OIL FOX PLANEA CONSTRUIR LA MAYOR PLANTA DE BIODIÉSEL EN SAN LORENZO
Jorge Kolastian, gerente de Oil Fox, afirma que “si todo sale bien” en los próximos sesenta días “se comenzará a construir en San Lorenzo “la planta de biodiésel más grande del mundo”. El empresario, pionero en buscar la veta del negocio de los biocombustibles cuando nadie sabía bien qué significaba este término, estaría a punto a abrochar con una firma de la zona (de la que sólo tira pistas: “No pertenece a la industria aceitera ni petrolera”) un contrato para levantar una planta de biodiésel que le dará trabajo “en forma directa e indirecta a unos dos mil santafesinos”.
La inversión será de 60 millones de dólares y “está cerrada en un 99 por ciento”, señala Kolastian, quien adelanta que en una semana se realizará el anuncio oficial “con bombos y platillos”.
Para tentar a sus posibles nuevos socios del cordón industrial Kolastian dice que, si el negocio se concreta, a principios de junio estaría llegando a la zona una delegación de empresarios austríacos que están interesados en importar cinco millones de litros mensuales de este combustible ecológico.
Oil Fox ya cuenta con un contrato con una firma alemana que le compra por mes un millón de litros de biodiésel, que la empresa produce en una planta que tiene en San Luis, donde invirtió 350 mil dólares para ponerla en marcha. Con el primer embarque a Alemania la firma obtuvo 600.000 dólares, a razón de 0,60 por litro, lo que representa “un negocio formidable”, admite.
Pero el entusiasmo del empresario no prendió demasiado en el gobierno provincial, que rechazó un pedido de Oil Fox que no era para nada modesto: la construcción de cuatro tanques para alojar el biodiésel, cuyo valor supera los 400 mil dólares cada uno. El “no” rotundo del Ministerio de la Producción llevó a que los representantes de la empresa comenzaran a tentar a la Municipalidad de San Nicolás. Allí la comuna les ofreció cederles a la empresa (por comodato) unos tanques, que actualmente están en desuso.
En realidad, según admiten fuentes cercanas a la negociación, la oferta de los nicoleños fue buscada para que existiera en el tire y afloje del negocio un competidor. Ese clisé clásico de los hombres de negocios sirve para poder sacar mejores tajadas en lo que se busca.
Por eso, esta puja virtual entre San Nicolás y San Lorenzo derivó en que la empresa pidiera cosas que la provincia no le dio a ningún proyecto de esta naturaleza. Ante el “no” de la provincia, Oil Fox se vio forzado a buscar socios por su cuenta.
La empresa necesita un espacio con capacidad de almacenaje en tanques y un puerto para exportar. Las pretensiones no son pocas, pero –según afirma Kolastian– el negocio puede ser “formidable”. “Nos llueven propuestas para exportar”, advierte el empresario pyme que en 1997 se asoció con el dueño de la Aceitera Chabás, Ricardo Baravalle. Pero ese proyecto se cayó en 2001 tras el desbarajuste financiero que vivió la Argentina. Hoy hay planes para reactivar ese emprendimiento, en el que trabajaban 36 operarios.
La de Chabás fue la primera planta de biodiésel certificada de la Argentina. Pero ahora Oil Fox piensa en grande después de la sanción de la ley que regula la fabricación y comercialización de los biocombustibles.
Mientras tanto, en la provincia se muestran cautos ante la oleada de anuncios de inversión en la elaboración de estos productos. No se quieren anticipar a un fenómeno que tras la aprobación de la ley abre el juego tanto a los grandes apostadores –interesados desde un principio en el tema– como a los pequeños y medianos empresarios, que pueden acceder con una escasa inversión a un mercado que parece tentador pero que aún está virgen.
El caso más concreto es el de la Federación Agraria Argentina (FAA) que desde hace tiempo trabaja para el autoabastecimiento de los productores con el biodiésel, con un plan de integración de los chacareros para que logren bajar los costos en combustible.
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