PARA EL ESTADO, LA FAMILIA CAPDEVILLA DEBE HACERSE CARGO DE LOS DAÑOS PROVOCADOS EN EL MÓVIL
La doctora Leyla María Perazzo hizo notificar a la familia Capdevilla sobre una resolución firmada por ella misma, en donde le informa a la última pareja del agente de la Guardia Rural sobre la necesidad de iniciar los trámites correspondientes para acceder a los beneficios previsionales pertinentes. Del mismo modo, la Resolución J.P.P (D5) Nro. 233, del 6 de junio –y a la que tuvo acceso Notife– recomienda a la familia del agente muerto la necesidad de extraer fotocopia de las actuaciones del expediente judicial “con el fin de dirimir por separado el trámite que corresponde llevar adelante en la faz administrativa por los daños ocasionados en el móvil 2434, perteneciente a la Dirección General de Seguridad Rural”.
Capdevilla apareció muerto con un disparo en la cabeza en la madrugada del 6 de agosto del año pasado, en un camino rural cercano a la localidad de Villa Trinidad, en el Departamento San Cristóbal. Los considerandos de la Resolución son altamente contradictorios ya que repite los mismos vicios que rodearon al expediente judicial, cuya investigación estuvo a cargo del Juez de Instrucción de San Cristóbal, Aldo Precerutti. Por ejemplo, la nota elaborada por la División Judiciales (D5) de la Policía Provincial, vuelve a remarcar el peor de los errores cometidos en el sumario prevencional: la existencia de una pistola 9 mm “entre la mano izquierda y el cuerpo del agente que estaba volcado fuera del móvil”. Sobre este punto hubo varias maniobras oscuras. La más grave, la extracción del arma del lugar del siniestro y su desaparición por varias horas.
La Resolución abunda en extractos del expediente que fueron, justamente, los más cuestionados por la familia del agente muerto. Por ejemplo, dice la notificación que “durante el trámite prevencional, recibida declaración testimonial del ciudadano Raúl Carruela, manifestó que esa noche, encontrándose de turno junto al agente Capdevilla, salió de la Sección 23, a las 23 horas en el móvil 3023 para cumplimentar un control vehicular en la intersección de las rutas 34 y 39, extendiéndose el operativo hasta las 2 horas, posteriormente y con el permiso del Sargento Graffioli, siendo las 3 horas, fue llevado hasta su domicilio, en el móvil 2434 por el agente Capdevilla, con el fin de buscar mediación”. Pero increíblemente – y párrafo siguiente- dice la resolución que “de los testimonios obtenidos se destaca lo dicho por el ciudadano Cristian Iván Riveri, en cuanto que el día 6 de agosto de 2005, siendo las 1.30 horas, estando en el local denominado “Espejo Bar”, de la localidad de San Guillermo, se hizo presente el agente policial Capdevilla y juntos bebieron dos o tres porrones, retirándose este último entre las 3 y las 4 horas con destino al boliche bailable Axis, existente en la misma población”. Ahora, si Capdevilla estuvo haciendo controles vehiculares en las rutas de la zona, ¿cómo pudo al mismo tiempo estar tomando porrones con un amigo?. Si el agente Capdevilla llevó al agente Carruega hasta su domicilio alrededor de las tres de la mañana: ¿Cómo pudo a la misma hora retirarse de un bar, rumbo a un boliche?. Este juego temporal pone en crisis, incluso, los principios aristotélicos.
Capdevilla, que era diestro, apareció muerto de un disparo en la cabeza, con dirección de izquierda a derecha, y arriba hacia abajo. El 2 de diciembre del año pasado, el juez de Instrucción de San Cristóbal, archivó el expediente 429/05, caratulado como “Capdevilla, Claudio Román Ramón s/ Suicidio”.
La Jefa de Policía de la Provincia solicitó además al Ministerio de Gobierno de Santa Fe, la baja del agente oriundo de Vera. Comunica a los “derechos habientes” del ex agente que pueden iniciar los trámites correspondientes con el fin de iniciar los trámites correspondientes a fin de obtener los Beneficios Provisionales pertinentes. El artículo 4to. de la Resolución propone “extraer las fotocopias de las actuaciones del presente expediente, a fin de dirimir por separado el trámite que corresponde llevar adelante en la faz administrativa por los daños ocasionados en el móvil 2434, perteneciente a la Dirección de Seguridad Rural”.
La última compañera del agente de los Pumas, Elvia Janina Fernández fue notificada 9 días después de la resolución firmada por Perazzo. El 16 de junio tuvo que comparecer ante las autoridades de la Dirección General de Seguridad Rural, en la localidad de Santa Felicia. “Explicáme que pasó, por qué me hacen esto”, le dijo Janina a un ex amigo de Claudio, en la puerta del Comando de Los Pumas. “No quiero saber más nada con todo esto, por favor, yo solo tuve que notificarte, pero para mí es una caso más”, le dijo el oficial a la mujer que tuvo un hijo con Capdevilla. Janina retrocedió la cabeza por la extraña respuesta, dio media vuelta y partió, ella misma con lágrimas en los ojos.
