OTRA CONSECUENCIA DE LA INUNDACIÓN ES LA REPITENCIA Y APATÍA AL APRENDIZAJE
Veinte equipos de psicopedagogos y psicólogos trabajaron coordinadamente durante la emergencia hídrica en las escuelas que funcionaron como centros de evacuados. Pero posteriormente desarrollaron un proyecto para seguir trabajando con los damnificados, en especial los niños y adolescentes, cuando se produjo el retorno a las clases.
Entre las conclusiones a las que arribaron -y que motivan una segunda etapa de dicho proyecto- figuran el elevado nivel de repitencia que se dio al finalizar el 2003, y no sólo de chicos que estuvieron afectados por la inundación; la apatía frente al aprendizaje; y el incremento de situaciones de violencia.
“Se puede ver apatía frente al aprendizaje como un síntoma que se ha generalizado muchísimo y agravado, además de la violencia. Hubo un primer momento en que los chicos parecían como anestesiados, sin reacción, pero después empezaron a aparecer síntomas significativos en relación con los vínculos, como violencia y agresión”, aseguraron las psicopedagogas Adriana Redolfi y Judit Rodríguez, coordinadoras del trabajo en campo, integrantes del Colegio de Psicopedagogos.
Advirtieron que “sabíamos que esta situación iba a hacer resonancia en la escuela inmediatamente; en un principio porque no sabíamos si se empezaban las clases, después porque iba a ser para una parte y no toda la población. Por eso, ofrecimos una alternativa: que todos empezaran las clases lo más pronto que se pudiera, para retomar determinadas cosas y no para tapar las cosas sino para resignificar esta cuestión”.
SÍNTOMAS PREOCUPANTES
En relación con la repitencia de gran cantidad de alumnos, explicaron que “el docente trabajó, respetó y escuchó. Sabía quiénes eran los alumnos afectados por las inundaciones y los ayudó. Pero la repitencia no sólo afectó al alumno damnificado sino que fue más allá. Por eso debemos pensar que esta inundación nos tocó a todos”.
Sugirieron que “se debe analizar y repensar este tema porque aparecieron síntomas en relación con el aprendizaje que no tienen que ver exclusivamente con la catástrofe, ya que hay otros factores que intervinieron”.
En otro orden, las psicopedagogas advirtieron que “la escuela empezó a ser un espacio donde los chicos podían ir a hacer otra actividad, además de padecer el lugar de la inundación. Podían depositar la angustia de ver a los padres en el estado en que quedaron, por ejemplo. Los chicos decían que iban a sus casas y no tenían un lugar adonde apoyar los libros o donde guardar sus cosas”.
Asimismo, insistieron en que “las escuelas que quedaron a salvo pasaron a ser el único lugar donde las cosas se podían mantener en un cierto margen de normalidad. Iban a la escuela, al menos, a zafar de la situación familiar compleja. Además, algunos chicos pedían que les diéramos tareas o cosas que estudiar para olvidar y pasar el rato, mientras que otros se quejaban de que no tenían con qué hacerlo”.
DOCENTES DESGASTADOS
Respecto de la situación en las escuelas, las profesionales de la salud plantearon que “se pudo ver un desgaste en los docentes que estaban en los centros de evacuados, y el comienzo de las clases les implicó un mayor esfuerzo y volver a su rol académico, dejando lo asistencial”.
También comentaron que “el docente se hizo cargo de escuchar historias muy conmovedoras, tremendas y de mucha impotencia, cuando funcionaban los centros de evacuados. Posteriormente, el proyecto ofreció ese espacio de escucha para elaborar la situación traumática, destinado a docentes, padres y alumnos, a través de talleres”. Remarcaron que las escuelas a las que se asistió no tenían servicio psicopedagógico, motivo por el cual el trabajo fue más difícil aún.
El equipo de trabajo propuso al Ministerio de Educación y la Región IV una segunda etapa del proyecto, porque en el primero “se hizo una aproximación y se iniciaron algunas intervenciones, pero quedaron algunas cuestiones sin abordar por la falta de tiempo y de profesionales. Debería ser un proyecto a largo plazo, porque las secuelas se empiezan a ver ahora”, explicaron.
Agregaron que “no podemos pensar que en 4 ó 5 meses uno puede modificar absolutamente todo, porque además estamos hablando de escuelas de la periferia que ya tenían situaciones problemáticas muy puntuales, que no se llevó el agua sino que se profundizaron. No podemos ver los resultados ya, y por eso hay que darle un seguimiento, no para agudizar la cuestión patológica sino para poder hacer hincapié en rever estas situaciones y poder avanzar”.
Trabajo en campo
El trabajo tuvo lugar entre julio y noviembre de 2003 y consistió en un primer diagnóstico de la situación que encontraban en las escuelas-centros de evacuados y la posterior intervención, cuando se consideró necesario, al ser retomado el ciclo lectivo.
La actividad fue supervisada por el Colegio de Psicopedagogos, Ministerio de Educación y Región IV y luego fue evaluada por los directores de las escuelas donde se trabajó. También comprendió una instancia de capacitación en catástrofes para los psicólogos y psicopedagogos.
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