OTRO GRAN DESAFÍO PARA LA GENERACIÓN DORADA
No alcanzará con los nombres, el talento ni la experiencia. No serán suficientes el apetito, la buena preparación o la química del grupo. Tampoco, la mentalidad ganadora. Para conseguir la primera medalla de la historia del basquetbol argentino en Atenas, el seleccionado nacional necesitará de una altísima concentración y una entrega absoluta al sacrificio. De otra forma, le resultará difícil convertirse en esa maquinaria de funcionamiento aceitado y demoledor que no baja del podio desde 2001.
Concentración y sacrificio serán claves para lograr la sincronización de movimientos defensivos que se convierte en el arma más eficaz del equipo. “Sin una buena defensa, es imposible ganar”, dice Rubén Magnano, que teje estratégicamente una telaraña distinta para cada partido y según el rival. Una red que debe estar coordinada y funcionar de memoria. La defensa argentina necesita de solidaridad, criterio y velocidad para saber cuándo y cómo ayudar al compañero que fue superado por un rival. Si los jugadores están atentos, ese sistema se convertirá, como sucedió en el Mundial y en el Preolímpico, en la base de cada triunfo y le permitirá disimular la carencia de hombres altos.
A la concentración y el sacrificio para marcar, el seleccionado deberá agregarle paciencia e inteligencia para atacar, especialmente cuando los rivales utilicen la zona, una formación que siempre complicó a los equipos de Magnano. Sobran vías de gol y variantes ofensivas, mucho más ahora con Carlos Delfino y Walter Herrmann, dos brillantes definidores en el uno contra uno. Ni hablar de Manu Ginóbili o de Fabricio Oberto y Luis Scola. Si nadie se desespera por anotar y se cumple con la disciplina táctica, no habrá problemas para convertir.
Por suerte, el programa dispuso que el debut sea contra Serbia y Montenegro, un choque espectacular, cargado de connotaciones especiales, que se transformó en una verdadera revancha de la final del Mundial de Indianápolis. “Eso nos va a ayudar a estar metidos desde mucho antes de llegar a Grecia. Todos queremos el desquite de aquel robo”, afirmó Andrés Nocioni.
Los ex yugoslavos no llegan con su mejor formación, tuvieron lesiones y renuncias importantes. No estarán los NBA Vlade Divac (pasó de Sacramento a los Lakers), Darko Milicic (Detroit), Predrag Stojakovic (Sacramento) y Marko Jaric (Clippers); tampoco el experimentado Sasha Djordjevic. De todos modos, ellos tienen la fábrica de basquetbolistas de mayor calidad de Europa y presentarán una formación peligrosa, comandada por el fantástico Dejan Bodiroga. “Son los grandes candidatos a una medalla junto con Estados Unidos, Lituania, Grecia y nosotros”, dijo Pepe Sánchez.
Después vendrá España, con Pau Gasol (Memphis) a la cabeza y un equipo poderoso que asumirá el compromiso con respeto por el éxito que han tenido los argentinos en su tierra. Será elemental actuar sin soberbias ni liviandades.
Luego habrá que luchar contra China, peligroso por los contraataques, los triples y la estatura (2,25 metros) y soltura del pivote Yao Ming (Houston). Nueva Zelanda se parece a la Argentina: el equipo es disciplinado tácticamente, expone gran carácter y no se destaca por la estatura. Italia será otro escollo durísimo por su estilo fuerte, de roce físico, esquematizado en ofensiva y con hombres de experiencia.
Fundamental será para la Argentina no ocupar el 3er o 4to lugar (debe ganar tres o cuatro partidos) para evitar a los rivales fuertes (1º o 2º) del otro grupo en el crucial choque por los cuartos de final, que será “el día D, el que decidirá si se lucha por una medalla o del 5º lugar para abajo. Los candidatos más fuertes del otro sector son Lituania, por la calidad y envergadura física de su plantel; Grecia, porque sus aguerridos hombres saben aprovechar la presión que impondrá su público y EE.UU., que llega sin sus luminarias (O’Neal, Kobe, Kidd, McGrady, Malone, Bibby, etc.), pero tendrá el liderazgo de Tim Duncan y Allen Iverson, a quienes secundarán los novatos Carmelo Anthony y LeBron James.
“Tenemos hombres reconocidos; nos falta armar un equipo confiable; pero con Iverson y Duncan somos candidatos”, señaló el DT norteamericano, campeón con Detroit, Larry Brown. “Ahora, con tantas deserciones, ya no serán imbatibles, podemos ganarles”, dijo Fabricio Oberto sobre un posible cruce con el Dream Team.
El objetivo es una medalla que corone el proceso exitoso de Magnano y el de una generación dorada que espera cumplir su sueño. “Una mala noche nos puede dejar afuera. Hay que intentar que eso no pase. Somos equipos parejos y podemos salir tanto segundos como séptimos”, dijo Ginóbili. “Humildad e intensidad”, pidió Pepe Sánchez. “Sería bueno que alguna vez nos acompañe la fortuna, porque siempre tuvimos problemas o con arbitrajes, como en el Mundial, o lesiones”, clamó Oberto. Concentración y sacrificio para defender y paciencia e inteligencia para atacar, se pide desde aquí.
Allí va la Argentina, mirando el podio, sin descuidar nada y con unas disimuladas ganas de sorprender con algún destello dorado. El sueño todos.
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