OTRO VIAJE ESTUDIANTIL TERMINÓ EN TRAGEIDA: MURIERON TRES CHICAS
Empezaba el soñado viaje de fin de curso para los chicos de 9° año (el último del ciclo básico) de la escuela Martha Salotti, de Guernica, partido bonaerense de Presidente Perón, cuando sobrevino la tragedia.
Tres alumnas murieron y otros 23 estudiantes sufrieron heridas de distinta consideración al volcar en un canal de riego el ómnibus que los transportaba al embalse Valle Grande, donde pensaban pasar el primer día de vacaciones junto al río Atuel.
Ocurrió ayer, a las 11.05, en el cruce de la ruta provincial 173 –comunica San Rafael con Valle Grande– y la calle La Primavera, en el distrito rural de Rama Caída, unos 16 kilómetros al sur de esta ciudad.
Allí, donde el camino tiene una curva muy cerrada antes de un puente que cruza el canal, el chofer Sebastián Marinelli no pudo mantener la dirección del vehículo y repentinamente salió de la calzada. En el intento de enderezarlo, el rodado –un Mercedes-Benz modelo 1998, de dos pisos, de la empresa Esmimar– dio violentamente contra un árbol y volcó sobre el canal.
En el accidente perdieron la vida Nadia Páez, Dulce Paz Ayala y Lucrecia Sánchez, las tres, de 15 años. El golpe fue tan violento que las jóvenes fallecieron en el lugar. Sus compañeros Guillermo Campero y Nancy Molla y el chofer Marinelli quedaron internados por presentar traumatismos de cráneo y lesiones en brazos y piernas.
El jefe de guardia del hospital local Teodoro Schestakow, Darío Bayón, informó a LA NACION que “los pacientes que fueron internados permanecen en observación y tienen un pronóstico favorable, con posibilidades de recibir el alta médica en 24 horas”.
También fueron atendidos en la guardia del hospital los siguientes alumnos de la escuela general básica: Pablo Bresan, Leandro Córdoba, Paula Batista, Merina Corvalán, Tamara Durante, Ezequiel Enríquez, Mariel González, Germán Hubble, María Ibarreta, Daniela Maidana, Sebastián Marieles, Nancy Mola, Laura Montenegro, María Nelson, Alonso Núñez, Adriana Poblete, Ernesto Rodríguez, Ana Rolin y Daniela Telmo.
Fuentes policiales consultadas por LA NACION informaron anoche, al intentar explicar las causas del accidente, que la hipótesis más firme se orienta hacia la posibilidad de una falla humana y no de un desperfecto mecánico.
Al parecer, el chofer no habría podido dominar el pesado vehículo y al tomar la curva la inercia propia del ómnibus en marcha lo desplazó fuera del camino hasta hacerlo caer en el canal, de unos 3 metros de ancho.
Las mismas fuentes indicaron que en el lugar había buena visibilidad, en un día soleado y con poco viento.
La hora del horror
Gritos de dolor, pedidos de auxilio y escenas de confusión ganaron el interior del micro tras la colisión. Muchos chicos fueron presa de un estado de shock nervioso al ver cómo retiraban los cuerpos sin vida de Nadia, Lucrecia y Dulce. Por esa razón debieron ser tratados en la guardia del hospital, donde les administraron calmantes.
Minutos después comenzó el operativo de emergencia para rescatar los cuerpos de las infortunadas pasajeras y asistir a los heridos.
Bomberos, efectivos de Defensa Civil, ambulancias y numerosos móviles policiales se concentraron en el lugar para trasladar a los lesionados al hospital de la ciudad. Previamente se dispuso cortar el paso de agua del canal -de no mucha profundidad, pero sí de flujo constante- para facilitar el retiro del ómnibus.
La mayoría de los heridos presentaron cortes superficiales y excoriaciones, por lo que fueron dados de alta en pocos minutos. Precisamente gracias a que no fueron más los casos graves la guardia del hospital Schestakow no fue desbordada.
Los sobrevivientes del accidente fueron trasladados al albergue del polideportivo municipal, donde la comuna de San Rafael envió dos psicólogas y una asistente social para contener a los jóvenes, que bien entrada la tarde aún no podían reponerse del impacto emocional que les había causado la tragedia.
También se mantuvo una ambulancia en el lugar, con una guardia médica para atender eventuales descompensaciones de los jóvenes.
En la puerta de entrada en el polideportivo se instaló una guardia policial que impidió el ingreso de periodistas. La orden, según informó el policía apostado en el lugar, era evitar todo contacto con los periodistas “para preservar a los menores de edad”.
Isabel de Estrella, la directora de Acción Social de la municipalidad de San Rafael, informó a LA NACION que “los chicos están muy golpeados. Perdieron a tres compañeras y se sienten muy dolidos e impotentes. Algunos están desesperados y muchos necesitan el servicio de las psicólogas”.
A poco de conocerse la noticia del accidente, los teléfonos celulares de los estudiantes comenzaron a sonar de manera incesante y rápidamente agotaron el crédito para el uso de sus aparatos. La comunicación con sus familias era la prioridad por esas horas y al promediar la tarde todavía recibían llamadas en las que sus interlocutores les pedían que explicaran cómo se encontraban.
“Hasta uno de los profesores, que parecía el más entero, se quebró cuando llegamos al polideportivo”, dijo Estrella.
Al caer la noche se esperaba la llegada al aeropuerto local de un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea que, por disposición del propio presidente Néstor Kirchner -dio la orden antes de partir a Venezuela- voló desde el aeroparque Jorge Newbery, en la Capital, con una decena de familiares de las víctimas, hacia la estación aérea de esta ciudad.
Al cierre de esta edición se esperaba que en esa misma aeronave los alumnos sobrevivientes en condiciones de viajar regresaran a Buenos Aires.
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