PARA LAVAGNA, EL FMI NO SABE MANEJAR LAS GRANDES CRISIS
El Gobierno difundió ayer un documento muy crítico contra el Fondo Monetario en el que remarca que el organismo “no parece estar totalmente preparado” para enfrentar una crisis como la argentina. El texto repasa las “severas equivocaciones” que cometió en el diagnóstico de la crisis que siguió a la devaluación. Y le reclama un “mayor margen de acción ” para que el país pueda implementar su política económica.
Mientras el directorio del FMI sigue dilatando la aprobación de la tercera revisión del acuerdo vigente, el Ministerio de Economía salió ayer a avivar el incendio: puso énfasis en la difusión de un documento que publicó en Internet, en el cual Roberto Lavagna y su equipo salieron a contestarle al FMI tras la autocrítica que había hecho sobre su rol en la década del 90.
Economía redobló la apuesta y puso el foco sobre la actitud del organismo a partir de enero del 2002, cuando se produjo la devaluación. El texto señala que en ese año el Fondo “incurrió en una severa equivocación en el diagnóstico de la crisis, lo que lo llevó a cometer gruesos errores de pronóstico y recomendaciones de políticas inadecuadas”.
Además, afirma que es “altamente cuestionable que el FMI imponga condicionalidades estructurales” y así “exija medidas que van más allá de las atribuciones del gobierno en un regimen republicano (por ejemplo, actos concretos del Congreso, las provincias o los tribunales)”.
La conclusión a la que llega Economía es que “el cuerpo técnico del Fondo no parece estar totalmente preparado para hacer frente a una crisis de gran magnitud”. Y por esta razón —dice— “parecería necesario dar mayor margen de acción a las autoridades nacionales para implementar las medidas de política económica necesarias”.
“Argentina, el FMI y la crisis de la deuda”, es el título del documento crítico que se divulgó ayer. Este análisis estuvo a cargo de la Dirección de Políticas Macroeconómicas, que depende del viceministro, Oscar Tangelson. “Los notables fallos de pronóstico por parte del staff estuvieron en sintonía con la falta de apoyo, o la oposición abierta a la gran mayoría de las medidas de políticas” impulsadas por el Gobierno, dice el texto.
Después de repasar la actitud del FMI ante las crisis de los países emergentes en las últimas décadas, el documento carga de lleno contra el rol del organismo en la reestructuración de la deuda argentina. Allí apunta que tanto el Fondo como el resto de los organismos financieros internacionales “no sólo no están prestando fondos frescos, sino que reclaman la reducción de su exposición crediticia”. Y enseguida, señala que esto “reduce significativamente el margen de maniobra” para llegar a un acuerdo con los acreedores.
El rol del Fondo en la reestructuración de la deuda ocupa buena parte del documento. Y se cuestiona el apoyo del organismo a los acreedores privados. “Es contradictorio declarar que no deben utilizarse fondos públicos para rescatar acreedores privados, pero en paralelo, utilizar presiones políticas para apoyar intereses privados”, señala.
Con las negociaciones empantanadas, el Gobierno parece tomar aún más distancia del Fondo. El documento reafirma la decisión de “reducir la exposición con el FMI” —es decir, achicar el monto de la deuda—, y abona esta decisión en “los pobres resultados económicos observados durante los períodos en los que se mantuvieron acuerdos con el organismo”.
De cara a la postergada aprobación de la revisión, el documento aprovecha para decir que el FMI “debería concentrarse en objetivos macroeconómicos”. Y menciona expresamente todas las metas que Argentina sobrecumplió: desempeño fiscal, tipo de cambio, metas monetarias y financieras. Pero se le pide al Fondo que se inmiscuya “lo menos posible en política económica interna”, justamente, con las metas estructurales que el país no cumplió en esta revisión.
El texto remarca que sólo deberían pedirse reformas estructurales si fueran indispensables, pero siempre debería dársele al Gobierno “flexibilidad” para implementarlas. En este sentido, menciona la insistencia del FMI con la ley de coparticipación que “termina haciéndole el juego a quienes tienen interés en oponerse a esta reforma”.
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