OBRAS DEL ARTISTA PLASTICO ARGENTINO EN EL MUSEO DE ARTE LATINOAMERICANO DE BUENOS AIRES.
Guillermo Kuitca, uno de los pintores argentinos contemporáneos más reconocidos en el mundo consiguió transformar su metáfora pictórica de ausencias en una fuerte presencia.
Por eso esta exhibición no es menor. Por eso y por mucho más, su retrospectiva Obras 1982/2002, que quedó oficialmente inaugurada ayer en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) convocó a más de mil personalidades. La muestra, auspiciada entre otras empresas, por el Grupo Clarín, permanecerá abierta hasta el 18 de agosto. No en vano, Eduardo Costantini, director del Malba, aseguró “que la historia de Kuitca es como un exilio inverso. Es un pintor que vivió en Argentina, mientras su obra estuvo en grandes museos del mundo como el Metropolitano de Nueva York o el de Luxemburgo. Yo siento que esta muestra va a marcar un hito”.
Más allá de su mentor, la expectativa generada fue tan grande que nadie faltó a la cita. Allí estuvieron Laura Buccellato, directora del Museo de Arte Moderno, Nora Hochbaum, directora del Centro Cultural Recoleta y Jorge Helft, unos de sus primeros coleccionistas, entre muchas otras figuras del arte. Sobresaliendo en el gentío, el secretario de Cultura de Buenos Aires, Jorge Telerman se emocionó y afirmó que “este reencuentro es todo un lujo para el arte argentino”.
Si el tiempo suele hacer maravillas, en Kuitca hizo magia, ya que permitió reunir eclécticamente la casi totalidad de sus obsesiones pictóricas. Debilidades y apuestas plasmadas en más de 200 trabajos que fueron divididos en pinturas, dibujos e instalaciones. Así, como en una suerte de “retro-zoom” que va de general a lo particular, aparecen y reaparecen desde las infaltables camitas hasta los consabidos mapas, matizados por elementos escenográficos y varias obras de sus tradicionales series: “Nadie olvida nada” (82), “The Ring” (2001/03) y la más actual, “Diarios”.
Pero el verdadero hallazgo, es el mismísimo Kuitca, quien alejado de cualquier “divismo” observa con precaución la movida que generó su obra y dice “la verdad es que estoy emocionado y muy cómodo con esta muestra. Para mí —reflexionó— ha sido un viaje lleno de remansos y tormentas del que me siento muy honrado. Siento que mis cuadros tienen la fuerza ascendente de un huracán. Mis obras de hace 20 años están acá, y reflejan mis aciertos y mis errores, mis éxitos y mis humillaciones. Ellos fueron, son y serán los cómplices de mi historia”.
Este contenido no está abierto a comentarios

