OLA DE CALOR: 85 MUERTOS EN DOS DÍAS
Al menos 85 personas, casi todas ancianas, murieron en Italia entre el martes y ayer debido a la oleada de calor africano que desde junio castiga a Europa y que podría concluir abruptamente con lluvias tormentosas y aluviones en el norte del país y un descenso de al menos seis grados de la temperatura a partir de hoy o mañana.
Sólo en Milán fallecieron 39 personas, 16 de ellas ayer, mientras las centrales de urgencia atendían miles de llamadas de viejos solos y desesperados que pedían ayuda porque les costaba respirar y sufrían desmayos o ataques cardíacos.
El municipio milanés indicó que la mayoría de los decesos y los casos graves de personas internadas en los hospitales, que han convocado de urgencia al personal médico y paramédico de vacaciones, afectan a ancianos con más de 70 años de edad y una salud precaria. “El calor y la contaminación del ozono potencian los males cardíacos o los edemas pulmonares y otras enfermedades típicas de los viejos”, señaló un operador en Turín del “118”, el servicio público de urgencias médicas.
Miles de voluntarios prestaron ayer ayuda, llevando en automóviles y motocicletas asistencia a los ancianos que pedían les fueran a comprar remedios, les ayudaran a preparar la comida o, en muchos casos, les dieran un poco de compañía.
“Lo peor, más que el calor, sigue siendo la soledad”, dijo un anciano jubilado en Roma. En verano, muchas familias parten de vacaciones dejando solos a los viejos que pueblan las plazas y los centros para ancianos. Pero debido a la canícula que bordea los 40 grados en muchas ciudades, con altos porcentajes de humedad y concentración de ozono en el aire, las autoridades han recomendado a los abuelos que permanezcan en sus casas, evitando los paseos y las plazas públicas, donde el sol y la humedad crean una sensación térmica que llega hasta los 45 grados.
En Turín, la capital del Piamonte, el martes murieron 28 personas, la mayoría de las cuales ya padecían enfermedades cardíacas o respiratorias.
El Papa Juan Pablo II lució abrumado por el calor en la residencia veraniega pontificia de Castelgandolfo, durante la audiencia general de los miércoles a la que asistieron sólo 1.500 personas que permanecieron al sol, cubriéndose con sombrillas y toda clase de sombreros.
En toda Italia hubo denuncias de personas fallecidas y el ministro de Salud Pública, Girolamo Serchia , dijo que “no quiero culpar a nadie” pero reprochó a las autoridades locales y a las instituciones médicas por no ocuparse de prevenir la oleada de fallecimientos con medidas para atender mejor a los ancianos enfermos.
De inmediato reaccionaron algunos de los 8.000 alcaldes italianos. El de Milán, Gabriele Albertini, rechazó la actitud del ministro y dijo que se estaba brindando toda la asistencia posible. “El único esfuerzo que me queda por hacer es rezar al Padre Eterno para que baje la temperatura”, dijo.
El alcalde de Turín, Sergio Chiamparini, que pertenece a la oposición de centroizquierda, dijo que el ministro Serchia descargaba sus responsabilidades sobre los municipios, cuando el gobierno conservador del primer ministro Silvio Berlusconi ha disminuido vistosamente los recursos de asistencia sanitaria de las comunas italianas.
Por otro lado, continuó la lucha contra los incendios que están devastando los bosques de la península y creció la alarma por la disolución de la nieve en la alta montaña de los Alpes y la disminución de los glaciares bajos, que se están reduciendo rápidamente. En varias localidades se han prohibido las salidas turísticas a las montañas por temor a que las altas temperaturas provoquen aluviones. Un helicóptero del Socorro Alpino se estrelló durante operaciones de rescate en la alta montaña y los dos pilotos murieron ayer delante de un grupo de horrorizados turistas.
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