PABLO TRAPERO, UN PRODUCTOR DE PELÍCULA
Tres semanas atrás, Pablo Trapero y su inseparable socio en la productora Matanza Cine, Hugo Castro Fau, viajaron al poderoso Mercado del Film en el Festival de Cannes. En distintos stands, cafés y hoteles de la majestuosa Croisette concretaron numerosas negociaciones para conseguir financiación extranjera no sólo para el inminente nuevo rodaje que emprenderá como director el aclamado responsable de “Mundo grúa” y “El bonaerense”, sino también para otros siete proyectos nacionales e internacionales en los que la ascendente empresa del dúo está participando.
Ya de regreso a Buenos Aires, Trapero se reencuentra con LA NACION en las oficinas que Matanza Cine posee en Palermo Viejo: una coqueta casona reciclada que en sus múltiples ambientes es sede de una frenética sucesión de reuniones, pruebas de casting, trabajos de edición y movimientos de equipos.
Apenas cuatro años pasaron desde que este director nacido en 1971 intentaba terminar a pulmón y estrenar una pequeña película filmada en 16 milímetros y en blanco y negro llamada “Mundo grúa”. El sorprendente éxito tanto en el ámbito local (más de 80.000 espectadores tras su multipremiado paso por el Festival de Buenos Aires) como en el exterior (se estrenó comercialmente en casi toda Europa y fue galardonada en muestras como las de Venecia, Rotterdam, La Habana, Toulouse y Friburgo) convirtieron a Trapero en uno de los referentes insoslayables de la denominada “nueva ola” del cine argentino junto con Martín Rejtman, Lucrecia Martel y Adrián Caetano. “Con el guión de “Mundo grúa” apliqué para cuanto concurso, beca o subsidio se anunciaba en el mundo y perdí en todos. Nadie quería financiar la historia de un gordo que no tenía trabajo”, recuerda el director.
Hoy, las cosas son diametralmente distintas para Trapero: para “El bonaerense”, su segundo largometraje estrenado en la edición 2002 de Cannes, visto en los cines argentinos por más de 250.000 personas y con una importante carrera comercial en desarrollo (se lanzó con éxito en Francia en abril último y ya tiene su salida confirmada en mercados como el español o el norteamericano), contó con aportes de importantes productoras y organismos extranjeros. Actualmente, asegura, puede trasladar toda la experiencia y los contactos cosechados en estos últimos cuatro años a los proyectos propios y ajenos que maneja Matanza Cine.
Si bien la prioridad actual de Trapero es el rodaje de “Familia rodante”, cuyo inicio está previsto en principio para septiembre próximo, en su despacho se habla también de los nuevos proyectos de los argentinos Raúl Perrone, Albertina Carri y Enrique Bellande y de coproducciones con Brasil, Chile y hasta Bolivia (véase recuadro). “El ritmo de trabajo es incesante, agotador, pero afortunadamente encontré colaboradores en los que puedo delegar y así terminar el día no tan tarde para tener tiempo con mi hijo Mateo, de poco más de un año, y con mi mujer, Martina.”
La tarea de producir, de todas maneras, no es nueva para Trapero. Ya en 1996 fundó, junto a otros jóvenes directores, Cinematográfica Sargentina, una experiencia que define “más como un lugar de encuentro para un grupo de amigos que como un verdadero emprendimiento comercial”. Con esa empresa cofinanció films como “Pizza, birra, faso”, de Bruno Stagnaro y Adrián Caetano; “Bonanza”, de Ulises Rosell, y “El descanso”, de Rosell, Rodrigo Moreno y Andrés Tambornino. En 2001 también se asoció con Martín Rejtman y Hernán Mussalupi para ayudar a Lisandro Alonso a concretar “La libertad”.
Televisión y documentales
Dispuesto a profesionalizar de forma definitiva su tarea de productor, Trapero invirtió en plena crisis del corralito financiero todos sus ahorros en la creación de Matanza Cine. La infraestructura de su nueva compañía le permite a Trapero darse lujos como concebir una edición de lujo de “El bonaerense” en DVD o probar suerte con otros emprendimientos, como “Sarasa”, piloto para televisión que él mismo dirigió y que tiene como protagonistas a todos aquellos que viven de la muerte: desde médicos de emergencia hasta forenses, pasando por funebreros, floristas, choferes de ambulancia, carpinteros de cajones o enterradores. Este proyecto todavía no encontró un lugar en la TV local, pero fue exhibido hace pocos días en el Malba junto con “Naikor”, un falso documental sobre los trabajadores portuarios y un fisicoculturista realizado hace un par de años por encargo del Festival de Rotterdam.
Sin pantalla chica
Trapero admite que ha sido tentado en varias oportunidades por las principales productoras televisivas locales (Ideas del Sur o Pol-ka), pero que no tiene “la flexibilidad suficiente como para trabajar con los temas, los actores de moda, la dinámica narrativa y los tiempos tan vertiginosos como los que se exigen hoy. Además, a mí nunca me interesó esa masividad instantánea que te puede dar un ciclo exitoso ni ser tan prolífico como, por ejemplo, lo es Caetano”.
Sin embargo, Trapero se ha mostrado como un excelente negociador de asociaciones y sinergias. En este sentido, su acuerdo con el sello Pol-ka, de Adrián Suar, que se inició con “El bonaerense”, ha generado más de un resquemor (¿envidia?) en el ambiente más puro del cine independiente. “Ellos tienen lo que se llama una opción para todos los proyectos de Matanza. Eso quiere decir que son los primeros a los que les presentamos nuestras ideas. A veces les interesa y deciden participar de alguna manera, y en otras, como es el caso de “Familia rodante”, prefieren no sumarse, ya que no les interesa el perfil, la temática o los actores que yo elijo.”
“Familia rodante” es un viejo guión -incluso anterior a “Mundo grúa”- que en su momento no consiguió interesados en financiarlo. Las cosas cambiaron y hoy Trapero puede encarar con cierto desahogo esta historia “sobre una abuela que es elegida como madrina de bodas por una joven sobrina de su pueblo natal. La familia numerosa la acompaña a bordo de una casa rodante en una intensa y extraña road-movie por el litoral argentino”. En el elenco del film, que estará constituido por actores en su mayoría desconocidos, podrían aparecer desde la propia abuela de Trapero (a estas alturas actriz fetiche del nieto) hasta su hijo Mateo. “Estar rodeado de mi propia familia -asegura- es una de las constantes de mi carrera, Puedo ser ahora el más profesional y exigente de los directores, pero trabajar con un entorno en el que están parientes y amigos me permite conservar un sesgo artesanal, cierta sensibilidad y un cable a tierra que no quiero perder.”
Este contenido no está abierto a comentarios

