PARA LA JUSTICIA, LOURDES DI NATALE MURIÓ POR ACCIDENTE
Lourdes Di Natale no se suicidó, no fue asesinada, ni sufrió golpes antes de caer desde el décimo piso de su edificio. La ex secretaria de Emir Yoma, testigo clave en la causa por el contrabando de armas a Ecuador y Croacia, murió de manera accidental, en medio de una crisis nerviosa y con una alta dosis de alcohol en la sangre.
Con esta hipótesis, el juez de Instrucción Ricardo Farías acaba de archivar el expediente en el que se investigaba el hecho. “Si bien no puedo pasar por alto la estrecha vinculación de la fallecida con personas allegadas a la esfera del poder, la realidad indica que el fallecimiento acaeció cuando intentaba cortar el cableado del servicio de televisión por cable, tal como intentara hacerlo en reiteradas oportunidades”, resumió el magistrado en una resolución a la que accedió Clarín.
Di Natale —madre de una pequeña hija, fruto de su matrimonio con el penalista Mariano Cúneo Libarona— tenía 43 años. Como colaboradora estrecha de Yoma durante la década pasada, tuvo oportunidad de oír algunos de los mejores secretos del gobierno de Carlos Menem. El 1º de marzo de 2003 a las 9.45 de la noche, su cuerpo semidesnudo apareció en el patio interior de Mansilla 2431, en Barrio Norte.
Junto a la ventana desde la que se estiró para tajear el cable, quedó la silla metálica blanca sobre la que se paró; en un rincón del patio, el cuchillo tipo serrucho que había tomado para —posiblemente— dejar sin televisión a unos vecinos con los que se venía peleando. La autopsia reveló que el alcohol le había generado un cuadro de “incoordinación psicomotriz”. Y en el desorden del departamento no se hallaron más huellas que las de ella misma.
La investigación estuvo a cargo de Carlos Donoso Castex. El archivo de la causa propiciado por este fiscal descarta las versiones sobre un homicidio, impulsadas por la ex diputada del ARI, Graciela Ocaña, y algunos familiares de Di Natale, que —de todos modos— nunca se presentaron como querellantes en el expediente.
Según se reconstruyó, Lourdes había tenido varios incidentes con el consorcio: desde denuncias por pintarrajear los ascensores hasta episodios crónicos de música a todo volumen, lo que le valió un allanamiento de la Justicia contravencional. Otros inconvenientes personales habían determinado, además, que Di Natale perdiera la tenencia de su única hija por otra decisión judicial.
Cuando murió, faltaban pocos días para que le concedieran el primer encuentro con la nena después de once meses. Gente que la conocía declaró que, en función de eso, la depresión de Lourdes había disminuido, por lo que parecía poco probable que se hubiera suicidado. Empleados de las empresas de cable, finalmente, confirmaron que varias veces habían ido al edificio de Mansilla a reparar los cables cortajeados por la vecina del décimo piso.
Este contenido no está abierto a comentarios

