OMAR CHABÁN DEJÓ LA PRISIÓN Y QUEDARÁ LIBRE HASTA EL JUICIO ORAL
Ya era noche cerrada. Un helicóptero sobrevolaba la manzana y el repiqueteo de sus aspas —como una música incidental— le agregaba a la escena un toque extra de tensión. En la puerta del edificio de la calle Pellegrini al 2000, en el centro de San Martín, medio centenar de policías se desplegaban en sucesivos cordones, delante y detrás de las vallas que protegen la entrada del inmueble desde el viernes. Ahí nomás, de cara a los agentes, un puñado de familiares de víctimas de Cromañón alzaba las pancartas con las imágenes de sus muertos.
Todos esperaban a Omar Chabán, el principal imputado por el incendio del boliche República Cromañón, donde murieron 193 personas que habían ido a un recital de Callejeros. Y el hombre de la causa llegó a las 19.45, a bordo de un Fiat Uno azul, que entró en contramano por Pellegrini. Insólitamente, el auto se detuvo a 20 metros de las vallas, por lo que Chabán (pelo corto y muy canoso, sin bigotes ni lentes, pantalón rojo, buzo bordó, chaleco antibalas) tuvo que caminar entre la gente para llegar a la zona protegida. Hubo empujones, golpes, insultos, gritos de “asesino”…
Finalmente, al traspasar el cerco metálico, Chabán cayó al piso, sentado. Tuvo que recibir ayuda de los agentes para incorporarse y rápidamente desapareció por el hall del edificio donde vivirá hasta el juicio oral y público.
Chabán —el gerenciador de Cromañón— está procesado por el delito de homicidio simple por dolo eventual. Esto quiere decir que se había representado la posibilidad de que allí ocurriera una tragedia, que tenía el poder para impedirla pero que igual no hizo nada. La pena máxima es de 25 años de prisión. Se le imputa haber vendido unas cuatro mil entradas, cuando la habilitación del local permitía mil, de haber cerrado puertas de emergencia y de no haber tomado las medidas mínimas de seguridad.
El empresario fue detenido el 31 de diciembre de 2004, 18 horas después de la tragedia. Y permaneció preso hasta ayer —166 días—, luego de haber recibido el beneficio de la excarcelación el 13 de mayo último de parte de la Sala V de la Cámara del Crimen. Su liberación se postergó primero por el malestar social que provocó la resolución de la Cámara, luego porque él decidió declarar ante el juez de Instrucción Julio Lucini y por último a causa de algunos problemas en los inmuebles que puso como garantía para cubrir la fianza de $ 500 mil.
Chabán dejó el penal de Marcos Paz a las 16.30, una hora antes de que su abogado, Pedro D’Attoli, le dijera a la prensa que no estaba enterado de la liberación de su defendido. “Yo me voy a la cancha de Boca”, señaló, en lo que muchos consideraron una maniobra de distracción para evitar escraches.
Lo cierto es que el gerenciador de Cromañón fue trasladado a la sede de la Superintendencia de Investigaciones de la Policía Federal, en el barrio de Villa Lugano, en donde realizó los últimos trámites para recuperar la libertad. Allí se concentró un reducido grupo de familiares de víctimas de la tragedia. Una mujer, que se identificó como Nora Bonomi, estaba fuera de sí. “Este tipo no sale de acá”, gritaba, y tuvo que ser contenida por los agentes. Bonomi tenía una pancarta con la foto de su hijo de 24 años, muerto en el incendio del 30 de diciembre.
Paralelamente, una veintena de familiares se reunió frente al edificio de Pellegrini al 2000, donde Chabán fijó domicilio legal. Allí vive su madre, Angélica, quien ayer volvió a defender la inocencia de su hijo. “No es ningún asesino. Trabajó mucho, es muy responsable, muy educado, culto…”, afirmó a Radio Spika. Calificó como “muy malas” a las personas que critican a su hijo y opinó que, para ella, el incendio “fue una desgracia”.
Ricardo Righi, padre de Emiliano, un joven de 19 años muerto en Cromañón, fue uno de los primeros en apostarse frente a la casa de Angélica de Chabán. “Siento bronca, odio… —le dijo a Clarín— Ahora vamos a pedirle a la Justicia que libere a todos los detenidos sin condena. Y vamos a continuar manifestando acá, pero sin molestar a los vecinos porque ellos no tienen nada que ver con esta vergüenza…”
Jorge Viegas Méndez, padre de otra víctima (Christian, de 19 años), miraba los edificios de la cuadra y se preguntaba: “¿Quién me asegura a mí que no se apostará un francotirador en algunos de esos techos para matar a Chabán y que la causa se paralice?” Desbordado por la situación, también emprendió contra Callejeros: “Yo velé a mi hijo con la música de ese grupo. Pero, hoy, siento que todos son culpables: Chabán, los músicos, los inspectores, los funcionarios de la Ciudad… La Justicia, si existe, deberá marcar qué porcentaje de culpa tiene cada uno”.
Este contenido no está abierto a comentarios

