PARA LA CÍA, EL DESARROLLO MILITAR DE CHINA AMENAZA A WASHINGTON
El controvertido “eje del mal” que marcó toda la agenda diplomática y militar de la primera presidencia de George W. Bush sigue en pie y al frente de las prioridades de la Casa Blanca para los próximos cuatro años. Pero ahora podría incluir un nuevo y mayor factor de preocupación: la República Popular China.
Corea del Norte, Irán e Irak -casi dos años después de la invasión estadounidense- son los principales focos de preocupación para la administración republicana, admitió ayer el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Porter Goss, durante una audiencia en el Congreso, donde difundió el informe anual del organismo.
Pero en su primera aparición pública desde su designación, en septiembre último, Goss aportó un dato distinto. Estimó que el crecimiento militar de China es “una amenaza” para las fuerzas de Estados Unidos, mientras que consideró “inminente” que algún grupo terrorista complete algún ataque en suelo americano.
“Quizá sea sólo una cuestión de tiempo antes de que Al-Qaeda u otros grupos intenten utilizar armas químicas, biológicas, radiológicas o nucleares. Debemos enfocarnos en eso”, afirmó Goss ante el Comité de Inteligencia del Senado.
El jefe de la CIA no fue el único funcionario que ayer lanzó un nuevo alerta. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y el director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), Robert Müller, no se quedaron atrás.
Al igual que Goss, Rumsfeld compareció ante el Congreso, pero para defender los 419.000 millones de dólares previstos como presupuesto de Defensa, y afirmó que “los extremistas continúan conspirando para atacar otra vez”. “En este momento se están reorganizando, y nosotros también”, dijo Rumsfeld.
Müller optó por lanzar dudas sobre el verdadero alcance de los esfuerzos de inteligencia y contraterrorismo. “Me preocupa mucho lo que no podemos ver”, confesó, al admitir que podría haber células dormidas de Al-Qaeda en territorio estadounidense.
Goss también abordó las amenazas potenciales para los Estados Unidos en cada continente y región, de Bogotá a Pekín. Así, incluyó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) entre las organizaciones terroristas que podrían atacar sus intereses, ya que “poseen la mayor capacidad y el interés más claro de amenazar los intereses estadounidenses en la región”.
Por otra parte, el jefe de la CIA señaló que América latina “está entrando en un importante ciclo electoral en 2006” y que esta situación podría generar cambios o inestabilidades este año. “Varios países clave en el hemisferio podrían llegar a momentos críticos en 2005”, añadió, y destacó a México, Venezuela, Colombia y Haití.
Irak e Irán concentran, de todos modos, los mayores esfuerzos de inteligencia. El primero, explicó Goss, porque aunque el conflicto bélico en Irak en sí “no es una causa del extremismo, se ha convertido en una causa para los extremistas” islámicos.
El régimen de Teherán parece erigirse, en cambio, como la mayor amenaza en Medio Oriente, ya que apoya, financia o entrena a grupos extremistas y “continúa su búsqueda de misiles balísticos de largo alcance”, dijo Goss.
Pero las ambiciones nucleares no se reducen sólo a Irán. Corea del Norte -el llamado tercer vértice del “eje del mal”- ya tendría otros armamentos disponibles. “Creemos que Corea del Norte tiene programas activos de armas químicas y biológicas listas para ser usadas”, comentó Goss.
El jefe de la CIA aludió a otro foco de interés en Asia, más preocupante en el largo plazo. “La modernización y el fortalecimiento de Pekín podrían romper el equilibrio de poder en el estrecho de Taiwan -comentó Goss-. Y la incrementada capacidad de China amenaza a las fuerzas estadounidenses en la región.”
Mientras tanto, los costos crecientes de la lucha contra el terrorismo siguen en ascenso. La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, abogó ayer en el Senado por una partida presupuestaria de 5800 millones de dólares para ese destino, más otros 750 millones para respaldar a los países que también se involucraron en Afganistán e Irak. Esos fondos, si son aprobados, se sumarán a los más de 82.000 millones de dólares que Bush solicitó para financiar las operaciones en ambos frentes.
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