PÁNICO Y HERIDOS POR DOS CHOQUES DE AEROSILLAS EN EL CERRO CATEDRAL
Una veintena de personas de esta ciudad vivieron momentos dramáticos en el cerro Catedral cuando varias aerosillas chocaron entre sí. Hubo 17 heridos con distintos tipos de lesiones: fracturas, traumatismos de cráneo, cortes y golpes. Casi todos fueron bajados con sogas y arneses en un operativo que duró tres horas y que transformó a esa zona en escenario de película de acción. Un grupo de patrulleros trepó a los cables y se deslizó cientos de metros para auxiliar a los heridos, que fueron derivados a dos sanatorios.
Todo sucedió antes del mediodía en el área norte de la montaña. Según dijo la empresa concesionaria de los medios de elevación, Catedral Alta Patagonia (Capsa), en uno de sus escuetos comunicados, hubo “un fallo en una de las mordazas que fija la silla cuádruple a su línea en el tramo de subida entre las torres 6 y 7”. En realidad fueron dos las aerosillas que sufrieron ese desperfecto y seis las involucradas en el accidente. Un grupo de dos y otro de cuatro aerosillas quedaron pegadas, como si fuesen changuitos de supermercado.
En la primera viajaba Rodrigo Connor, un vecino de Bariloche que contó que la silla comenzó a hamacarse, vibrar y deslizarse por el cable cuesta abajo. “Dos de las personas que venían conmigo decidieron saltar, pero había unos ocho metros hasta la nieve, así que yo me agarré fuerte y esperé el golpe”, relató a Clarín. Los que saltaron sufrieron golpes menores, y Connor un golpe en la cabeza. Los de la aerosilla de atrás tuvieron menos suerte.
Ahí viajaba Luciana Santaya, de 20 años. Acostada en una cama del Sanatorio del Sol, con un yeso en la pierna derecha y suero en el brazo izquierdo, Luciana contó a Clarín que vivió “una pesadilla”. “Estaba soleado y subía con mi papá a la montaña. De golpe la silla de adelante empezó a hamacarse y se nos vino encima.” En la desesperación, Luciana levantó una pierna para frenarla. “Enseguida sentí un dolor agudo y me di cuenta de que me había quebrado.” Tuvo que esperar cerca de una hora hasta que la bajaron. Las radiografías determinaron que se rompió la tibia y el peroné, y es posible que deban operarla.
Florencia, su hermana de 15 años, se lastimó la cabeza y vivió momentos de gran angustia. “En mi grupo eran 16 personas enganchadas unas con otras, gritando por miedo a caernos o porque había gente con fracturas o cortes profundos”, contó.
Ella iba en el segundo grupo de sillas junto a Roberto Asenjo, un conocido instructor de esquí que tiene 79 años. Asenjo sufrió un fuerte golpe en la cara y un corte en la frente. Internado en el Sanatorio San Carlos, no salía de su asombro. “Fue muy impresionante la velocidad que tomaron las aerosillas —recordó—. Yo intenté parar a la de adelante con las manos, pero nos pegó un golpe terrible.” Con un pañuelo en la frente para detener la hemorragia, intentó calmar a los accidentados.
En la base del cerro los familiares de los heridos estaban furiosos con la empresa Capsa. Marcelo Santaya, padre de Luciana y Florencia, fue uno de los que aseguró que seguirá el tema en la Justicia: “Todos dicen que esta empresa no invierte, que no paga cánones y que no hay mantenimiento en los medios de elevación, y esto es un peligro porque cualquier día de éstos puede morir alguien.”
Ayer encontrar alguien de la empresa o algún funcionario provincial dispuesto a hablar después del accidente era imposible.
La concesionaria emitió dos comunicados breves con muy poca información. Santiago Lennon, jefe de Seguridad y Pistas, dijo a Clarín que tenía “prohibido” hablar. Pablo Vuotto, gerente de Coatur, el ente que administra el cerro, dijo a Clarín que “no se puede decir nada hasta que se terminen los informes técnicos”.
Quien aceptó hablar con Clarín fue el gobernador de Río Negro, Miguel Sáiz, quien aseguró que “si se prueba que la empresa Capsa incurrió en una falta grave podría rescindirse su contrato”.
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