OTRA VEZ HUMO NEGRO EN EL VATICANO: TODAVÍA NO HAY DEFINICIÓN
La segunda votación del Cónclave tuvo el mismo resultado que la primera: fumata negra. Los cardenales siguen sin ponerse de acuerdo y la Iglesia sigue esperando una decisión para conocer a su nuevo jefe.
Después de escuchar la misa en el pensionado de Santa Marta donde están alojados, los cardenales electores volvieron a votar hoy en la Capilla Sixtina para elegir al sucesor de Juan Pablo II. El Cónclave comenzó ayer por la tarde cuando los 115 cardenales decidieron efectuar la primera votación, en la que ninguno de los candidatos obtuvo los dos tercios de los votos.
El humo negro que ayer poco después de las 15 de Argentina salió de la chimenea instalada en la capilla indicó que aún no había Papa, y los cardenales concluyeron la jornada. Hoy volvieron a reunirse y se espera el resultado de las dos votaciones de la mañana. Si en las primeras no hay una definición, están previstas otras dos más para la tarde.
En una mañana de clima incierto, con nubes amenazantes de lluvia, los fieles volvieron a congregarse en la Plaza de San Pedro para ver si la chimenea arroja humo blanco después de una votación, en señal de que se ha elegido Pontífice.
Muchos de quienes llegaban a la plaza comentaban la emoción que sintieron ayer cuando creyeron inicialmente haber visto humo blanco, pero seguían dispuestos a esperar lo que fuera necesario para asistir al acontecimiento. “Esto es historia”, comentó Hernán Aracena, un venezolano de 19 años envuelto en la bandera de su país. “Cuando pase el tiempo, será uno de esos momentos en los que uno podrá decir que ‘estuve allí’”.
Después de la celebración de la misa, los cardenales de 52 países recorrieron el corto camino entre su alojamiento y la Capilla Sixtina, un tesoro artístico con frescos de Miguel Angel y otros grandes artistas renacentistas.
Para las primeras ruedas de votación, se necesitan 77 votos -dos tercios-, pero avanzada la segunda semana, si aún no hubiera decisión, los cardenales pueden decidir si optarán por mayoría simple, es decir, 58 votos, para consagrar al nuevo Jefe de la Iglesia.
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