PARA LOS ACREEDORES, LA OFERTA ARGENTINA ES "INACEPTABLE"
Sin sorpresas. La reacción de los representantes de los tenedores de bonos y de los analistas de los bancos de inversión fue tajante y negativa ayer por la tarde en esta ciudad, luego de conocerse la propuesta de reestructuración de la deuda argentina que presentó el ministro de Economía, Roberto Lavagna, aunque todos esperan que las posiciones se flexibilicen cuando acreedores y deudores se sienten a negociar en los próximos meses.
Vicenzo Farulla, del Banco de Crédito Cooperativo de Roma, dijo que las ideas del gobierno argentino son “inaceptables”, ya que “no brindan garantía de cobro” a los bonistas afectados por el default declarado a fines de 2001 en el fugaz paso de Adolfo Rodríguez Saá como presidente.
“Los italianos van a elegir todos el bono par, pero con esto que se difundió acá no se garantiza nada; yo no puedo dar la cara ante los italianos con esta idea”, se lamentó el representante de los acreedores.
El mismo concepto fue utilizado por el presidente del grupo IGA, de ahorristas alemanes, Stefan Engelsberg. “Tuvimos una reunión muy buena con (Guillermo) Nielsen el sábado, pero esto es incomprensible”, apuntó.
Niccola Stock, de la Asociación Italiana de Bancos, dijo a LA NACION que “es imposible sentarse a negociar con un recorte del 75 por ciento, que en realidad es superior en términos reales. El viernes los bonos estaban cotizando entre 30 y 35 por ciento y ahora nos vienen a ofrecer esto”, dijo Stock con cierta indignación. Criticó también la propuesta de los bonos indexados por el crecimiento que el Gobierno incluyó en su menú de opciones. “La gente quiere una renta fija”, sentenció.
En cambio, Farulla dijo que “la idea es muy buena, pero deberían aclarar cuál es el corte para ese bono”. Farulla pidió más precisiones. “No me pueden decir que van a ser equitativos con todo el mundo cuando el FMI cobró sin quitas y nosotros ni sabemos cuánto vamos a cobrar”, se enojó.
Más tranquila, Lacey Gallagher, del Credit Suisse-First Boston, sostuvo que el plan estaba “dentro de lo esperado, aunque será mal recibido; es posible que la negociación se extienda más allá del próximo verano boreal; en ese entonces habrá más presiones por el superávit fiscal de ese año”, indicó.
Uno de sus colegas de Wall Street, que pidió hablar en forma anónima, predijo que la propuesta del gobierno argentino “no va a funcionar”, ya que “nadie cree que la Argentina sea un país tan pobre como para pagar tan poco”. El joven analista destacó la ausencia de Alfonso Prat-Gay (ver aparte), como un indicio “de la estrategia del Banco Central para despegarse de la propuesta de Lavagna”.
Por su parte, Jaime Valdivia, director del Grupo de Investigaciones Soberanas, admitió que “el mercado esperaba una quita sustancial de alrededor del 70 u 80 por ciento, pero hay que entender que esto es parte de una negociación”.
“Esta es la primera propuesta del país y luego vendrá una propuesta de los acreedores, no creo que el resultado final sea una quita del 70 por ciento, eso lo debemos entender”, subrayó. Mientras tanto, los representantes de los bancos de inversión miraron para un costado cuando el equipo económico argentino volvió a señalar el grave peso que generó el endeudamiento de la década pasada en la crisis que estalló a fines de 2001.
“La deuda externa creció a tasas importantes como consecuencia de los déficit fiscales acumulados; algunos pensaron que el endeudamiento a tasas de interés cada vez más altas podía compensar estos desajustes, pero en realidad los profundizó hasta llegar al punto más agudo de la crisis”, dijo Lavagna ante los inversores.
Aunque la mayoría de los bancos de inversión recomendó la compra de bonos argentinos hasta 2001, cuando el default ya estaba en el horizonte cercano, Lacey Galagher del Credit Suisse First Boston y Jaime Valdivia, ex analista del Morgan Stanley, rechazaron los cargos en contra del centro financiero Wall Street.
“Parece una cuestión filosófica preguntarse si la culpa del crecimiento de la deuda es del deudor o del acreedor, porque cada uno podía saber hasta cuándo era posible soportar. Es más una cuestión de los responsables de la política económica que de los bancos”, dijo Galagher.
-Pero la mayoría de los analistas hablaban bien de la Argentina hasta 2001.
-El aumento de las tasas de interés desde 1999 refleja otra reacción diferente del mercado, replicó la analista de cabello pelirrojo que trabaja en el banco que promovió el megacanje en la segunda era cavallista.
Por su parte, Jaime Valdivia señaló que “la posición fiscal de la Argentina desde principios de los 90 fue un tema recurrente, que los bancos de inversión siempre mencionaron. Había una clara conciencia de la debilidad fiscal del país aunque el problema era saber cuándo se iban a detener los flujos de inversión y eso se dio por una serie de condiciones domésticas e internacionales”, expresó.
-¿Y por qué esas dudas no se reflejaban en los reportes que les daban a sus clientes?
-No estoy de acuerdo con eso; además, si la gente no te quiere escuchar… El superávit siempre fue un problema.
Preparativos y nervios
Los preparativos en el salón Al Aweer para la presentación comenzaron temprano. A las 15.57 un mástil con la bandera argentina se colocó detrás del escenario. Unas 200 personas esperaban ansiosas desde las 15.30 el ambicioso plan de renegociación de la deuda, en una sala con capacidad para 350 sillas.
En un largo escritorio, el secretario de Coordinación, Leonardo Madcur, y el subsecretario de Financiamiento, Sebastián Palla, chequeaban si las láminas del programa Power Point funcionaban.
La primera fila estaba reservada para los funcionarios de Economía: el secretario de Política Económica, Oscar Tangelson; el representante argentino ante el Banco Mundial, Alieto Guadagni y el director de la oficina de Organismos Internacionales, Gerardo Hita, entre otros.
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A las 16 llegó el vicepresidente de la Reserva Federal de Nueva York, Terrence Checki, uno de los funcionarios más influyentes del sistema financiero de los Estados Unidos. Diez minutos más tarde ingresaron Lavagna y Guillermo Nielsen, con trajes y corbatas oscuras, y se sentaron junto a Palla y Madcur.
Se percibía un clima de nervios hasta que el jefe de prensa del Ministerio de Economía, Armando Torres, anunció el inicio del encuentro, a las 16.15. Entonces, comenzó una de las ceremonias más esperadas por la comunidad financiera internacional. En una de las últimas filas estaba el vicepresidente del Banco Central, Pedro Lacoste. Sin embargo, por un encuentro con los inversores, el presidente de la entidad, Alfonso Prat-Gay, no se hizo presente. Al respecto, las especulaciones comenzaron en forma inmediata, aunque luego ambos cenaron juntos en una comida oficial.
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