OPERAN EN EL PAÍS MÁS DE 100 SECUESTRADORES EXTORSIVOS
Las policías Federal y bonaerense estiman que son más de cien los delincuentes que antes asaltaban bancos, camiones blindados y empresas y que ahora se dedican a cometer secuestros extorsivos en distintos puntos del país. El principal motivo de este cambio es, según los investigadores consultados por LA NACION, “que se gana más dinero y más rápido”. La cifra incluye no sólo a los criminales más experimentados sino también a delincuentes jóvenes que cometen raptos exprés.
La táctica de estas bandas es actuar siempre como células que se regeneran, desaparecen, mueren, mutan o alteran de función según sus necesidades. Cuando alguno cae en manos de la policía, otro es convocado.
Los miembros de las bandas se entrelazan según el caso y están unidos por un origen común: el pertenecer a alguna familia pesada del hampa, haber compartido una temporada en algún penal cuando les tocó perder, o la simple vecindad.
Por eso la policía no puede establecer cuántas bandas de secuestradores están en actividad.
Las organizaciones, sin embargo, siempre tienen vínculos con alguna fuerza de seguridad; es que fueron sus informantes o sus cómplices para contar, por ejemplo, con una zona liberada a la hora de actuar. Así se explica que muchos sigan libres y que, aún cuando sus cabecillas son detenidos, el dinero pagado como rescate rara vez aparezca.
Otro caso es cuando la protección va a allá de la policial y la cobertura que les permite seguir en la clandestinidad es política.
Lo cierto es que son siempre los mismos nombres, de prófugos y presos, los que se vinculan con los secuestros de Cristian Ramaro, Pablo Belluscio y Ernesto Rodríguez, entre otros casos renombrados.
De Norte a Sur
El secuestro de Ramaro reveló el funcionamiento de una de estas bandas, en la que se unieron para dar el golpe dos organizaciones: una que actuaba en el sur del conurbano, reino del secuestro exprés, y otra en la zona norte, donde se concentra la riqueza y se dan los raptos con cautiverios más prolongados.
Para secuestrar a Ramaro, dos de los delincuentes buscados por la policía habían llegado a San Isidro desde el sur del conurbano; concretamente, desde Lomas de Zamora. Se trata de Cristian “El Hígado” Muñoz y Maximiliano “Pachu” Peñaflor.
El hijo del empresario fluvial Víctor Ramaro no fue la primera víctima de esa banda: los investigadores creen que cuatro días antes, el 4 de este mes, a las 19.30, la organización había cometido otro hecho. En Uspallata y avenida Márquez, en San Isidro, contra uno de los paredones del Colegio Don Bosco, un Ford Galaxy le cortó el paso al BMW de Pedro Ignacio Etchart. Uno de los secuestradores estaba armado con un fusil FAL, otro con una pistola 9 milímetros y el tercero con una calibre 45. Los tres lo tiraron a la calle y lo llevaron a un cajero automático. Allí, una cámara registró a Peñaflor mientras sacaba 800 pesos. El rescate total fue de 27.000 dólares y lo pagó el cuñado del cautivo. Etchart estuvo secuestrado hasta las 21.30 de ese día. Lo pasearon por Derqui y lo soltaron detrás del cementerio de Boulogne.
En principio la policía detuvo al remisero de Boulogne Gerardo Facundo Flores Sánchez, porque manejaba un Ford Galaxy y comenzó a investigar las llamadas realizadas desde su teléfono celular. Pero el chofer de la agencia Acuario quedó en libertad por falta de mérito, porque el vehículo involucrado en el secuestro era otro, dijo a LA NACION Horacio Mengoni Marín, abogado del remisero. Las llamadas realizadas desde el teléfono y la remisería siguen bajo investigación.
Hay más: los pesquisas también sospechan que la banda perpetró, en las últimas semanas, al menos otros dos secuestros: el de una persona de apellido Pasman, que sería pariente de un secretario del fiscal general federal de San Martín, Pablo Quiroga, y al diseñador de veleros Germán Francisco Frers.
Por el caso Ramaro hay un detenido: Leandro Darío Santos, de 29 años, y la plata pagada por los rescates no se recuperó. Santos cayó preso cuando se tiroteó con la policía tras cobrar el segundo rescate (US$ 50.000) pagado por la libertad del muchacho de Tigre.
