PARA ESTE RACING EL EMPATE FUE UN ALIVIO
Esas imágenes postreras, en las que apareció Quilmes intensificando la búsqueda y Racing aguantando, sirvieron acaso para sintetizar el desarrollo: uno quiso y no pudo. El otro… El otro sigue a la deriva. Racing ya lleva diez partidos sin ganar en los últimos dos meses.
El equipo de Alfaro, un poco mejor estructurado, y empujado por su condición de local, apretó el acelerador en los tramos finales de la noche. Pero careció de definición. Y cuando quedó cara a cara con la victoria, como en esa llegada de Caneo a dos minutos del final, apareció Lucchetti (sucesor de Cuenca) para dejar el cero a cero en su lugar.
Y fue empate, nomás. Un empate que representa el primer punto en la era post Fillol ya que bajo el mando de Guillermo Rivarola el equipo de Avellaneda había perdido los dos primeros partidos. Un punto que, de todos modos, dejó un sabor amargo en esos hinchas que volvieron a pedir, tras el partido, “que se vayan todos”. Claro, ya pasaron 66 días desde la última victoria de Racing, cuando venció 2-1 a Instituto, de local, el miércoles 25 de agosto.
En un partido que nunca remontó vuelo, de entrada gobernó la inoperancia. Sin ideas, sin claridad, envueltos en imprecisiones, los unos y los otros, los de Quilmes y los de Racing, le habían dado forma a un primer tiempo pobre, que tuvo más insinuaciones que otra cosa. Y en ese contexto, había sido Quilmes el que había pretendido manejar el juego y había sido Racing un poco más incisivo a través de la clásica fórmula de los que esperan: el contraataque.
Por esa vía Lisandro López, tras una réplica bien armada, había exigido a Pontiroli, quien allá por los 18 minutos de juego tuvo que volar para echar la pelota al córner. Al fin de cuentas esa fue la jugada más peligrosa de todo un primer tiempo decididamente insulso…
Quilmes, sin el suspendido Nelson Vivas ni los lesionados Braña y el Chupa López, quiso mucho y pudo poco. Le faltó pro fundidad al equipo de Gustavo Alfaro. ¿Racing? Racing esperaba, trataba de salir esencialmente por el callejón de Pinola, pero entre las deficiencias propias y el campo resbaladizo, generar situaciones de gol se parecía a una utopía. Caneo en el local y Matute Morales en el visitante no aparecían y así no había conductores a la vista. Por eso bajaban a buscar el contacto con la pelota Carrario y Cigogna de un lado, y Lisandro López del otro. Porque ni Quilmes ni Racing construían juego en el mediocampo.
A medida que avanzó el complemento creció Diego Torres por la derecha. Fue el encargado de mostrarle el camino a Quilmes. Y Quilmes llegó. Con centros. Con cabezazos (uno de Alayes fue bien neutralizado por Lucchetti) y con remates desde afuera, como el de Andrés Pérez, que se perdió muy cerca del travesaño. En la última, ésa que Caneo perdió ante el arquero visitante, se apagaron las ilusiones de Quilmes. Y Racing se aferró al punto como quien se aferra a un pedazo de pan.
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