadros bien formados en ámbitos occidentales es necesario combatirlos también en Siria, lo que puede implicar hasta colaborar con Al-Assad. Toda una contradicción.
Ben Rhodes, viceconsejero de Seguridad Nacional, dijo que Estados Unidos “evaluará lo que sea necesario en el largo plazo para asegurarse de proteger a los estadounidenses”.
Estado Islámico, grupo escindido de Al-Qaeda, pretende instaurar un califato en territorios de Siria e Irak, que funcionaría como una suerte de refugio para los jihadistas. Sus prácticas son conocidas: en los últimos dos días ejecutó al menos a 18 personas en varias provincias sirias. La mayoría de ellas fueron crucificadas por colaborar con el régimen de Damasco, según informó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.
Washington además tiene la punzante situación de la decapitación del periodista James Foley. “Estados Unidos podría haber hecho más por los rehenes occidentales”, dijo ayer el hermano del reportero. Además, al menos otros tres norteamericanos están en el “corredor de la muerte” de EI, entre ellos el periodista Joel Stoloff, capturado el 4 de agosto de 2013 en la ciudad siria de Aleppo.
Washington, que se negó a pagar un rescate por la liberación de Foley, se ve ahora más presionado para montar un plan de batalla efectivo contra los fundamentalistas.
Las opciones no son muchas: la más sólida sería continuar con la campaña de bombardeos, pero extenderla a Siria. Fuentes de inteligencia aseguran que los líderes de Estado Islámico se retiraron de Irak a Siria para quedar a cubierto de los ataques aéreos en el norte iraquí.
“No todo es tan sencillo. No podemos decir «bien, ahora bombardeemos Siria»”, dijo Daveed Gartenstein, de la Fundación para la Defensa de la Democracia. Washington debe decidir cómo informar al gobierno de Assad y cómo coordinar con sus tropas, justo cuando las relaciones no pasan por su mejor momento.
Además, existe la posibilidad de provocar víctimas civiles, en un país donde la guerra ya dejó al menos 191.000 muertos.
Fuente: La Nación
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