OTRA VELADA DE BANQUETE NOCHERO EN EL LUNA PARK
“Prendé la luz que queremos verlas.” Seguramente, ése será el pedido de Mario Teruel al iluminador de la sala, cuando Los Nocheros se dispongan a continuar, desde esta noche, el ciclo de conciertos en el Luna Park, donde presentan su disco más reciente.
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El cuarteto salteño querrá verlas colmar el estadio una vez más, como en las funciones del último fin de semana. Querrá escuchar a las chiquilinas bulliciosas ubicadas en el fondo, en las populares. Querrá oler el perfume que se esparce desde la platea; el de las treintañeras y de las de más de cuarenta, que cuando llegan en grupo y copan varios asientos seguidos de una misma fila saben hacerse notar, aún más que las adolescentes.
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Quizás el mayor de los hermanos Teruel lance una pregunta socarrona: “¿Ni cuando duermen se callan?”, como lo hizo el sábado antes de preparar a la audiencia (charlatana pero no histérica) para una serenata. También es posible que los cantantes abran esta segunda tanda de recitales con “Solo pa´bailarla” en una versión (¿power chacarera?) diferente de la del disco, pero sin salir de la sintonía que mantienen con su público.
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Porque hasta ahora su popularidad no ha mostrado límites. La flamante producción discográfica “Estado natural” se publicó hace poco más de un mes y ya vendió 71.900 unidades. El disco en vivo grabado en el Teatro Colón, que salió para el Día de la Madre de 2002, alcanzó las 100.000 copias y el anterior, “Señal de amor”, superó las 250.000. Excepto por los casos de grupos como Bandana, surgidos en la televisión, es raro que los artistas argentinos alcancen en el mercado discográfico cifras de venta tan altas.
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“Pasan los años y los discos y nos seguimos comunicando”, dirá Mario. Y no se equivoca. Después de presentarse en Córdoba, con dos shows en el teatro Orfeo, la agenda para el Luna Park ya suma 9 funciones -también actuarán el 19 de octubre, Día de la Madre-. Además, el cuarteto quiere dar un recital en un estadio de fútbol de Buenos Aires antes fin de año.
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Música e imágenes
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Según el target nochero , la presencia masculina en los conciertos es minoritaria; por eso el mensaje destinado a los hombres es acotado. Aunque ellos también se llevarán lo suyo, especialmente con las imágenes proyectadas en una pantalla de formato cinematográfico. Durante este espectáculo, primero se verá la silueta de una bailarina; luego, planos muy cortos que recorren el cuerpo de una mujer casi desnuda. Aunque siempre con paneos que son más sugerentes que explícitos.
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Porque Los Nocheros siguen cuidando su imagen al máximo. Desde el mínimo detalle. Para el disco “Señal de amor” inventaron un logo que recordaba la señal luminosa de Batman. Ahora, las cuatro fotos estilo polaroid que acompañan el arte de tapa del último CD dan cuenta de la personalidad de cada integrante. Exponer las características individuales de cada uno es un recurso explotado por los grupos pop de varios cantantes que se mueven en el más alto nivel de la industria musical internacional.
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Los Nocheros quisieron ponerse a tono con el título del álbum “Estado natural”. De ahí que las fotografías muestren a Mario, nostálgico y nocturno; a Kike Teruel, el ser urbano; a Rubén Ehizaguirre, reflexivo pero “en paz”; a Jorge, el de espíritu libre y silvestre. Y como con éste y otros elementos, las personalidades ya están definidas, no hay riesgos de confundirlos. Por eso en escena pueden dar una imagen homogénea y sobria, bien plantados en el medio de un escenario y acompañados por un grupo instrumental casi escondido, como si estuviera en un foso detrás de los protagonistas.
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Así llegará el momento de las canciones que, en su mayoría, son del nuevo disco. La chacarera que da título a la placa, la balada “Cuando se enferma el amor”, las zambas “Nuestro secreto” y “Mírame”, los toques de bolero en “Este gran amor” y “Amor bonito”. Y para el final varios hits: las supermelosas “Roja boca” y “Entre la tierra y el cielo”, o la eufórica “La yapa”.
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El sonido de la banda y del cuarteto de cantores es muy ajustado. La performance, impecable. Sin novedades, se refugian un estilo vocal que les ha dado buenos resultados. Pero la experiencia, sin duda, los ha hecho cada vez mas profesionales. Hay muchos que intentan hacer chacareras poderosas que lleguen a los decibeles de un recital de rock. A pocos les sale. Los Nocheros tienen la capacidad de hacerlo y también pueden tomar algunos boleros para el bloque serenatero que, a pesar de la estridencia, interpretan con gran decoro. Manejan códigos con los que podrían seguir incursionando en el género (¿acaso estarán pensando en un disco de boleros?).
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Lo que todavía no parece estar a la altura del trabajo del grupo es la mayor parte del repertorio que lleva su firma. Con los años, desde la expresión folklórica desarrolló la canción romántica que hoy es una de las principales características del conjunto. Pero evidentemente no se acerca al nivel alcanzado por otros que también a partir de la música nativa abordaron esa veta. La dupla Jaime Dávalos-Eduardo Falú, sólo por mencionar un ejemplo. Ellos también hablaron de la figura femenina (“Tonada de un viejo amor”, “Simplemente mujer”) e hicieron de “Vamos a la zafra” una hermosa canción de amor. Dávalos y Falú fueron románticos y hasta eróticos, pero con gran vuelo.
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Claro que el público que sigue a Los Nocheros celebra la totalidad de la propuesta: el sonido, los aptitudes vocales, el repertorio y la imagen. Y ellos, durante estos días volverán a pronunciar los versos del tema “Defiéndete”, con los que se entregan por completo a ser banquete de una apasionada antropofagia (aunque no de manera literal, por supuesto): “Yo soy la cita a medianoche que te espera/ si no es así, tendrías que negarlo una y mil veces./ Que soy el plato fuerte que apeteces/ tu postre y ese vino que deseas”.
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Que las solteras que compraron entradas para alguno de los shows del sábado se pongan lindas porque ese día los conciertos serían grabados por Telefé para ser emitidos más adelante. Que las casadas mantengan un bajo perfil, no sea cosa que alguna cámara indiscreta las encuentre y luego lleguen los reproches de algún marido celoso.
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