OTRA TORMENTA AMENAZA A PAÍSES DEL CARIBE
La tormenta tropical Beta, número 23 de una temporada que ya es récord, se formó ayer frente a la costa del Caribe de Nicaragua y los pronósticos indican que se convertirá en un huracán capaz de descargar fuertes lluvias en América Central.
Se preveía que Beta tocaría tierra hoy y que podrían acumularse hasta 51 centímetros de lluvia en algunas partes de Nicaragua y Costa Rica, además de Honduras y Panamá, ya afectados por las semanas de lluvias provocadas por los huracanes Stan y Wilma.
“Esas lluvias podrían provocar desbordamientos de ríos, inundaciones y deslizamientos, porque los suelos de muchas áreas del país están saturados de agua”, dijo José Ramón Salinas, jefe de la agencia de desastres de Honduras. Por otra parte, se advirtió que la tormenta podría convertirse en cuestión de horas en un huracán de categoría 1, con vientos máximos de hasta 119 kilómetros por hora.
El teniente coronel Rogelio Flores, segundo jefe de la Defensa Civil de Honduras, declaró que se preparaba el despliegue de unos 3000 efectivos militares hacia dos regiones de la costa Caribe, donde unas 100.000 personas que viven en zonas de riesgo podrían ser evacuadas.
De todos modos, un huracán podría resultar fatal para pequeñas aldeas de pescadores habitadas por tribus indígenas y descendientes de esclavos africanos, que están prácticamente aisladas a lo largo de la costa caribeña de Honduras y Nicaragua.
Beta amplió el récord de tormentas registradas en la implacable temporada de huracanes del océano Atlántico, que termina el 30 de noviembre. En lo que va del año se formaron 23 tormentas y 12 huracanes, de los cuales seis alcanzaron las categorías 3, 4 o 5, las mayores de la escala de intensidad Saffir-Simpson.
De esta manera se contabilizó la mayor cantidad de perturbaciones tropicales desde que comenzaron a efectuarse los registros, en 1851.
Los meteorólogos debieron cambiar al alfabeto griego los nombres de las tormentas, después de finalizar su lista anual de 21 nombres para la temporada con Wilma, que llegó a ser el huracán más intenso jamás registrado sobre la cuenca del Atlántico.
Wilma devastó la península mexicana de Yucatán y el sur de Florida, en Estados Unidos, y dejó 28 muertos en Florida, las Bahamas, Haití y México. El presidente norteamericano George W. Bush estuvo ayer en Florida y prometió una firme respuesta del gobierno a las regiones afectadas, donde miles de personas se muestran indignadas por la lentitud de los suministros.
Wilma también provocó graves inundaciones en Cuba. A tal punto que el gobierno de Fidel Castro aceptó la asistencia que ofreció Estados Unidos, según informó ayer el Departamento de Estado. Se trata de un cambio inesperado en la actitud del gobierno cubano, que siempre culpó a Washington de buscar la asfixia económica de la isla mediante un embargo que lleva más de 40 años.
“Creo que es la primera vez que (los cubanos) han aceptado una oferta de asistencia, al menos en la memoria colectiva del Departamento de Estado”, enfatizó ayer el vocero de dicho organismo, Sean McCormack.
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