PAPELERAS: LA ASAMBLEA DECIDE HOY SI SUSPENDE O SIGUE CON EL CORTE
Luego de seis días de intenso debate y uno de pausa, la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú y los vecinos congregados en el corte de la ruta 136 se aprestan finalmente a votar esta noche cómo sigue el conflicto. Las opciones son: continuar el corte como hasta hoy o bajarse al costado de la ruta y aceptar una suspensión sin levantamiento.
Las intervenciones del sábado indican que podría optarse por la suspensión, en respuesta al pedido del presidente Néstor Kirchner. En ese caso, hay nuevas opciones: abrir totalmente el tránsito o hacerlo selectivamente, deteniendo camiones que transporten materiales para la pastera Botnia; también, suspender por tiempo indeterminado o suspender por 48 a 72 horas.
En todos los casos se trata de decisiones que tienen como requisito que el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, pida, como primera medida, la paralización total de la construcción de la pastera finlandesa.
Cuarenta y cinco días de corte de ruta ininterrumpido han provocado, entre otras cosas, un cambio en la fisonomía de la Asamblea de Gualeguaychú. No es el primer corte para los vecinos antipasteras; hubo más de 20 previos. Pero, sí, el más largo, lo que ha generado algunos fenómenos distintivos.
Entre ellos, la gente que vive en el corte desde hace semanas. Custodian el lugar, reciben las donaciones, y la Asamblea histórica (ONG formalizada el 27 de agosto de 2005) les provee alimentos, luz eléctrica, televisión satelital y un teléfono celular para contacto permanente; se cavó además un pozo de agua potable, se instalaron baños permanentes con desagüe ecológico; hay carpas familiares y carpas multitudi narias para reuniones e incluso exposiciones artísticas, como se han hecho.
Luego, están los vecinos que llegan diariamente al corte; los asambleístas históricos que organizan la logística; los ciudadanos que pueden participar sólo de las asambleas nocturnas, los que pueden dedicar días completos sólo los fines de semana, o parciales, o los que apenas pueden concurrir días salteados.
Estas situaciones provocaron distintas visiones del mismo asunto: para unos (la mayoría) todos son iguales y tienen el mismo derecho. Es el sistema horizontal y de asamblea que ha guiado a los vecinos desde mayo de 2003. Para otros, las horas o días de permanencia sobre la ruta dan derechos.
Los integrantes de la Asamblea original, con tres años de historia en este movimiento, se han familiarizado con gestiones, recursos legales, etc. Sus planteos suelen ser más moderados que los de aquéllos que cuentan con uno o dos meses de antigüedad en la misma militancia. Pero, en ambos casos, hay excepciones.
Así, algunos liderazgos han cambiado. Hay análisis medulosos que despiertan aplausos cerrados. Pero los más efectivos suelen ser los discursos sanguíneos que encienden al resto, y deciden votaciones. Esas arengas se nutren del enojo concentrado y en ebullición por la falta de respuestas.
El 90 por ciento de los vecinos está dispuesto a que este corte sea, no el más largo, sino el último: el que logre las respuestas. Todo lo que se desvíe de esa expectativa es descartado.
En esta “nueva asamblea” sigue sin haber caudillos y sin haber “piqueteros”. De éstos, los diferencian los métodos, los fines, la organización.
Sí, hay nuevos rostros y nuevos discursos. Están los intransigentes y los negociadores, los viejos y los nuevos, los de la ruta y los que van cada tanto, todos mezclados. De los asambleístas históricos, varios retomaron las riendas en los debates esta semana.
Una suerte de simbiosis hace confluir a unos y otros en un ejercicio notable de entendimiento, aceptación y paciencia mutua, aunque falta, en ocasiones, más respeto por el disenso.
“Quedarse en la ruta y no poder hacer el estudio de impacto ambiental sólo favorece a Botnia y a ENCE”, aseguró el gobernador Jorge Busti, en una de sus reiterados pedidos de que se interrumpa la medida.
Esta noche, la asamblea deberá decidir, entonces, qué respuesta dar a los presidentes, que pidieron una tregua de 90 días.
El mayor esfuerzo ha sido puesto en la búsqueda de consensos y de propuestas que unan: “No queremos una votación 48 a 52 —afirman—. Queremos 90 a 10 por lo menos. Para que el frente siga intacto.”
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