PARA ALDO FERRER, LA PUJA DISTRIBUTIVA DEBE CONTEMPLAR EL INTERÉS NACIONAL
El experimentado economista le dijo en Buenos Aires a CASTELLANOS que la conflictividad laboral es razonable y que las negociaciones entre empresarios y empleados deben darse sin perder de vista la competitividad y el crecimiento de la economía.
Es uno de los economistas más experimentados de la Argentina. Con 79 años de vida lleva sobre sus espaldas una trayectoria que muy pocos pueden emular: fue ministro de Economía, presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires y de la Comisión Nacional de Energía Atómica, además de docente destacado de la Universidad de Buenos Aires y escritor prolífico, tareas estas últimas que continúa llevando adelante con notable solvencia.
En 1983, publicó “Vivir con lo nuestro”, un volumen que por los vaivenes de la historia del país terminó revelándose como anticipador, ya que planteaba la necesidad de frenar el endeudamiento externo y canalizar el ahorro interno para movilizar las inversiones y los procesos productivos. “Ya no hablamos más del riesgo país porque no nos interesa y no estamos pendientes de que nos traigan la plata de afuera para sacarnos del pozo. La plata ahora la estamos poniendo nosotros”, afirma más de veinte años después, al recibir en su estudio de Buenos Aires a CASTELLANOS.
La realidad le dio la razón porque luego del default y de que la deuda externa se tornara inmanejable, la economía no solamente volvió a crecer a un ritmo arrollador, sino que el Estado pudo cancelar obligaciones por más de 20 mil millones de dólares.
Ahora promueve, también desde un libro que se está convirtiendo en un éxito editorial, la firma de un acuerdo básico entre los dos sectores que motorizan el desarrollo económico del país y que fueron considerados erróneamente como antagónicos a lo largo del siglo pasado: el campo y la industria.
¿Cree que la denominada conflictividad laboral puede desequilibrar la economía?
Una de las cosas notables que se están dando en la Argentina, específicamente en el campo económico y social, es justamente la razonabilidad de los comportamientos de todos los actores. Incluso en una sociedad tan agraviada por la desigualdad, la injusticia, la pobreza, el desempleo y la concentración de la riqueza; el grado de conflictividad es muy razonable, dado que no se han registrado hechos de protesta a gran escala, aunque sí tensiones fuertes, lo que refleja que la sociedad alcanzó un grado de madurez importante que debemos seguir cultivando y promoviendo.
En la medida que ha mejorado el empleo, surgen demandas salariales comprensibles que en muchos casos se pueden pagar porque hay sectores en donde se ha registrado un aumento muy importante de la productividad.
¿Qué opinión tiene sobre los proyectos de reforma de la legislación laboral?
Todo esto forma parte de la puja distributiva y creo que debe ser manejado con la mayor sensatez. Hace falta una nueva legislación que garantice la seguridad social y los derechos de los trabajadores y que además sea consistente con la rentabilidad, el crecimiento y la generación de empleo. Tomando en cuenta esos parámetros, se pueden llegar a acuerdos razonables entre el sector empresario y los trabajadores.
El interés nacional debe estar siempre por encima de las pujas sectoriales, cuyos responsables deben entender que hay espacios para que todos ganen si es que actúan de manera razonable, caso contrario, no ganará nadie. Tenemos que seguir generando instancias de diálogo y entendimiento que crearán espacios de bienestar que ayudarán a desactivar los agravios del pasado.
¿Cuál es hoy, a su juicio, el punto más débil de la economía argentina?
El mayor interrogante que se abre está en la esfera política, donde uno se pregunta en qué medida sus actores serán capaces de encontrar los consensos básicos necesarios para consolidar todo lo que se ha venido logrando sobre la base de un sistema pluralista y democrático.
Todas las sociedades son políticamente conflictivas pero el oficialismo y la oposición deben ponerse necesariamente de acuerdo sobre las cuestiones básicas.
¿Cuáles son las claves del crecimiento económico argentino?
Después de la crisis el primer desafío que enfrentamos fue abrir los espacios de rentabilidad, más que recuperar el crédito. Lo verdaderamente importante era volver a crear condiciones en las cuales valiera la pena producir e invertir. La verdad que todo esto ha provocado un resultado extraordinario, con muy poco crédito que respecto del Producto Bruto Interno (PBI) se encuentra en el 9 por ciento, una cifra ínfima comparada con la de otros países donde alcanza el 50 o 60 por ciento.
El país ha crecido justamente porque se abrieron los espacios de rentabilidad. Las propias ganancias obtenidas de la producción han servido para financiar este proceso pero ahora hay que ampliar el horizonte de crecimiento y debemos recuperar el crédito.
Las tasas de interés en Argentina, si se las compara con las que rigen en otros países, no son malas y hay un margen entre las pasivas y activas que puede ser utilizado en beneficio de la producción.
Hacen falta líneas de créditos especiales como por ejemplo las que se implementaron cuando estuve al frente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, donde se creó una línea de apoyo para pymes innovadoras.
De todo modos, aún si crédito y sin aportes externos, la inversión aumentó a un ritmo notable porque a principios de 2002 la relación con respecto al PBI se encontraba en el orden del 10 por ciento y hoy se encuentra en el doble, es decir, arriba del 20 por ciento.
Lo más destacable es que esas cifras se lograron pagando deuda externa por un monto de 20 mil millones de dólares.
INTERÉS POR RAFAELA
Durante la entrevista con este diario, Aldo Ferrer admitió su interés por presentar su último libro, titulado “Campo e Industria, una relación difícil” y que publicó la editorial Capital Intelectual en la colección “Claves para todos” que dirige José Nun, en Rafaela, a la cual considera uno de los polos productivos más destacados del país por su dinamismo e innovación.
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