ONCE PUÑALADAS EN UNA TORMENTOSA NOCHE DE CELOS EN EMPALME GRANEROS
Un joven de 26 años asesinó a puñaladas a su mujer de 23 en una humilde vivienda de Empalme Graneros. Tras una violenta discusión, y supuestamente cegado por los celos, Maximiliano Nestereno clavó al menos once veces un cuchillo de 20 centímetros de hoja en el cuerpo de Gabriela Bravo, quien quedó agonizando junto a una zanja ante la mirada perpleja de vecinos que habían salido alertados por los gritos que irrumpieron en la oscuridad de la noche del domingo.
Preso en la comisaría 20ª, el muchacho tal vez declare hoy ante la Justicia. En tanto, una hija de 5 años de la pareja está con los padres de la víctima, cuyos familiares fueron armados, minutos después del crimen, a buscar al matador a su casa paterna.
Casi a las 10 de la noche del domingo el Comando Radioeléctrico recibió dos llamados telefónicos casi simultáneos: uno daba cuenta de que una persona herida de arma blanca yacía frente a una precaria vivienda de Cullen al 1200 bis, y el otro advertía sobre disparos de arma de fuego realizados contra el frente de una vivienda en calle República al 7200. Minutos más tarde se conocería la vinculación entre ambos.
Cuando la policía y una ambulancia llegaron a Cullen al 1200 bis encontraron a Gabriela muerta junto a una zanja de aguas servidas. Estaba vestida con un vaquero y una remera negra de mangas cortas, pero descalza. Varios vecinos dijeron en ese momento a los uniformados que habían visto cómo su concubino la había apuñalado.
Se presume que los primeros puntazos realizados con un “cuchillo de carnicero” -así le dicen por su tamaño y su mango de madera- fueron dentro de la casa, donde había empezado la discusión. Pero hubo al menos dos personas que vieron a Nestereno agredir a su mujer sobre la calzada de ripio en la que quedaron marcadas gotas de sangre.
El epílogo en la calle
“Oí gritos y salí. Me pareció que le estaba pegando, después me enteré de que tenía un cuchillo. Terminó de apuñalarla en la calle”, comentaba ayer a este diario un muchacho que vive a diez metros de la casa de Gabriela. El joven remarcó que “la policía y la ambulancia tardaron como veinte minutos en venir”, mientras una mujer aseguraba al pasar, como si no quisiera tener que decirlo: “La nena vio todo”.
La perplejidad de los testigos habrá sido mayor al distinguir al matador entrar en la casilla de material donde sostenía una irregular relación de concubinato con su víctima -según algunas fuentes “estaban separados”, según otras, él “iba y venía todo el tiempo”- y salir en bicicleta. Algunos habrán pensado que había huido hacia su casa paterna, en República al 7200, a unas diez cuadras de allí.
Precisamente allí fue donde se oyeron disparos minutos más tarde. Fuentes de la comisaría 20ª y del Comando Radioeléctrico coincidieron en que quienes tiraron habrían sido familiares o allegados a la joven asesinada que exigían que Maximiliano saliera. Cuando llegó la policía, encontró en el lugar impactos de bala en una pared y cuatro vainas servidas de calibre 9 milímetros, así como el cuchillo utilizado en el crimen, tirado en un terreno lindero. Pero el asesino no estaba allí.
El titular de la seccional 10ª, Fernando Torres, sostuvo que fue el padre de Maximiliano quien dijo al personal del comando dónde estaba el joven, finalmente detenido en una vivienda de pasaje Franklin al 8600, en la zona de la villa Stella Maris. “Sin resistirse al arresto, reconoció la autoría del crimen. Dijo que había sido luego de una discusión”, refirió el jefe del Comando Radioeléctrico, Hernán Brest.
Ambas fuentes policiales describieron al joven como tranquilo y de familia trabajadora. “El padre es camionero y tiene otros ocho hijos. El pibe hace changas y sólo tenía un antecedente por encubrimiento”, dijo Torres. Se estima que Nestereno declarará hoy ante el juez Juan José Pazos. Pero quién sabe si logrará explicar -incluso a él mismo- lo que hizo.
Este contenido no está abierto a comentarios

