OFENSIVA DEMÓCRATA PARA QUE BUSH RETIRE LAS TROPAS DE IRAK
Por primera vez el Congreso de EE.UU. recibió un proyecto de ley para que las tropas norteamericanas se vayan de Irak inmediatamente. La propuesta corresponde al influyente legislador demócrata, John P. Murtha, un ex marine y veterano de la guerra de Vietnam de 73 años, que exige el repliegue de las fuerzas en seis meses.
“Por directiva del Congreso, el despliegue de tropas estadounidenses en Irak, se da por terminado y las fuerzas involucradas deben ser replegadas en la fecha posible más cercana”, sostiene el proyecto despertando una fuerte oposición entre los republicanos que acusaron a los demócratas de “derrotistas” e “irresponsables”. Murtha, conocido por sus posturas pro Pentágono, votó a favor de la guerra del Golfo en 1991 y de la actual. Sin embargo “la guerra en Irak no es como se dice. Es una política defectuosa envuelta en ilusión”, denunció ayer en el Capitolio.
Para Murtha el descubrimiento de que el depuesto presidente iraquí Saddam Hussein no poseía armas ilegales demostró que “la principal razón para ir a la guerra ha sido desacreditada”. Y ahora, siguió, las fuerzas de EE.UU. en Irak se han convertido en el imán del terrorismo.
Murtha, el más alto demócrata en la subcomisión de Defensa del Comité de Apropiación de la Cámara baja, justificó su proyecto en que el futuro del EE.UU. y del Ejército está en riesgo. “Nuestras tropas son el blanco principal de la insurgencia. Es hora de que vuelvan —consideró—. Seis meses es un tiempo razonable para sacarlas de ahí”. El proyecto reclama además el despliegue de una “fuerza de respuesta rápida” en la región.
La iniciativa es otra estocada para George Bush. Hay descontento en el Capitolio con la política sobre Irak. El miércoles, senadores republicanos y demócratas se unieron para exigir al presidente que informe regularmente sobre los progresos en Irak y que el año que viene sea un año de transición hacia la plena soberanía iraquí. La iniciativa reemplazó otra de legisladores demócratas —que no prosperó— que exigía al presidente un cronograma de salida de las tropas en Irak, algo que Bush siempre rechazó por considerar que favorece a los insurgentes. Aún así, la prensa conservadora en EE.UU. (devenida en crítica de la administración) interpretó la votación como un golpe directo a Bush, cuando sólo cosecha exiguos índices de popularidad.
“No importa cómo la Casa Blanca quiera mostrarlo, el Senado de EE.UU. dio un voto de desconfianza a la guerra en Irak. Y ya era hora”, condenó un editorial de The New York Times.
Ante la artillería pesada que llueve desde el Capitolio, la Casa Blanca salió al cruce con el mismo Bush y su vice, Dick Cheney como voceros. “Bush mandó a la pelea a su perro guardián más grande y le sacó la correa”, escribió The Washington Post sobre el Nº 2 de la Casa Blanca. Así, durante una cena el miércoles en Washington, Cheney acusó a la oposición de subscribir “una de las más deshonestas y reprochables denuncias jamás ventiladas en esta ciudad”. Aludía a la acusación demócrata de haber sido engañada por el gobierno para ir a la guerra. Los demócratas que dicen haber sido engañados están “haciendo una movida para sacar ventaja política en el medio de una guerra”. Las críticas —siguió— amenazan la moral de las tropas mientras “unos pocos oportunistas sugieren que fueron enviadas a la guerra por una mentira”. Bush, de gira por Asia, repitió la idea . Ofuscado denunció que en EE.UU. hay gente “que usa irresponsablemente su posición para hacer política”.
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