ORTEGA YA SE SIENTE JUGADOR DE NEWELL’S
El Burrito le dio arranque a su ilusión de volver a ser feliz adentro de una cancha con la camiseta de Newell’s. La presencia de Ariel Arnaldo Ortega ayer en Bella Vista convulsionó al mundo futbolístico, resumido en la gran cantidad de medios periodísticos que concurrieron al entrenamiento, y a su vez hizo chocar todos los planetas que integran el universo rojinegro cuando finalizada la práctica dio a entender que ya se siente un jugador más del plantel del Tolo Gallego.
“Si en estos días se destraba mi situación con Fenerbahce y me habilitan para jugar, lo voy a hacer en Newell’s porque fue el único equipo que me hizo una propuesta”, fue lo más sustancioso que dejó la demorada conferencia de prensa del ex jugador de la selección.
Ante una pregunta de un cronista televisivo sobre si verdaderamente creía que las gestiones para destrabar su situación iban a llegar a buen término, Ortega contestó con un grado de rotundidad asombrosa: “Si yo no tuviera fe de que esto se va a solucionar, no estaría entrenando en Newell’s. Tengo mucha confianza de que finalmente voy a volver al fútbol vistiendo la camiseta de Newell’s”, agregó más datos a la causa de su regreso. Y después se despidió cumpliendo con la palabra empeñada de que no hablaría más de lo conveniente.
“Disculpen muchachos, pero no puedo hablar más. Cuando se solucione todo mi tema les contesto lo que quieran, pero ahora no”.
Pese a esta última gambeta, el día de Ortega como jugador de Newell’s arrancó a puro vértigo. Por la mañana sorteó sin problemas la revisión médica a la que lo sometió el doctor Astore y pasadas las 14.30 ya estaba al volante de su camioneta importada, en compañía de su coterráneo José Luis Almaraz, rumbo a la práctica.
Antes de que el Burrito hiciera su ingreso por la puerta del predio, un racimo de simpatizantes rojinegros lo estaban esperando en las afueras del lugar portando carteles con inscripciones de bienvenida, banderas y gorros.
Una vez instalado en Bella Vista, el Burrito se metió raudamente en los vestuarios y recién dejó ver su silueta junto al resto del grupo cuando Gallego reunió a todos a un costado de la cancha para la presentación oficial. La postal se completó con un entrada en calor, a la que el talentoso volante cumplió sin licencias, y otra vez todos al vestuario para continuar con una rutina de aparatos. Casi 45 minutos de espera y ansiedad, que fueron matizados con diálogos de ocasión entre los periodistas presentes que a esa altura no sabían si Ortega iba a romper su silencio.
El chico de la tapa volvió a escena acompañado de Jardel, Almaraz y el juvenil Calero. Después aprovechó un tiempito para bromear con el Tolo mientras el resto de la tropa ingresaba a la cancha, se prendió al habitual loco junto a Capria, Manso, Aguirrez, Steinert, Maidana, Melo y su inseparable guía Almaraz, y como frutilla del postre de una tarde inolvidable, dejó en evidencia que su magnetismo con la pelota no reconoce falta de competencia cuando participó en el fútbol informal que ordenó Gallego. Ahí, en esa parcela no apta para endebles, Ortega ya sentó jurisprudencia. Metió un par de goles en los arcos en miniatura, que despertaron los aplausos de los 250 hinchas que fueron a disfrutar de su regreso.
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