Odiaba el tránsito, creó Waze y se la vendió a Google
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Uri Levine contó como fue fundar la aplicación que “permite ahorrar 10 horas de tráfico por mes”; dijo que emprender es subirse a una montaña rusa y que “lo perfecto” es enemigo del éxito.
A Uri Levine le gusta usar remeras con inscripciones. Las frases que adornan su ropa son varias, pero hay una que le gusta más que las demás: “Enamorate del problema, no de la solución”. Con esa se presentó ayer el cofundador de la aplicación de tránsito y navegación Waze en el Centro Cultural San Martín ante unas 400 personas. Allí habló de su historia como emprendedor y dio consejos a hombres y mujeres que intentan triunfar con una startup.
En el evento, organizado por la Embajada de Israel y la Dirección de Emprendedores del Ministerio de Modernización de la Ciudad de Buenos Aires, Levine contó cómo pasó de una “emoción fuerte” en 2007 a que Google los adquiriera en 2013 por unos 1000 millones de dólares. “El camino del emprendendurismo es como subirte a una montaña rusa. Si no te gustan los altibajos y los extremos, mejor no arranques”, lanzó al inicio de su presentación.
El emprendedor israelí aseguró que cualquier proyecto empieza con una emoción fuerte, “generalmente de amor o de odio”. En su caso, fue algo como “odiar el tráfico”. En 2007 comenzó a darle forma a su idea junto a sus colegas, Ehud Shabtai y Amir Shinar. Dos años después, el grupo pudo lanzar la aplicación. No fue fácil: en el medio hubo otro “viaje” para buscar financiamiento. “Si emprender es subirse a una montaña rusa, conseguir fondos es subirse a una montaña rusa en la oscuridad”, dijo. Tras seis meses de rechazos, lo consiguieron.
Waze tenía otro obstáculo más allá del financiamiento: generar masa crítica de usuarios de la aplicación. La herramienta de navegación y tránsito sólo es útil si quienes la descargan habilitan su GPS y sus datos, ya que de esa manera se recolecta la información para armar los mapas y para ver dónde se generan los embotellamientos. Además, los mismos conductores pueden indicar si se generó un choque o hay una congestión por cortes, por ejemplo. “Es una red social de conductores para conductores” que permite ahorrar “hasta 10 horas de tráfico por mes”, resumió Levine.
Así describió esa etapa: “Como en todo proyecto, al principio hay mucho entusiasmo, porque estás enamorado de tu idea, y lanzás el producto y puede suceder que no haya atracción. Este período [hasta que se logra la adopción del producto o servicio por parte de los consumidores] es muy largo: imagínense que intentan cruzar un desierto y caminan todo el día y sólo ven arena. Siempre pensarían que están en el mismo lugar, pero en realidad sí hay progreso, y eventualmente sí se puede cruzar”.
Ese “desierto”, en su caso, fue conseguir que los usuarios “escribieran” con sus datos en los mapas en blanco de las ciudades. En la pantalla, mostró cómo se veía la interfaz de la aplicación apenas comenzó en Tel Aviv: como una hoja en blanco. A medida que los conductores que usaban la app aumentaban, la información de su GPS completaba sus recorridos y, de ese modo, trazaba calles y avenidas. Si se registraban muchos autos en una sola dirección, entonces se inscribía como una calle de una sola mano, por ejemplo. Del mismo modo, si en algún momento se notaba un descenso en la velocidad de varios usuarios, entonces la aplicación indicaba congestión o embotellamiento.
Mientras Waze crecía, la aplicación conseguía su objetivo pero, además, debía incorporar mejoras y actualizaciones constantemente. “A la gente le gustaba la idea de que todos los conductores nos uniéramos para combatir los embotellamientos, pero la aplicación todavía no era útil porque no daba buenas indicaciones para llegar de un punto a otro. Recogimos datos y todo el feedback posible e, iteración tras iteración, construimos nuevas versiones hasta llegar a un nivel suficientemente bueno en 2011”, narró.
Más adelante, Levine recordó que siempre habla de “suficientemente bueno” porque, con la velocidad de los cambios tecnológicos, el principal enemigo del éxito es “lo perfecto”. En 2012, rememoró, Waze “estaba yendo más rápido que toda la industria de navegación en conjunto” -es decir, empresas dedicadas a los mapas y sistemas de GPS para automóviles, por ejemplo-. En 2013, Google quiso comprar la aplicación, y el emprendedor se retiró un día después de la compañía para construir otras startups.
Describió su camino como emprendedor como “un viaje de fracasos” hasta llegar a un éxito, aunque nunca descansó en los laureles. Actualmente, tiene siete proyectos fundados o cofundados en su “portfolio” y reconoce que siempre está en busca de nuevas ideas. Levine subrayó que en ninguno de ellos pierde de vista su enamoramiento con “el problema” y no con la solución.
“En definitiva, si tuviera que definir el objetivo del viaje, es muy simple: estamos buscando un problema para resolver y para hacer de este mundo un lugar mejor. Siempre es conveniente hablar con la gente para entender su percepción del problema que nosotros vemos, porque en muchos casos estamos usando ejemplos equivocados. Recién en ese momento se puede construir la posible solución, porque si no, se corre el riesgo de quedarse con una solución que busca un problema”, detealló.
Para terminar, se refirió al “empujón” que recibió por parte de Israel y habló sobre el “correcto rol del Estado” en relación con el ecosistema emprendedor. “Lo primero es ver si les interesa, porque hay muchísimo que pueden hacer”, resaltó. Entre otras “facilidades” que puede dar el Gobierno, señaló la importancia de generar un clima de negocios confiable y seguro para reducir el miedo al fracaso y beneficios fiscales para las startups.
En el largo plazo, se refirió a reformas en la educación para dar más herramientas a los jóvenes para que puedan generar sus propios proyectos. Asimismo, conversó sobre el rol de los medios: “Si hay más historias de héroes emprendedores, entonces más chicos y chicas se animarán a probar a materializar sus ideas y a hacer de este mundo un lugar mejor”, concluyó.
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