PALITO ORTEGA Y LEO DAN DIERON UN CONCIERTO EN MIAMI
Recuerdo cuando era chiquito y lo imitaba a Leo Dan, es un honor para mí cantar con la gente que admiraba de niño”, bromeó Palito Ortega en un teatro de Miami abarrotado de gente, después de subir al escenario para cerrar un show nostálgico que tuvo a los dos argentinos como platos fuertes.
Cuatro mil personas (mayoría de colombianos y cubanos, y pocos argentinos), los aplaudieron de pie el sábado a la noche, en el James Knight Center, el mismo teatro que llenó Sting.
La hija de Ortega, Rosario, remera blanca con la palabra “Palito” en brillantina, hizo esa noche su tímido debut como corista. Mientras Evangelina Salazar se paseaba nerviosa detrás del escenario.
“Los padres de los jóvenes que nos van a ver han sido los motivadores de que los chicos conozcan nuestras canciones y gusten de ellas”, siente Leo Dan, quien tambien aprovechó para presentar al público su hijo, un trajeado Nicolas, 16 años. “Le va a hacer competencia a Luis Miguel, ya verán”, anunció orgulloso el santiagueño al final de su aplaudido set provocando que algunas fans maduritas se amontonaran adelante para sacarle fotos al adolescente. Leo Dan se paseó cómodo por su galería de hits, como Mary es mi amor, Cariño mío, Celia y Santiago querido.
“Creo que fue una etapa muy bonita de nuestras vidas”, dijo Leo Dan en referencia al título del show: “Los años felices”. Leo y Palito compartieron el escenario durante esta gira en Houston, Las Vegas, Los Angeles y Nueva York, donde se los bautizó “Los caballeros del amor”.
“No sé si estrictamente aquellos fueron los años felices”, reflexionó Palito. Y recordó los hitos de los 60, Club del Clan incluido. “Parece que fue ayer, ¿no?”, se lo escuchó en el micrófono. Mientras desde la platea aplaudían sus hijos Luis y Emanuel y su amigo Juan Alberto Mateyko, Palito se paseaba por sus clásicos, desde Un muchacho como yo a La Felicidad. También estrenó una canción compuesta para Celia Cruz, y su Canción para la libertad, que dedicó “a los fusilados” después de llamar a Fidel Castro “loco”. Para el final se dejó Yo tengo fe, mientras el público lo despedía revoleando sus abrigos en alto, como si fueran los ponchos de Soledad.
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