OTRO CRUCE EN EL GOBIERNO: AHORA FUE CON LAVAGNA
El Gobierno volvió a exponer en público sus rencillas. Cuando aún no se acallaron los ecos de la polémica entre el presidente Néstor Kirchner y el vice Daniel Scioli por los aumentos de tarifas, un nuevo tironeo —este por las obras públicas— quedó planteado ayer entre el ministro de Economía, Roberto Lavagna, y el titular de Planificación, Julio De Vido.
Tras reunirse con Kirchner, anoche De Vido desmintió dichos de Lavagna y negó que existan problemas presupuestarios para la ejecución de las obras públicas.
“Hay plan y ritmo de obra pública”, aseguró el ministro de Planificación, y anticipó que en las próximas semanas el Gobierno hará anuncios escalonados de los proyectos que se pondrán en marcha en lo que resta del año, por un total de $ 1.100 millones. Lavagna, el día anterior y ante empresarios, había dicho que no había dinero para completar esas iniciativas.
Lo sucedido tiene paralelo con la crisis de principios de semana. Scioli dijo el martes ante empresarios, en Tucumán, que las tarifas de luz y gas subirían en octubre, como paso previo a que se concreten inversiones. Enseguida fue desmentido por el Presidente, a través de su vocero. La relación entre ambos quedó fría, según se pudo palpar ayer (ver Críticas…).
Lavagna hizo lo mismo: ante los empresarios de AEA reconoció el jueves que “el presupuesto está muy limitado y sólo se podrán concretar algunos proyectos puntuales”. Según señaló el titular de Hacienda “varios proyectos previstos en el interior del país sólo podrán encararse si aparecen socios privados que estén interesados en su realización”. El encuentro era privado, pero los dichos trascendieron. Ayer, consultado por Clarín, el Ministerio de Economía no confirmó ni desmintió los dichos de su titular.
“Eso le pegaba de lleno a nuestra nave madre de la campaña electoral, el plan de obras —reconocieron anoche en la Rosada—. Por eso el tema se discutió en el viaje del Presidente al Paraguay, y el propio Kirchner le pidió, otra vez, a su vocero Miguel Núñez que saliera a aclarar la situación”.
Las aclaraciones de Núñez aparentemente no parecieron suficientes en Presidencia, y Kirchner citó al atardecer a De Vido a su despacho. Al salir, el ministro de Planificación, sin mencionar en ningún momento a su par de Economía, retrucó los límites que éste había puesto al plan de obras, que durante la campaña electoral se había cuantificado en $ 6.000 millones.
“Este gobierno supera los conflictos haciéndolos públicos”, dijeron entonces en Presidencia.
Escoltado por el secretario de Obras Públicas, José López; y pasadas las 8 de la noche, el ministro De Vido sostuvo en una improvisada conferencia de prensa que “el Gobierno trabaja a un ritmo acelerado para poder producir un anuncio por semana de obras viales, proyectos para la contención de inundaciones, construcción de viviendas, escuelas y ampliación de los servicios de agua y cloacas”.
El titular de Planificación buscó así desautorizar el planteo de Lavagna y tras ratificar la continuidad de las obras, sostuvo que “este Gobierno tiene una fuerte vocación de inversión pública que permitirá concretar los proyectos que apuntan a sacar las cosechas, viajar en rutas más seguras y generar puestos de trabajo”.
Según anticipó el ministro en la sala de periodistas de la Casa Rosada, en los próximos anuncios jugarán un papel destacado los bancos Nación, Ciudad de Buenos Aires y el BICE como agentes encargados de financiar los programas de obras.
Pese a las promesas de De Vido, hasta ahora el Gobierno sólo logró poner en marcha una serie de obras que habían sido diseñadas y tramitadas durante la administración del ex presidente Eduardo Duhalde. Entre otras iniciativas, De Vido anunció la restauración de la basílica de Luján, la repavimentación de casi 50 kilómetros de una ruta de Córdoba, la terminación del entubamiento del arroyo Cildáñez, la licitación de la interconexión eléctrica en la Patagonia y la reanudación de 18.000 viviendas que estaban paralizadas desde fines del 2001.
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