OTRO MAL TRAGO: UN CIERRE NEGRO PARA RIVER
La frustración no se puede ocultar. Hay quienes lo llevan mejor, hay quienes lo sufren más. No hay contención para tanto dolor. En un semestre con varios sinsabores, la última posibilidad para terminar el año riendo se le escapó de las manos a River. Ni esa última esperanza a la que se aferró el conjunto de Núñez le quedó bien. Todo mal: si hasta tuvo un hombre de más durante casi la mitad del partido, pero no lo supo aprovechar. Acaso hayan pesado más sus propias inseguridades. Y Cienciano, este equipo sensación, lo dejó sin nada. Lo venció por 1 a 0 y obtuvo el primer título internacional para un club peruano, en la tercera definición que juega un conjunto de ese país. Las sonrisas para River quedarán para otra ocasión.
El rendimiento del conjunto de Pellegrini fue de menor a mayor en el primer tiempo. En un desarrollo parejo, River tomó ventaja a medida que se dio cuenta que su rival era un equipo incapaz de herirlo; Cienciano era controlable desde la mirada defensiva.
Eso, incluso, sucedió a pesar de la influencia del público y de la guapeza con que tomó el partido el conjunto peruano. Además, la temprana lesión de Salas también conspiró contra River en los primeros minutos; por ello, el equipo millonario demoró un buen rato en asentarse en el campo de juego.
Apenas sobre la media hora se mostró firme. De allí hasta el final, sin grandes virtudes, fue claro que River era superior. Y gran parte de ello se debió a Marcelo Gallardo: inteligente, guapo, resistente a las patadas que le llegaron de todos lados. Se bancó todo el volante millonario, aun cuando se percibe que está en inferioridad física.
En todo caso, si a su equipo no le fue mejor en ese lapso fue por falta de compañía. Coudet estaba lento; Lucho González, impreciso; Mascherano se situaba muy cerca de los centrales; Maxi López embarulló más de lo que aclaró, y Montenegro nunca entró en sintonía.
¿Qué ofrecía Cienciano? Pues muy poco. Apenas el empuje del lateral Morán. Maldonado, el enganche, era muy intermitente en su juego. Así las cosas, a Carty se lo vio bastante aislado y los ataques frontales hicieron más sencilla la faena de los defensores argentinos. Acaso la única complicación hayan sido los avances por los laterales.
Pero River acumuló más y mejores oportunidades para abrir el marcador. De ellas, tuvo dos muy claras: la primera, a los 23 minutos, con un remate de Gallardo que alcanzó a desviar Ibáñez y pegó en el poste izquierdo. La otra, en el final, con un excelente envío de Gallardo para el cabezazo de González, que el arquero mandó al córner. La fortuna y la correcta tarea del guardameta le negaron la ventaja a los hombres de Pellegrini.
Tras el descanso, el encuentro se volvió más ordinario, peor jugado, y más parejo. Ya no se mostró River como el más cercano al gol. Y un hecho, apenas comenzado el segundo tiempo, lo pudo haber beneficiado. A los seis minutos, Juan Carlos La Rosa se fue expulsado por doble amonestación (plancha a Coudet, en el primer tiempo, y patada a Ahumada).
Pero River desperdició esa oportunidad. Jamás fue capaz de hacer valer ese hombre de más que tuvo en el campo de juego. En buena medida porque el cansancio se acentuó en varios hombres y eso le restó creatividad al equipo.
Por eso, con muy poco, Cienciano llegó a la ventaja. Usufructuó Lugo con un tiro libre, que se filtró por la barrera millonaria. Y allí todo se acabó. Pedirle más fuerza a un equipo golpeado como el de River era imposible. Se lanzó, pero no supo cómo. Cienciano logró una victoria histórica para su país. Y River se quedó con un trago amarguísimo, que le empaña el final del año. En un segundo semestre para el olvido, ni el tiro del final le salió a los millonarios.
El calvario de Salas no cesa
Mala racha. No hay caso para Marcelo Salas. Está perseguido por las lesiones. El delantero chileno se retiró a los 16 minutos del primer tiempo, con una contractura en el isquiotibial izquierdo, producto de un golpe recibido a los 5 minutos, a la salida de un córner. Salas intentó seguir por todos los medios, pero fue en vano y debió ser reemplazado por Montenegro.
Desde que regresó a River en julio último -había sido operado de los meniscos de la rodilla derecha-, el Matador la pasó muy mal. De entrada fue aquejado por contracturas y a fines de agosto se desgarró el bíceps femoral de la pierna derecha, la misma dolencia que volvió a sufrir sucesivamente en octubre y en noviembre y que lo privó de continuidad.
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