ALGUNOS PUNTOS OSCUROS DE LA INVESTIGACIÓN
Cuando Claudio Capdevilla fue encontrado muerto de un disparo en la cabeza en la madrugada del 6 de agosto de este año, en un camino cercano a la localidad de Villa Trinidad, en el departamento San Cristóbal. El vehículo policial que manejaba apareció patas arriba a un costado del camino y el cuerpo del agente recostado del lado del conductor, sobre el suelo. Tenía un disparo en la cabeza.
Doce horas antes, Aldo Ferrero, era excarcelado por el conjuez del Juzgado Federal de San Cristóbal, Hugo Rebecchi. Ferrero había sido detenido por Capdevilla el 17 de marzo de este año cuando, por un camino rural, intentaba cruzar por el norte santafesino 153,700 kilogramos de marihuana compactada en la parte trasera de una camioneta. Capdevilla y otros dos agentes se sintieron orgullosos por aquél operativo al punto que el agente muerto declaró tres veces ante el Juez Federal de Reconquista por el mismo caso.
Cuando el cuerpo de Capdevilla apareció muerto al costado de un camino en la geografía norteña santafesina, uno de los primeros en divisar el escenario de la tragedia fue un camionero, identificado como Herminio Malano, un transportista de la Cooperativa de Tamberos de Villa Ana, localidad cercana del lugar del vuelco.
Malano bajó “vió el auto patas arriba” y se limitó a escuchar el silencio de la noche. Esperando un quejido, un atisbo de auxilio o una voz. Pero no quiso comprometer más el cuadro. Llegó hasta el destacamento de la policía, ubicado a 700 metros del lugar, y avisó a los guardias sobre el hecho que acababa de presenciar. Los dos agentes fueron hasta el lugar, dialogaron entre ellos y fue allí cuando uno le pidió a Malano el teléfono celular para llamar hasta el destacamento, “necesito una campera y una linterna”, justificó el pedido uno de los policías. Así pasó, pero con un detalle: los policías declararon que se enteraron del hecho por un llamado anónimo al destacamento, pero en realidad, varios minutos antes, el camionero había informado personalmente lo sucedido. “No entiendo bien por qué se dijo eso, yo al juez le conté lo mismo que hoy le digo a usted, lo que no me acuerdo son los nombres de esos policías (…) yo declaré dos veces ante el juez, la segunda fue una ampliación de la primera. Yo ví el auto volcado y no ví el cuerpo del muchacho”, confió el transportista a Notife.
Increíblemente la familia Capdevilla se entera de lo ocurrido por un comerciante de Vera. “Mirá, me parece que tu hermano se mató en un accidente – le dijo un vecino a Yanina Fernández, pareja de Claudio – me lo acaban de decir un viajante que pasó por Villa Trinidad”. La familia no recibió ninguna comunicación oficial por parte de la Policía en las primeras horas. Cuando lo hicieron, le dijeron a los familiares que se trataba de un suicidio, con explicaciones poco convincentes. Algunas ensayadas fueron: “tomó esa decisión porque volcó el móvil de la repartición”, le dijo un jefe al padre de Claudio. “No podía moverse porque tenía dificultades en las piernas y en la columna –descartado en la autopsia donde se tomaron placas radiográficas – por eso efectúa el disparo con la mano izquierda”, expresó otro agente de “los azules”. Otro comisario fue más allá: “se suicidó por problemas pasionales y por estar alcoholizado”. Esta versión fue relativizada en el expediente ya que los testigos reconocieron el buen ánimo de Claudio y además todos dijeron que no estaba alcoholizado.
Pero el que superó todas las expectativas sobre el hecho fue el Jefe de la Unidad Regional XIII, Miguel Angel Piacenza, que se despachó con la sórdida especie: “primero se produjo el vuelco y después de disparó (…) cometiendo una falta administrativa se fue con el patrullero, estaba borracho y pasaba un mal momento sentimental, llevó a un compañero hasta Arrufó y al regresar se produce el hecho”, dijo sin empacho el Comisario, en diálogo con el periodista de Reconquista, Gustavo Raffin.
