OLIMPO 0 – INDEPENDIENTE 1
Aferrado a su arco y a su arquero, al exiguo 1-0. Así terminó anoche Independiente. Que necesitaba un triunfo como el agua para enderezar el rumbo en el torneo y para romper el maleficio de diez partidos sin ganar como visitante.
Ganó, se metió los tres puntos en el bolsillo y pegó la vuelta de Bahía Blanca con la satisfacción del deber cumplido. Desde el punto de vista de los números, claro. Porque en cuanto al nivel futbolístico, tendrá que seguir remando. En ese sentido, tiene tarea para el hogar el equipo de Daniel Bertoni.
En un duelo de necesidades, distintas pero necesidades al fin, ambos apostaron de arranque a la misma fórmula: el juego asociado, por abajo, y poco y nada de pelotazos. Pero les faltó profundidad, eso que algunos llaman peso ofensivo. Y en este contexto, en el que gobernaban las insinuaciones por encima de las obras concretas, fue Independiente el que elaboró la mayor porción de maniobras atractivas.
Sobre todo, se encendía el equipo cuando se juntaban Insúa y Losada. Pero, claro, sólo lo hacían de a ratos. El tema era que del otro lado, ni el Chanchi Estévez, en su debut con la camiseta de Olimpo, ni Rueda inquietaban lo suficiente.
Probó Sarmiento desde fuera del área y su disparo se perdió muy cerca del palo derecho de Navarro Montoya. Al ratito Insúa y Losada apretaron el acelerador y merodearon el gol… Primero combinaron con Jairo Castillo, cuyo remate se desvió en Laspada y se fue al córner apenas por encima del travesaño. Y después Cambiasso le ganó un mano a mano a Losada.
Entró Tomás Charles por Eluchans, lesionado, y siguió insistiendo Independiente, aunque le costaba abrir el fondo local. Hasta que, justo sobre el cierre del primer tiempo, Insúa ejecutó un tiro libre que hizo escala en la cabeza de Imboden y de ahí viajó derechito hacia el fondo del arco de Olimpo. Uno a cero.
No había jugado un gran partido Independiente. Pero había sido más que su anfitrión. Y entonces estaba bien puesta la diferencia en el resultado. El equipo de Jota Jota, hasta ese momento, había sido demasiado endeble. Raponi, el encargado de poner en marcha el funcionamiento de tres cuartos hacia adelante, naufragaba en sus intentos.
Después cambió el tablero. Creció Raponi, también Sarmiento (aunque luego sería reemplazado por Cabrera), entró Delorte por Cogliandro para reforzar la presencia ofensiva, y así Olimpo empezó a acorralar a Independiente. Con ganas, con ímpetu, con centros… Y el equipo de Avellaneda, a medida que se iba consumiendo el partido, se hacía más chiquito, acurrucado contra el arco de Navarro Montoya, que terminó siendo la figura de la cancha. Porque fue el Mono quien terminó salvando a Independiente.
Le ahogó dos veces el grito de gol a Rueda. Primero sacó una chilena en la línea, luego tapó un bombazo del delantero local. Y en el final se dio un par de revolcones en el área.
La pelota salía del arco de Navarro Montoya y volvía como impulsada por un resorte. No pasaba la mitad de la cancha Independiente. Que cortaba la nefasta racha de diez partidos sin ganar como visitante. Y que por eso se abrazaba al exiguo 1-0 con uñas y dientes. Con lo que podía, en realidad. Y Olimpo, que seguía exhibiendo más ambiciones que ideas, no encontraba los caminos del empate.
Aquel gol en contra de Imboden le había llenado la cabeza a Independiente. Y actuó en consecuencia. En la próxima fecha recibirá a Boca, en una parada clave para medir la realidad y proyectar el futuro del equipo de Bertoni en este Apertura. Mientras tanto, volvió a ganar Independiente. Eso sí, no le sobró nada. Ganó los tres puntos y un poco de aire para subir en la tabla. Pero nada más.
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