OTRO INTRUSO QUISO ENTRAR EN OLIVOS
Esta vez, la seguridad presidencial funcionó. Un hombre de 35 años que intentó ingresar en la quinta de Olivos, en la tarde del 1° del actual, fue apresado por la policía bonaerense cuando estaba trepado en el muro que da a la calle Villate. Así lo informaron a LA NACION fuentes policiales, que calificaron al intruso como una persona “desequilibrada”.
Es el segundo episodio de esta naturaleza en la quinta presidencial, en poco más de cinco meses. El 24 de octubre último, un hombre, que aún no fue identificado, paseó durante varias horas por los jardines de la residencia y se fue sin que lo detuvieran.
A partir de ese hecho hubo importantes cambios en la protección del presidente Néstor Kirchner. La primera vez, la vigilancia fue sorprendida con la guardia baja. Desde aquel escándalo público aumentó el celo en la custodia, que es compartida por varias fuerzas de seguridad.
Y este incipiente intruso fue literalmente bajado del muro de la calle Villate por agentes de la policía bonaerense.
A las 17.30 del 1° del actual, el mundo estaba pendiente de las últimas horas de Juan Pablo II. Un hombre, desentendido de lo que ocurría en el Vaticano, caminó en Olivos por la calle Villate hasta la intersección con Rawson. Y ahí decidió ver otra cosa: el interior de la residencia presidencial. Así, decidido, se encaramó en la pared de dos metros de altura, pero no pudo hacer mucho más.
El policía bonaerense ubicado en uno de los diez puestos fijos de vigilancia dio el aviso sobre el sospechoso; llegó entonces una de las patrullas policiales asignadas a la custodia presidencial y atrapó al extraño sujeto, cuya única explicación para su actitud fue que “quería ver cómo era adentro”. El nuevo intruso fue detenido por algunas horas en una comisaría de Vicente López por intento de violación de domicilio.
Desequilibrado
A diferencia de lo ocurrido en el episodio de octubre último, a los encargados de las áreas de la custodia presidencial no les quedan dudas de que se trató, en esta ocasión, de una persona desequilibrada emocionalmente, por lo que no le asignan al hecho mayor importancia política.
En el caso del primer intruso, en cambio, hubo sospechas sobre las reales intenciones del hombre que rompió la seguridad presidencial por varias horas. La Justicia no avanzó en esa causa, como tampoco se profundizó la idea de crear un servicio especial de seguridad para el Presidente.
Si el intruso de octubre último expuso las deficiencias de la seguridad de Olivos, al punto de provocar relevos y cambios de funciones, este nuevo personaje, en cambio, se encontró con un fuerte incremento en la vigilancia del presidente Kirchner.
El primer cordón de la seguridad fue el que reaccionó al intento de irrupción. Ese sector está a cargo del comisario Walter Kasper, jefe de la División Seguridad Presidencial de la policía bonaerense.
Ahora son 100 hombres de esa fuerza los que se turnan por día para ser la primera red de contención en la quinta de Olivos, cuyo extenso perímetro externo cuenta con diez garitas de vigilancia, cuatro patrulleros asignados únicamente a esa tarea de custodia presidencial y tres grupos de policías que recorren a pie la zona.
El Ministerio de Seguridad bonaerense permitió el refuerzo de la custodia exterior de la quinta presidencial y estableció el aumento del personal calificado, al elegirse a los hombres de entre los egresados del primer curso de custodia y protecciones especiales que organizó la policía bonaerense.
Seguridad interna
Además de ese fortalecimiento del cordón externo, también fue consolidada la seguridad dentro de la residencia presidencial.
Un grupo especial de la Gendarmería está a cargo de la detección de explosivos y del chequeo general de vehículos y de mercancías que ingresan en la quinta de Olivos.
Estos hombres fueron asignados a fines de marzo para cubrir uno de los puntos en los que se detectaron ciertas fallas de seguridad. Los gendarmes se ocupan desde ese momento de impedir el ingreso en Olivos con algún explosivo, para lo cual emplean perros adiestrados y elementos de alta tecnología, como scanners para revisar bultos y cámaras especialmente diseñadas para verificar la parte baja de la carrocería de automóviles.
El Ejército mantiene la mayor responsabilidad en la protección en Olivos. Después del incidente con el primer intruso, las autoridades militares decidieron poner la seguridad en manos del mayor Carlos Ruarte, un oficial que antes de asumir ese puesto fue el jefe de la compañía de comandos 601, una de las unidades más preparadas del Ejército.
La fuerza de reacción interna en la quinta de Olivos es uno de los escuadrones de Granaderos a Caballo, unidad que no sólo cumple funciones protocolares de escolta presidencial, sino que tiene preparación para dar real protección física al Presidente. La agrupación custodia de la Policía Federal tiene a su cargo el control del anillo interior de la seguridad.
El 1° del mes actual no fue necesaria la acción de los perímetros de controles internos. La patrulla policial consiguió que el hombre curioso no se volviese otro molesto intruso.
La identidad del desconocido que ingresó en octubre último a la quinta de Olivos sigue siendo un misterio. El juez Juan Manuel Culotta interrogó a los testigos y a quienes estaban a cargo de la custodia de la quinta presidencial, pero no hay pistas para encontrar a esa persona que conmocionó a la seguridad nacional.
Fuentes del juzgado de San Isidro admitieron el mes último a LA NACION que será una misión imposible hallarlo. Pero en el caso del nuevo intruso, funcionó el flamante dispositivo de seguridad y se evitó que estallara otra crisis en las puertas mismas de la casa de Kirchner.
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