Cuando Claudio Capdevilla aparece muerto en Villa Trinidad, los primeros que llegan hasta el lugar fueron un policía de bajo rango, un médico llamado Claudio Raviolo y el Sargento Sergio Peralta. Eran las 6.45 de la madrugada del 6 de agosto. Recién una hora después lo vió el médico policial, de apellido Bazán. El doctor llegó, se agachó y vió de cerca el cuerpo y dijo a media voz “este se pegó un tiro”. El agente Volken y el Sargento Peralta asintieron. Peralta, el Sargento Fernández y el ocasional médico Raviolo fueron los únicos tres que le dijeron al juez haber visto un arma al costado del cuerpo de Capdevilla, entre le brazo izquierdo y la cadera del agente. Pero el arma luego se esfuma y aparece unas horass después para una muestra fotográfica ordenada por el juez. “La saqué para preservarla de los curiosos y para que no se la roben”, se justificó el Sargento Peralta ante Precerutti.
El martes 9 de agosto, las dos hermanas de Claudio Capdevilla y un cuñado del muerto se presentaron ante el juez. Le preguntaron por qué no se había constituido en el lugar, Precerutti hubiese sorprendido a un ingresante de Derecho: “no es necesario, confío plenamente en la actuación prevencional de la policía”, dijo. Estupefactos, los familiares preguntaron por qué no ordenó una autopsia sobre el cuerpo a lo que el magistrado argumentó que “no era necesario”, porque “se llegaría a la misma conclusión a la que arribó el médico policial”. Recién 12 días después ordena una autopsia a un médico forense de la ciudad de Reconquista, de apellido Maidana. El doctor expresó: “un juez no puede solicitarme una autopsia de esta forma, sin siquiera enviarme los elementos que son necesarios para realizarla”. Precerutti sólo envió un pliego con tres preguntas básicas, desoyendo el cuestionario de los abogados de la familia que exigían el esclarecimiento sobre nueve incisos. Maidana determinó que el disparo se había realizado de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo. Capdevilla era diestro.
Aunque el médico no pudo determinar con exactitud la distancia, pudo establecerse que el arma no estaba pegada a la cabeza. Las autoridades preventoras no pudieron encontrar el plomo del proyectil, por ello no se pudo determinar de qué arma provino el disparo. Sin embargo, la Policía rápidamente sostuvo que “se suicidó con su propia arma”(la reglamentaria, 9 milímetros).
La fotógrafa policial no pudo registrar con su lente el arma en un primer momento, sino algunas horas después, cuando la policía la convocó hasta el destacamento para fotografiarla, junto al teléfono celular (marca Nokia, modelo 1.100) que tenía en el visor un número de la agenda del agente muerto: “ABU PIKITO” y el número telefónico. Pikito era un amigo policía de Vera y Claudio intentó telefonear a su abuela antes de encontrar la muerte.
El expediente tiene testimonios contradictorios sobre puntos claves:
-Posición del cadáver.
-Existencia del arma junto al cadáver.
-Ubicación del arma.
-Nadie buscó el proyectil en el momento adecuado, sino un mes después del hecho.
-No existe un acta sobre el levantamiento del cadáver, no precisiones sobre las características que presentaba el mismo en ese momento.
-Nadie reparo si en el camino no había marcas de otros vehículos que pudieran haber participado del hecho. No se cortó el tránsito ni se precintó el lugar.
-No hay informes detallados del vehículo siniestrado, si existían huellas de sangre u otros rastros que pudieran ser de proyectiles en algún lugar del vehículo, incluido los vidrios.
-El primer informe de balística sobre el arma solamente se expide sobre si es apta para disparase normalmente. Recién un mes después se ordena una pericia sobre el casquillo encontrado.
AUTOPSIA DEMORADA
Cuando los médicos del Instituto Legal de Rosario se encontraron con el cadáver de Capdevilla no podían entender cómo se habían demorado tanto en la realización de una nueva autopsia. “Está muy descompuesto el cuerpo, será difícil ser exacto”, se confiaron los forenses, antes de examinar el cráneo. La autopsia duró siete horas. El 7 de octubre, el juez recibió las conclusiones: “Si bien el cuadro histológico no resulta categórico, la presencia de necrosis de coagulación y de mayor cantidad de material pigmentado parduzco en el orificio derecho y la presencia de esquirlas óseas, poseen material granular y de ausencia de necrosis del orificio izquierdo, hacen suponer que el orificio de entrada es el de la región temporoparietal derecho y el de salida el de la región izquierda”, dijeron los médicos. Pero aclararon: “No pude hablarse conclusiones definitivas, sino parciales”.
El informe de los médicos del Instituto Médico Legal de Rosario se contrapuso al del médico forense Maidana, pero la autopsia se hizo casi dos meses después, muy tarde para los científicos legales. Maidana además había pedido a un bioquómico que se practique una prueba de “dermotest” sobre el cuerpo de Capdevilla. El informe del Bioquómico, fechado el 18 de agosto y que consta en Foja 182 del expediente, determina que “el resultado en ambas manos es negativo”. El informe policial que encabeza el sumario prevencional dice lo contrario, pero no con contundencia: “el dermotest dio positivo en la mano izquierda y ligeramente en la derecha”.
