PARA GABO QUE MIRA POR TV
Es mejor decir niñera que baby-sitter. Gobernante es un término que puede aplicarse a una mujer, porque si se dice gobernanta se hace referencia a una ama de llaves. Libido no es esdrújula, es grave por lo que no lleva tilde.
Estas son algunas de las incógnitas que despeja el Diccionario Panhispánico de Dudas, obra que concluye un ambicioso proyecto de cinco años en el que trabajaron el Instituto Cervantes, la Real Academia Española y las veintidós academias de la lengua distribuidas en diferentes partes del mundo, que fue presentada ayer en el marco del III Congreso de la Lengua Española. El grueso compendio, que incluye 7 mil registros, recién llegará a las librerías en mayo de año que viene. Para sorpresa de los argentinos, la obra incluye algunos vocablos del lunfardo, entre ellos el término “telo”, que aparece como modismo para graficar albergue transitorio.
La idea de organizar una especie de manual que aclarara las vacilaciones más comunes de los hispanohablantes nació en el primer Congreso de la Lengua Española realizado en México. Paradójicamente, ese encuentro desarrollado en 1997 en Zacatecas es más conocido por otro dato: fue el marco en el que Gabriel García Márquez propuso “jubilar la ortografía”, a la que definió como “el terror del ser humano desde la cuna”. El colombiano, quien desde entonces no ha participado “por cuestiones de agenda” en las actividades de la RAE, fue protagonista de otra polémica hace apenas algunas semanas. Los medios de todo el mundo reflejaron las declaraciones de la subsecretaria de Cultura, Magdalena Faillace, quien aseguró a un diario español que los organizadores del Congreso de la Lengua habían pensado en invitar a García Márquez, a pesar de su “presencia bastante alborotadora” en Zacatecas, pero que luego las Academias “decidieron no hacerlo”. Esa versión fue desautorizada por el presidente de la RAE, Víctor García de la Concha, pero además fue relativizada por el premio Nobel de Literatura. Nadie sabe, sin embargo, si Gabo estaba al tanto de que en Rosario se presentaría el Diccionario Panhispánico de Dudas, algo así como una oposición formal y materializada a su original propuesta. “Simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros”, fue entonces la advertencia del escritor. En respuesta, seis años más tarde se edita una nueva “herramienta” que pretende “orientar de modo claro y unitario sobre la norma que regula hoy el uso correcto del español”.
El fantasma de García Márquez sobrevolaba ayer el escenario de El Círculo. “La idea nunca fue elaborar un libro de estilo, sino que se centrara en problemas grafemáticos de la lengua española: las mayúsculas, las minúsculas, identificar criterios en la toponimia”, aseguró al auditorio García de la Concha, como anticipando críticas. En el mismo tono, diferentes representantes de las academias de la lengua defendieron las normas como registro de las prácticas más que como reglamento y señalaron la intención abarcativa del compendio. “Este diccionario aporta el respeto a las normas regionales, la mayoría de las preguntas (y por lo tanto los artículos del diccionario) tienen que ver con el español general, pero su repuesta tiene que ver con normas particulares”, enfatizaron.
Este nuevo “instrumento de consulta que será de gran utilidad” fue alimentando con materiales tomados de gran banco de datos de la Real Academia Española, incrementado con las consultas que recibe el servicio llamado “El español al día” que atiende más de 50 mil requerimientos anuales. Representantes de diferentes regiones lingüísticas participaron en cinco reuniones al cabo de las cuales se elaboró el documento final que se editará con formato de libro en seis meses.
A la caza de americanismos: ya hay más de un millón de palabras
“La gramática está sustentada en una tradición que no debemos desmerecer. A partir del surgimiento de estudios críticos, es posible que ambas situaciones convivan. Además, la gramática debe seguir teniendo una intención normativa”, indicó Guillermo Rojo, secretario de la Real Academia Española, durante la presentación del proyecto del Diccionario Académico de Americanismos. Junto al funcionario estuvieron Humberto López Morales, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española y el mexicano José Moreno de Alba, director de la Academia Mexicana de la Lengua.
La importancia de este proyecto radica en que hasta la fecha no existe un diccionario de las dimensiones adecuadas para recoger la gran riqueza léxica del continente americano. “El lector de textos hispanoamericanos, sean estos de carácter literario o de cualquier otra naturaleza, no consigue decodificarlos adecuadamente por no encontrar las equivalencias necesarias en los repertorios existentes”, sostuvo Rojo. Además, reconoció que si bien el proyecto ya contiene más de un millón de palabras, la etapa actual asume como desafío “reconvertir esta base de datos en una entidad electrónica”. El catedrático comentó que con ese objetivo durante 2002 se aprobó el “proyecto lexicográfico integrado”. Consiste en la formación de una gran base de datos léxicos en soporte electrónico con todos los materiales que se estimen pertinentes, para seleccionar aquellos que correspondan a los diferentes diccionarios que elaboran las academias. Además de material escrito, allí se recopilan archivos sonoros.
Por su parte, López Morales explicó que la idea de elaborar un diccionario de estas características nació en el seno de la Real Academia a finales del siglo XIX. “Pero las condiciones entonces no eran propicias y sólo en 1996 nació el proyecto en firme. En 1998 se examinó y revisó todo lo relacionado con el proyecto, dándole la aprobación oficial”, indicó.
Finalmente, Moreno de Alba dijo que “el diccionario contará con la versión básica, de carácter electrónico, a finales de 2008”. Y, además del aporte de catedráticos de todas las latitudes, resaltó “el enorme apoyo de Repsol YPF” en esta empresa lingüística.
Un “jipi” que tiene el “pasatiempo” de jugar al “pádel”
Extranjerismos no, argentinismos sí. Esta consigna podría esgrimirse luego de la presentación del Diccionario Panhispánico de Dudas, que incluye el vocablo telo, y censura la utilización de voces extranjeras en casos como best seller (debe utilizarse superventas) y hall (recibidor, entrada o vestíbulo).
Desaconseja además la utilización de los términos hobby (afición o pasatiempo), lifting (estiramiento), look (imagen o aspecto) y sponsor (patrocinador).
La obra propone mantener la grafía original, pero con pronunciación a la española, en casos como gay, que debe pronunciarse “gai”.
Para otras palabras las academias prefieren “la adaptación de la grafía original para reflejar la pronunciación de acuerdo con el sistema gráfico español”: “Baseball” debe escribirse “béisbol” o “beisbol”, “paddle”, “pádel” y “hippie”, “jipi”.
Al menos en la Argentina, esto implica bastantes cambios en cuanto al uso habitual de este tipos de palabras. ¿Se cumplirá?
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