OTRA VEZ, LA ARGENTINA QUEDÓ EN EL GRUPO MÁS EXIGENTE
El sorteo de la 41ª edición de la Copa América, realizado aquí, dejó una sensación amarga. Como en el último Mundial, Japón-Corea 2002, Argentina empezó a bailar con la más fea. Los rivales que faltaban —ya conocía a Ecuador— parecen, a priori, más difíciles que el resto: Uruguay y México. El torneo se jugará entre el 6 y el 25 de julio, en siete sedes.
Fue un argentino el encargado de dar la noticia: Norberto Alonso sacó las dos bolillas correspondientes al grupo B, que lidera Argentina. De esta manera, La selección de Bielsa jugará el miércoles 7 de julio ante Ecuador, el sábado 10 con México y el martes 13 frente a Uruguay.
Los dos primeros partidos los disputará en Chiclayo y el último en Piura. De ganar el grupo, en cuartos también jugará en esta ciudad.
El grupo A quedó integrado por Perú, Bolivia (jugarán el partido inaugural el 6), Colombia y Venezuela. En tanto que en el grupo C están Brasil, Chile, Costa Rica y Paraguay. Además del Beto Alonso, el brasileño Dunga y el anfitrión, Teófilo Cubillas, fueron los encargados de elegir las bolillas.
El sorteo, que pareció aceitado de maravillas, tuvo un trasfondo donde cada país defendió sus propios intereses. La reunión del Comité Ejecutivo de la Conmebol para tratar los detalles previos al sorteo parecía prolongarse eternamente en la noche del domingo, entre discusiones y presiones de una y otra parte. Hasta que llegó la solución gracias a la muñeca política de Eduardo Deluca, el secretario de la Conmebol que representaba a nuestro país ante la ausencia, por otros compromisos en Zurich, de Julio Grondona. Aquél dispuso que la selección de Bielsa juegue sus tres partidos de la ronda inicial en dos sedes, Chiclayo y Piura. Así se destrabó la situación, porque la intransigencia de Brasil para no abandonar Arequipa y la posición de Perú de utilizar siete sedes para la disputa de la Copa habían embarrado la cancha.
La reunión duró casi siete horas. La visita que al mediodía del domingo hizo la plana mayor de la Conmebol al presidente de Perú, Alejandro Toledo, agregó presión. “Me gustaría que se juegue el partido inaugural en Cusco”, les dijo el presidente a sus visitantes. Nadie quería asumir el costo de desairar al Gobierno, que aportó varios millones de dólares para reformar estadios y hacer posible el sueño de albergar al máximo torneo de selecciones de nuestro continente.
Brasil seguía firme en jugar sólo en Arequipa, porque eligió ir a la altura de esa ciudad, pero con la condición de no mover a su equipo.
Argentina ya sabía que iba a jugar sus partidos en Chiclayo. Pero Deluca negoció que el último partido de la clasificación se traslade a Piura, a unos 500 kilómetros de allí, que también será escenario de la Selección en cuartos si gana el grupo.
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