OCHO PRESOS INTERNADOS TRAS QUEMA DE COLCHONES Y FUGA ABORTADA EN LA 26ª
Un intento de fuga combinado con la quema de colchones en la comisaría 26ª de Villa Gobernador Gálvez terminó ayer con un saldo de ocho presos internados con principio de asfixia por inhalación de monóxido de carbono, además de daños materiales y dos policías con quemaduras leves en sus manos. Según confirmaron fuentes policiales al cierre de esta edición, seis de los reclusos hospitalizados habían recibido el alta y dos seguían en observación en el hospital Provincial. Los reclusos del penal villagalvense fueron derivados a distintas seccionales excepto tres que estaban alojados en un anexo -aislados del resto por problemas de convivencia- quienes no participaron de la revuelta.
El incidente se originó ayer apenas pasadas las 8 de la mañana en el marco de una requisa de rutina en la cual se detectó un hueco que habían empezado a abrir los reclusos en la parte superior de una pared del penal que da a una oficina. “Tal vez ese hueco no lo hayan hecho con la intención de cavar un túnel sino para distraer al personal y aprovechar para escaparse durante la requisa”, consideraba un vocero de la comisaría 26ª mientras evaluaba los daños materiales en el penal.
Todo ocurrió muy rápido y fue muy confuso. Mientras el personal se abocaba a tapar el hueco descubierto, los reclusos lograron forzar la puerta del patio interno, que en rigor es otra celda de unos 20 metros cuadrados con unos huecos en el techo como para que ingrese luz natural. En un pequeño pasillo, los policías comenzaron a forcejear con internos y algunos lograron ganar la calle. Allí se encontraron con personal del Comando Radioeléctrico villagalvense que, como ocurre en las requisas de rutina, custodiaba el perímetro de la comisaría. Al mismo tiempo los policías que estaban adentro del penal salieron en busca de los fugados y encerraron a los demás. Aparentemente fue en ese momento que comenzó la quema de colchones.
“Nueve presos alcanzaron a salir del penal y algunos incluso ganaron la calle pero fueron recapturados por el personal que salió y por los que estaban afuera”, relató la fuente, y admitió que “hubo disparos al aire”. Algunos de los evadidos habrían alcanzado a correr unos sesenta metros cuando fueron apresados. “Cuando estaban por regresar a los recapturados al pabellón -amplió la fuente- los que estaban encerrados ya habían iniciado la quema de colchones en un pasillo que da a la única puerta del penal”.
Los policías -a esa altura habían llegado refuerzos de otras dependencias- intentaron controlar el incendio con extinguidores mientras los bomberos estaban en camino. El fuego y el calor tornaron imposible abrir esa puerta y rápidamente el humo negro comenzó a invadir las instalaciones del penal. Cuando el incendio fue controlado, se logró abrir la puerta para desalojar el calabozo.
La revuelta se apagó con un saldo de ocho presos con principio de asfixia, dos policías -el titular de la 26ª, Horacio Dimenza, y un cabo- con leves quemaduras en las manos y daños materiales en algunos sectores del penal. Fuentes de la seccional indicaron que algunos presos habían sufrido “leves contusiones” propias de la refriega y que incluso un uniformado había sido alcanzado por una posta de goma en la espalda.
Fuentes policiales consignaron que ocho presos debieron ser trasladados al Hospital Anselmo Gamen de Villa Gobernador Gálvez, con principio de asfixia por inhalación de monóxido de carbono. De ellos, Hernán Gabriel Chaperón, Miguel Angel Ramírez, Andrés Pereyra, Aldo García, Alberto Vanrell y Gualberto Godoy fueron dados de alta y luego reubicados en otras comisarías. Los dos restantes, Ernesto Ginés Gamarra y Mario Alberto Jáuregui, debieron ser derivados del Gamen al hospital Provincial, donde “continuaban internados en observación fuera de peligro y con custodia policial”, según aseguraron fuentes policiales al cierre de esta edición.
Asimismo, tanto los presos que resultaron ilesos como quienes protagonizaron la fuga fuero reubicados en distintas comisarías de la Unidad Regional II. Ayer a la tarde, el personal de la 26ª se ubicaba a limpiar el lugar del incidente mientras se evaluaban los daños materiales sufridos por el penal. Y no faltaban familiares de los presos trasladados que se acercaban a preguntar por la ropa, que había quedado toda revuelta en el interior del penal.
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