ONCE AÑOS Y UN CENTENAR DE APARICIONES DEL LOCO DE LA ESCOPETA
Desde 1992 hasta el presente, el “Loco de la escopeta” apareció en unas 100 oportunidades. Muchos de esos ataques se destacaron por su impacto público o por los daños provocados. Y dos de sus intervenciones tuvieron un trágico final. Tras la última muerte, cuatro meses atrás, el jefe de la Unidad Regional II de policía convocó a un gabinete especial para cazar al francotirador y la Justicia dispuso la unificación de todos los expedientes en manos de un solo juez. Un fotofit hecho a partir del testimonio de dos menores y la fallida detención de un arquitecto de Funes como sospechoso fueron las últimas novedades.
Todo se inició en noviembre de 1992 cuando la policía registró el primero de los episodios. Ocurrió en la plaza de Castellanos y Córdoba cuando una maestra fue alcanzada por una bala de calibre 32 largo. Desde ese día y hasta el 9 de septiembre de 1995, con el ataque a una tienda de Córdoba al 3400, se produjeron 14 hechos que podrían encuadrarse en la primera etapa de la zaga, ya que todos los hechos fueron cometidos con idéntica munición. En ese marco el “Loco de la escopeta” se llevó su primera víctima: fue Carolina Salgado, alcanzada en Eva Perón al 4400.
La segunda etapa de esta secuencia se extiende entre el 11 de marzo de 1997, cuando es atacado José Nicastro en Córdoba al 4300, y el pasado mes de abril. En ese lapso, el francotirador dio rienda suelta a su descarga con cartuchos cargados con postas de goma, lo que provocó numerosos heridos, ventanillas de colectivos rotas y frentes de comercios destruidos.
La tercera parte de la historia empezó a escribirse el pasado 19 de abril. Aquel día, atacó a un micro de la línea 131 en 27 de Febrero y Pueyrredón. Por primera vez, los cartuchos de la escopeta 12.70 llevaban mortales postas de plomo. Su poder de fuego se llevó la vida de Florencia Rubino, una nena de 12 años que viajaba en el micro.
A lo largo de semejante periplo, los distintos investigadores que pretendieron esclarecer la saga buscaron un perfil que los acerque al atacante. “Es una persona que produce hechos en serie y que toma toda la precaución de no ser visto. Además, pareciera que juega con el shock y la sorpresa que se producen en el primer instante ya que cualquier ciudadano que camina o anda en auto por la calle no va pensando en que se va a producir un estallido. Por eso, cuando dispara nadie alcanza a verlo. El tipo tiene todo calculado para escabullirse”, fue la definición de uno de los que sigue el caso desde hace más de un lustro.
Asimismo, mientras algunos sostienen que “es muy difícil” que dispare de un auto en movimiento “porque el estampido le haría perder el control del volante”, otros aseguran que “puede disparar al mismo tiempo que maneja ya que puede tener el brazo izquierdo apoyado en el volante y la escopeta cruzada sobre su cuerpo” con el caño saliendo por la ventanilla del auto.
Sin embargo, ni ese perfil, ni los aportes que en septiembre de 2002 dieron una víctima y dos nenes acerca de los rasgos del agresor, permitieron a los pesquisas llegar al tirador. Es que el 18 de septiembre de ese año atacó a un colectivo frente al complejo Village. Entonces resultó herido Víctor Curaba, quien dijo a la policía que si le daban una foto reconocería al tirador. El hecho fue presenciado por dos chicos de 10 años que, con un relato coincidente, permitieron hacer el único fotofit del agresor.
En este marco, a fines de abril pasado un arquitecto domiciliado en Funes fue apresado durante 12 horas bajo las sospechas de ser el atacante que provocó la muerte de Florencia Rubino. Sus características no coincidían en nada con las del mencionado fotofit pero la desesperación policial por resolver el enigma llevó a los investigadores a dar por cierta una sospecha de los vecinos del hombre.
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