Otra vez Gales
Los galeses que a finales del siglo XIX llegaron a la Argentina fueron avanzando desde el mar a la Cordillera. Por caprichos de nuestro itinerario, nosotros estamos recorriendo el trayecto a la inversa, desde Los Andes hacia el Atlántico. Independientemente de cómo se surque el pago, hay dos verdades insoslayables: la presencia para siempre de la colectividad y el trabajo que le han puesto a sus días en el sur.
A propósito, puede que todo esto se note mucho más en Gaiman, donde uno no necesita sentarse a tomar el te para convivir con la impronta de los “galenses”, tal como los llamaban los tehuelches, que por otra parte dieron nombre al pueblo. Este pueblo fue parido por el segundo contingente que llegó a la Argentina (1875) y fue además el primer municipio constituido en lo que por entonces no era una provincia, sino “el territorio nacional del Chubut”.
Y aquí están, apenas haciendo notar que pasó el tiempo porque el caserío inicial pasó a ser un pueblo de unos 7 mil habitantes, las construcciones en ladrillo cosido, los techos que para nosotros –que no escuchen los galeses- son “a la inglesa” o los coros masivos que son una tradición, casi tanto como la celebración del Eisteddfod de la juventud, que se conmemora cada año como en ninguna otra parte del mundo sucede.
“Eistddfod”, algo así como “estar sentado”, es un encuentro de canto, un pedacito de cultura que sobrevive con cada vez más adeptos. La ceremonia hace saber con su nombre que cuando hay alguien que canta, hay quien escucha respetuosamente y sentado. Y justamente, el elegido como el mejor, es coronado luego con un sillón que sabe a trono y que, en los museos de la zona, no puede faltar.
Pero no todo es Gales en Gaiman. Para estar a tono con el crecimiento de la zona, que desde hace buen tiempo es una escapada obligada para los amantes del turismo cultural, el pueblo invierte en infraestructura. Pablo González, ex integrante de la Cámara de Comerciantes Hoteleros, dice que “se está trabajando para que este lugar pueda albergar con capacidad hotelera propia a todos los que deseen venir”. Parece que no falta tanto tiempo para que suceda.
Gaiman es el pueblo que más tradición galesa conserva. Al partir, dice un fiel exponente de esa sangre que “un irlandés necesita de una pelea, una bebida y una mujer, en ese orden, para ser verdaderamente feliz. Es la rivalidad entre británicos trasladada al suelo argentino. Es la Patagonia, donde cualquier historia es posible. De no llevar uno varios días por la zona podría no creerlo.
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