FINALMENTE, EL ARCHIVO
Casi cuatro meses después de la aparición del cuerpo sin vida de Claudio Capdevilla se cerró el viernes 2 de diciembre del año pasado el expediente, que confirma la carátula inicial. De esta manera la justicia santafesina, en la figura del Dr. Aldo Precerutti, dictaminó que el policía de la Guardia Rural Los Pumas se suicidó.
El juez lo anunció minutos después de las 18 hs ese día, ante la presencia de siete periodistas de la zona. Como una muestra más de la desinformación que rodeó desde el inicio la investigación sobre la muerte de un agente de la Guardia Rural Los Pumas, el juez de Instrucción de San Cristóbal conovocó a profesionales locales a una improvisada charla en el Juzgado para brindar detalles sobre la Resolución judicial en relación a este caso.
Sin embargo, desde la Corte Suprema de Justicia de la Provincia, se había informado que, de acuerdo a lo conversado con el magistrado, no se contempló nunca realizar una conferencia de prensa para explicar los considerandos de la Resolución.
Fuentes judiciales y periodísticas de San Cristóbal le confiaron a este medio que Precerutti “llamó a varios medios locales para charlar sobre la finalización de la investigación”. Efectivamente así se hizo.
La investigación sobre muerte de Capdevilla siempre estuvo rodeada de vicios policiales y judiciales. Por ejemplo, el arma con la que se habría disparado fue retirada del lugar del hecho, no se necontró el plomo del proyectil y los más grave: el juez no se hizo presente en el lugar del hecho.
El caso, tuvo resonancia nacional por la oscuridad que rodeó a la muerte del agente. Además, las desprolijidades de la investigación inicial generó un pedido de jury de enjuiciamiento al Dr. Eduardo Luis María Fariz, quien era juez federal de Reconquista, actualmente suspendido en sus funciones por el Consejo de la Magistratura de la Nación.
Así, el juez Aldo Precerutti resolvió “disponer el cese de la instrucción, ordenar el archivo de las presentes actuaciones, notificar a los progenitores por medio de su representante legal y remitir las copias del expediente a la Fiscal ante la posible comisión de un ilícito por parte de Juan Manuel Maidana”.
Maidana fue el médico forense que realizó la primera autopsia sobre el cuerpo del agente de la Guardia Rural Los Pumas, quien apareció muerto en la madrugada del 6 de agosto de este año.
La resolución judicial expresó que “…la situación laboral en que se encontraba –era el tercer accidente con un móvil de la repartición en corto plazo-, los desencuentros amorosos que venía sufriendo desde un tiempo a esta parte, la alta graduación alcohólica que presentaba…, se convirtieron en un cóctel que lo determinó a descerrajarse un tiro con el arma reglamentaria que portaba”.
El magistrado descartó la hipótesis de homicidio de acuerdo a los informes periciales sobre los rastros de pólvora hallados en ambas manos del occiso; la inexistencia de impactos de bala en el automóvil que manejaba cuando falleció; como de signos de que otro vehículo hubiera provocado el vuelco; y de los testimonios de las personas que arribaron a la escena cuando ésta estaba aún intacta.
Por otra parte, solicitó investigar la actuación del Médico Forense de los Tribunales de Reconquista, Dr. Juan Manuel Maidana, quien realizó la autopsia cinco días después de haber sido ordenada, y cuyo desenvolvimiento pudo haber entorpecido las posteriores pruebas efectuadas por la Junta Médica Forense y por los peritos de la Morgue Judicial de la Nación.
La resolución judicial también descartó el testimonio de Andrea Ladner, quien declaró haber visto, desde 500 m. de distancia y a las 4.30 de la madrugada, perseguir a Capdevilla a un automóvil y a una motocicleta.
Dicho testimonio quedó desvirtuado, no sólo por la reconstrucción del hecho (realizado a la hora señalada por la testigo), sino porque en ese momento “Capdevilla se encontraba con vida en la localidad de San Guillermo, dentro de un local bailable, y así se mantuvo hasta aproximadamente las 6.20 de ese día”.
En cuanto a la hipótesis de que la víctima hubiera sido asesinada a causa de la función pública que cumplía, fue dejada de lado ante el testimonio de todos sus compañeros, quienes aseguraron que el hombre nunca había sido objeto de amenazas.
El juez destacó que “no sólo no existen denuncias de amenazas sufridas… sino que Claudio Capdevilla no tomaba precauciones en su vida cotidiana que hagan pensar en una persona amenazada… a tal punto que viajaba haciendo autostop desde San Guillermo a Vera y viceversa”.
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