PAMPURO CONSIDERÓ QUE EL VICARIATO CASTRENSE "NO ES INDISPENSABLE"
El ministro de Defensa, José Pampuro, consideró hoy que el vicariato castrense “no es indispensable” y se mostró en favor de que la situación generada en torno a las polémicas declaraciones del obispo Antonio Baseotto “vaya apaciguándose”.
“La vicaría castrense es una cosa que se puede evaluar si hace falta o no. Realmente creo que no es una cosa indispensable pero que, a juicio de tener una buena relación con el Vaticano, también hay que estudiarla delicadamente”, subrayó Pampuro en declaraciones formuladas luego de inaugurar un seminario en el Museo del Holocausto de la ciudad de Buenos Aires.
En ese sentido, Pampuro añadió que espera que la situación por el caso Baseotto “vaya apaciguándose” para que se arribe a una situación de “normalidad en poco tiempo”.
El ministro aseveró, por otra parte, que “no” existirá una vuelta atrás en la decisión del presidente Néstor Kirchner de desplazar de su cargo a Baseotto y aseguró que el obispo “ya no ejerce más el obispado castrense, pero puede seguir teniendo misas en otras iglesias”.
“Baseotto cometió un desliz, fue una frase no apropiada para el ámbito donde él está, que es obispo castrense. Eso ya es suficiente para condenar esa actitud”, afirmó Pampuro en referencia a las declaraciones del obispo castrense dirigidas al ministro Ginés González García por su postura sobre el aborto.
“Sería bueno revisarlo”
En sentido similar se había expresado ayer el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, quien, en declaraciones radiales, sugirió que el Gobierno analiza la posibilidad de rever el tratado firmado con el Vaticano en 1957 que estableció la creación del vicariato castrense. Consideró que esa institución “no tiene sustento real” y que “sería bueno revisarlo” como parte de “una relación amigable”.
“Hay acuerdos que son revisables; muchos de ellos fueron hechos en épocas de gobiernos de facto y, más allá de su institucionalidad [discutible o no], han quedado en la historia. No tienen hoy un sustento real. La vicaría castrense debería entrar en esa discusión”, aclaró ayer Oliveri.
Denuncia del Inadi
En tanto, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y Racismo (Inadi) dictaminó que el obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, cometió un acto de “discriminación” durante una homilía ofrecida en la Basílica de Luján, a fines del año último, al término de una procesión de miembros de Fuerzas Armadas y policiales hacia ese santuario.
Según el Inadi, en la homilía Baseotto expresó que “la exigencia de identidad brota de la situación histórica por la que pasa nuestra patria en un mundo globalizado y confuso. Y brota de nuestra fe. En Europa desdibujada en su identidad, que ha renunciado a sus raíces cristianas, el fenómeno musulmán produce un tembladeral y la lleva a una agonía inexorable, a un colapso como pueblo. Es hora de escarmentar en cabeza ajena y apostar por ser nosotros mismos”.
También sostuvo que “El coqueteo con una izquierda sin sustento ni prestigio después del muro de Berlín y del desguace de la U.R.S.S., las ambigüedades mezcladas de complejo de inferioridad de un pluralismo anónimo e indefinido, el propiciar un diálogo que concluye inexorablemente en renuncias claudicantes La denuncia había sido presentada por Miguel Monserrat, vicepresidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) el 7 de diciembre de 2004. En su dictamen 169/05, el Inadi sostuvo que hubo “un acto discriminatorio” al descalificar “el diálogo y el pluralismo, dos pilares fundamentales del régimen constitucional democrático”.
Carta de Sobisch
Por su parte, el gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch, expresó su respaldo a la posición del Episcopado en la polémica por los dichos de Baseotto, y abogó por la vigencia de un “disenso maduro y responsable en un ámbito de respeto y la tolerancia”.
Según se informó, en una carta dirigida al presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Eduardo Mirás, Sobisch criticó “el avance constante contra valores fundamentales como el derecho a la vida, el trabajo, la libertad, la protección de la familia y el respeto a las instituciones en la vida democrática”.
En este sentido, señaló que, precisamente, “el motor del proceso democrático es el debate, el libre intercambio de opiniones, el disenso maduro y responsable en un ámbito de respeto y tolerancia para la paz social”.
Además, en el texto dirigido a Mirás, advirtió sobre “la conjunción de elementos peligrosos, utilizados como armas para el debilitamiento y descalificación de las instituciones, como son la desigualdad, la pobreza, la exclusión y el deterioro de la educación”.
“El esqueleto de la organización social son las instituciones y, sin ellas, es impensable la vida en comunidad”, dijo Sobisch, quien sostuvo que, “si se ataca y desprestigia a las instituciones, de manera paulatina se comienza a quebrar el tejido social y aparecen nuevas formas de organización disfuncionales al sistema”.
En ese punto, resaltó el papel ordenador de la Iglesia en la crisis argentina, al destacar su actuación “en los momentos más difíciles y tristes desde la recuperación de la democracia”, y las mesas del diálogo social que impulsó en diciembre de 2001.
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