ONETO: "VAMOS A DEJAR LA VIDA"
Algo saben ellas, Las Leonas, de estas largas esperas en las que se comparten las ilusiones y la ansiedad.
Se las ve caminar por la Villa Olímpica como si la vida transcurriera plácidamente: llevar la ropa a lavar, tomar mate, quejarse por lo bajo —mujeres coquetas— de alguna ropa oficial algo incómoda y de aspecto demasiado formal.
Y si Las Leonas saben de vigilias que acaso devengan festejo, por supuesto que sabe de eso Vanina Oneto, que a los 31 años es uno de los símbolos del equipo que se apresta a cerrar un ciclo brillante. Oneto, mamá hace un año y medio y con 13 años de Selección, está lista para sus terceros y últimos Juegos.
No anuncia goles aunque lleve la número 9, pero promete, como el equipo, “dejar la vida por todos los que se bancan este esfuerzo”.
—Acaban de cerrar la preparación perdiendo 5-0 con Holanda la final del Cuatro Naciones. ¿Están preocupadas?
—Es una derrota que no puede alegrarnos, obvio. Pero estamos tranquilas. Lo analizamos y trataremos de que no vuelva a pasar. En este nivel las diferencias son mínimas y un par de errores pueden costarte caro.
—¿Siguen siendo candidatas al oro?
—Creo que sí, porque este grupo sabe aparecer en las difíciles. Y el equipo está maduro. Yo sé que haremos lo imposible para llevarnos una medalla. Y si es de oro, mejor.
—¿Cuál es el secreto de Las Leonas?
—Somos el producto de un ciclo increíble. Que empezó en Atlanta 96, cuando fuimos la revelación, y todavía no terminó. Somos lo que somos porque nos rompimos el alma. Pensá que hace ocho años teníamos veinte bochas para entrenar y no podíamos regar la cancha. Y fuimos campeonas del mundo y medalla de plata en Sydney. Una vez que llegaste, tenés que asumir esa nueva situación y buscarte nuevas metas.
—Pero no llegan con la mejor competencia encima…
—Es que por problemas económicos jugamos muy poco en el último tiempo. Apenas un torneo en Córdoba y la Copa América antes de esta gira por España. Pero la garra está intacta y el coraje también.
—¿Están igual de listas para ganar que para perder? La gente las asocia con los triunfos.
—Cuando uno llega a un objetivo le empiezan a pasar otras cosas. Y tiene que buscar nuevos desafíos. La gente espera el éxito. Son las reglas del juego. Pero no siempre es posible ganar. Somos un país muy exitista, y nosotras formamos parte de ese país y por eso también nos exigimos. Habrá que pensar en el partido del sábado con España, ganar y apuntarle al próximo. Y así hasta el último, como hicimos siempre. Todo nos costó mucho, siempre remamos desde atrás. Nos gustaría ser como (el saltador Sergei) Bubka, que iba y ganaba seguro sin despeinarse. Pe ro lo nuestro es el esfuerzo, y encima con poca plata.
—¿Se extraña a la familia?
—Muchísimo. Cada conversación telefónica es terrible. Escuchando a Maia (su hija) me emociono y me duele a la vez. Me pide que le cante y yo termino de cantar y me pongo a llorar. Y a la vez me dan fuerzas. Ella y mi marido, Andrés, más toda la familia que hace que el viaje no parezca tan largo.
—Cuarenta días, ¿no?
—Sí, es muchísimo. Pero no me olvido de que gracias a mi marido pude volver a entrenarme cuatro meses después de una cesárea, durante un veraneo en el sur. Que muchas veces dudé en volver y él me alentó con todo. Y que por eso ahora estoy acá, dando pelea a los 31, con una hija y con las ganas de siempre.
—¿Cómo imaginás el final de estos Juegos?
—Si me pongo a pensar en que son los últimos, y que este año me retiro en el Champions Trophy de Rosario, me muero. Prefiero pensar en hacer todo el esfuerzo del mundo para llevarnos una medalla. Yo sé que más adelante mi hija va a entender que valió y vale la pena sacrificarse. La medalla tendrá más valor todavía.
Este contenido no está abierto a comentarios