Santos iba en un Mercedes-Benz azul metalizado, con otros dos secuestrados en el baúl, cuando llegó a la villa Cri Cri de Garín y se encontró con la policía, que estaba buscando datos sobre Ramaro. Se enfrentó con los uniformados y sus dos cómplices dispararon a la policía con un fusil M16 y un AK 47. Ambos huyeron, aunque están identificados y son conocidos por los alias de Indi y Pinino, dos marginales del norte del conurbano.
Relaciones con el hampa
Tanto “Hígado” Muñoz como “Pachu” Peñaflor tenían antecedentes, y habían estado ligados a otros pesos pesados: Gustavo Escobar Duarte y Carlos Cuesta Gatti. Estos últimos efectuaban secuestros exprés en el conurbano desde hacía dos años. Capturaron en 2003 al defensor oficial de Lomas de Zamora, Daniel Baca Paunero, y al gerente de Telecom Augusto Peña Robirosa. En octubre de 2003, Escobar Duarte y Costa Gatti fueron presos. Cuando eran trasladados desde la cárcel de Ezeiza en un camión del Servicio Penitenciario Federal escaparon en una confusa fuga que le valió una causa judicial a los guardiacárceles que debían cerrar el candado de las puertas de la Ford F-150. Costa Gatti estuvo un mes prófugo y Escobar Duarte fue detenido el 18 de marzo del actual por policías de la DDI de Lomas de Zamora que, vestidos como cartoneros, lo esperaron en la estación de Lanús.
“Hígado” y “Pachu” llegaban al norte bonaerense con una buena recomendación. Compartieron detenciones con Escobar Duarte. Peñaflor tenía relaciones con Ariel Villar Fernández, alias “El Corta”, hermano de Eduardo Norberto Fernández Villar, conocido en Tigre y en General Pacheco como “El Caja”. “El Corta” fue detenido por el secuestro de Cristina Taborda, esposa del director de la AFIP de Pergamino, que estuvo cautiva 15 días y fue liberada el 4 de febrero último, sin pagar rescate. Fernández ya había sido detenido por el secuestro de Facundo Laffont, el hijo de 14 años del ex capitalista de juego “El lujanero” Roberto Laffont.
Muñoz, Peñaflor y Escobar Duarte tenían un referente: Cristian Carro Córdoba, un conocido de la policía de quien se sospecha que puede estar detrás del secuestro de Ramaro y que es uno de los prófugos más buscados del país.
Carro Córdoba se mueve con facilidad en el partido de Malvinas Argentinas, donde tiene contactos policiales y políticos. Oficiales de la policía dijeron que en tiempo de elecciones se lo vio defendiendo, a tiros, las pintadas de su candidato. Cuando la Villa Hidalgo de San Martín era tolerada por la policía, buscaba refugio allí, pero cuando las cosas se complicaban huía a Gualeguay. Desde allí cruzaba a Uruguay y la Justicia investiga a un hombre de la Prefectura que le habría facilitado circular por la frontera.
Carro Córdoba, según la policía, tiene vínculos con “La Rubia” Rodolfo Lorhman Krentz, prófugo por el secuestro del joven correntino Cristian Schaerer, que sigue desaparecido desde el 21 de septiembre de 2003. Ambos robaron bancos juntos y compartieron la prisión. Ahora la policía cree que Lorhman está refugiado en una favela de Brasil, junto con Walter Palomo, su cómplice. A Lorhman tampoco le cuesta cruzar la frontera.
Caso Schaerer
Rodolfo Lorhman está prófugo por el secuestro de Cristian Schaerer, desaparecido desde el 21 de septiembre último. Su familia pagó rescate.
Caso Rodríguez
“Lala” López fue detenido cuando liberaron a Ernesto Rodríguez. “Jeta” Medina fue abatido ese día.
Caso Belluscio
Sergio “El Negro Sombra” fue detenido y se lo acusa del secuestro del estudiante Pablo Belluscio. Era cómplice de “Lala” López.
Caso Laffont
“Caja” Fernández fue detenido acusado de haber participado en el secuestro del adolescente Facundo Laffont.
Caso Ramaro
“Hígado” Muñoz y “Pachu” Peñaflor son dos de los cinco prófugos buscados por el secuestro del joven estudiante Cristián Ramaro, liberado el martes.
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