ORDENAN EVACUAR NUEVA ORLEANS POR LAS BUENAS O POR LAS MALAS
Las autoridades estadounidenses están decididas a desalojar, por las buenas o por las malas, a quienes se resisten a irse de Nueva Orleans. Es que las inundaciones provocadas por el furioso huracán Katrina podrían convertir la ciudad en un foco infeccioso. El Centro Nacional para el Control de Enfermedades confirmó la muerte de al menos cinco personas por una enfermedad bacteriana transmitida por el agua. Otras fuentes hablaban de diez muertes por esta causa.
“Esta gente no entiende que se está poniendo en una situación de riesgo”, declaró el responsable de la Policía, Edwin Compass, quien se mostró decidido a evacuar como sea a las cerca de 10.000 personas que se empecinan en quedarse en sus casas pese a las temibles condiciones sanitarias en que está la ciudad.
“Un grupo de hombres jóvenes armados con fusiles M-16 llegaron a mi puerta y me dijeron que me tenía que ir”, contó Patrick McCarty, dueño de varias propiedades en Nueva Orleans. “Aunque no te dicen que te van a arrestar, la inferencia es clara”, aseguró a la agencia AP.
La Policía tiene autorización para recurrir a la fuerza, después de que el alcalde, Ray Nagin, anunció el martes a la noche una nueva orden de evacuación obligatoria para todos los que hicieron oídos sordos a su primer pedido. También pueden forzar los desalojos los bomberos y los efectivos de la Guardia Nacional.
Se estima que unas 10.000 personas aún permanecen en la ciudad y se niegan a dejar sus viviendas por temor a los saqueos. Aunque las autoridades no especificaron los plazos para desalojar la ciudad, Compass dejó en claro ante los medios de prensa: “Los vamos a evacuar con o sin su cooperación.”
Desde la puerta de su casa, con agua y alimentos para un mes y un generador de corriente autónomo en funcionamiento, Dennis Rizzuto se niega a dejar la ciudad: “Tendrán que arrastrarme fuera de aquí”, desafió, sin hacer caso a las advertencias sobre epidemias.
La operación ya se puso en marcha, y por ahora no hubo problemas, según el capitán de la Policía Marlon Defillo, quien aseguró que sólo se aplicará la fuerza como “último recurso”. Es probable que las autoridades eviten llegar a ese extremo, pues no quieren ser vistas maltratando a gente que ya pasó por una prolongada situación de abandono tras el impacto de Katrina el lunes de la semana pasada.
El general que está al mando de los militares en Nueva Orleans, Russell Honore, explicó que sus hombres seguirán centrándose en el reparto de ayuda a los sobrevivientes. Y afirmó que cuando los soldados se encuentren en las casas con gente que necesita comida y agua, se la darán. El Ejército no sacará por la fuerza a estadounidenses de sus casas “ni los obligará a salir por hambre”, dijo. Según las autoridades, las aguas turbias y hediondas que cubren un 60% de las calles de Nueva Orleans tienen un altísimo nivel de productos químicos y bacterias, por la acumulación de basura y sobre todo, por los cadáveres en descomposición.
Tom Skinner, portavoz del Centro de Prevención de Enfermedades (CDC), informó que al menos cinco personas murieron en esta semana, una en Texas y el resto en Mississippi. En todos los casos fue por vibrio vulnificus, “una bacteria que se mete en el cuerpo a través de un corte, un rasguño o una herida, al hacer contacto con el agua”, explicó.
Más tarde, la cadena televisiva CNN informó que murieron cinco personas en Nueva Orleans, debido a las aguas contaminadas.
Pero ésta no es la única amenaza en esta ciudad, que hasta hace pocos días era un pintoresco centro turístico. No hay energía eléctrica y, aunque la policía detuvo a varios saqueadores, la paz aún está muy lejos. Versiones no confirmadas afirman que se registraron tiroteos, pero no hay noticias sobre víctimas.
Con todo, las autoridades y fuerzas de seguridad afirman que se están haciendo progresos en el ámbito de la seguridad y en la recuperación de infraestructuras, y que el nivel del agua ya descendió considerablemente.
Todavía no hay un balance oficial de víctimas, aunque todo parece indicar que el alcalde Nagin no se equivocó al decir, en varias ocasiones, que los muertos en la ciudad podrían llegar a 10.000.
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